Lluvias salvan presas de Michoacán: almacenan 53.4%

Las recientes precipitaciones elevaron el nivel de las 24 presas más importantes del estado, pero la bonanza hídrica no

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Lo que debes de saber

  • Las 24 presas de Michoacán alcanzaron un almacenamiento promedio del 53.4%, según la CEAC.
  • La presa Cointzio, que abastece al 60% de Morelia, está al 73.4% de su capacidad.
  • A nivel nacional, las 210 presas principales pasaron de 44% a 50% de llenado entre junio y agosto.
  • El Sistema Cutzamala supera en 28.3% su nivel respecto a 2024, pero sigue lejos de su capacidad máxima.
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Tomado de: Esteesmichoacan

El respiro que llegó con el agua

Después de meses de sequía y miradas al cielo, las lluvias de 2025 le dieron un respiro a Michoacán. Según el reporte más reciente de la Comisión Estatal del Agua y Gestión de Cuencas (CEAC), las 24 presas más importantes del estado registran un almacenamiento promedio del 53.4%. La noticia, reportada por Esteesmichoacan, suena a alivio en una entidad que depende del agua para su economía agrícola y para el consumo de millones de personas. Pero, como siempre, el diablo está en los detalles.

La joya de la corona es la presa Cointzio, que abastece a más del 60% de la capital moreliana. Con un nivel del 73.4% y 37.3 millones de metros cúbicos almacenados, la CEAC lo califica como «positivo». Y lo es, si lo comparamos con los niveles críticos de años anteriores. Sin embargo, que una presa clave esté a tres cuartos de su capacidad no debería ser motivo para echar las campanas al vuelo, sino para preguntarnos: ¿qué pasa cuando no llueve? Porque en Michoacán, como en gran parte del país, la gestión del agua sigue siendo más reactiva que preventiva.

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Tomado de: Quadratin

Las regiones que se salvaron (y las que no tanto)

El reporte de la CEAC, retomado por Quadratín, detalla que en la región Lerma, la presa Jaripo supera el 80% de almacenamiento, mientras que Tuxtepec alcanza el 62.3% y Melchor Ocampo apenas llega al 47%. En el Balsas, La Villita presume un 94.3%, seguida de Sabaneta con 77% e Infiernillo con 53.2%. Estos números permiten irrigar más de 75 mil hectáreas en el Lerma y 40 mil en el Balsas, cultivos que van desde el maíz y el sorgo hasta el aguacate, la zarzamora, el limón y la papaya. O sea, la canasta básica y el producto estrella de exportación están garantizados, al menos por ahora.

«Las lluvias recientes han contribuido de manera significativa al incremento en los niveles de almacenamiento, lo que refuerza la disponibilidad del recurso hídrico en el estado», señaló la CEAC en su informe, citado por Esteesmichoacan.

Pero ojo: que haya agua hoy no significa que el problema esté resuelto. La variabilidad climática es cada vez más extrema, y depender de que llueva para llenar las presas es como esperar a que el semáforo se ponga verde para arrancar: funciona, pero no es una estrategia de manejo.

El contexto nacional: mejor que 2024, pero insuficiente

Michoacán no es una isla. A nivel nacional, la Conagua reportó que las 210 presas principales del país pasaron de un promedio de 44% a principios de junio a un 50% al 10 de agosto, según Nacion321. Esto representa 63 mil 029 millones de metros cúbicos almacenados. De esas presas, 27 están al 100%, 65 entre 75 y 100%, y 56 entre 50 y 75%. El Sistema Cutzamala, que tanto dolor de cabeza ha dado, se ubica en 64.8%, superando en 28.3% el nivel de la misma fecha en 2024.

Las lluvias acumuladas entre enero y agosto de 2025 fueron de 386.8 milímetros, apenas 1.4% por encima del promedio histórico. Es decir, no es que haya llovido como en los viejos tiempos; es que el año pasado fue tan seco que cualquier cosa parecía una mejora. Y aunque la Jornada también reportó el aumento en las 24 presas de Michoacán, el dato que debería preocuparnos es que, a pesar de las lluvias, el almacenamiento nacional sigue apenas en la mitad de la capacidad total.

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Tomado de: Nacion321

¿Y después de la tormenta?

El problema de fondo no es cuánta agua cayó, sino qué hacemos con ella. Michoacán tiene un promedio estatal del 53.4%, pero eso es un promedio: mientras La Villita está a reventar, otras presas como Melchor Ocampo apenas arañan la mitad. La distribución del recurso sigue siendo desigual, y la infraestructura para captar y distribuir el agua, en muchos casos, es obsoleta o insuficiente. Las autoridades, según los reportes, «subrayan la importancia de continuar con el monitoreo permanente», pero el monitoreo sin acción es como tener un termómetro y no tomar medicina cuando tienie fiebre.

La buena noticia es que, por ahora, hay agua para riego y consumo. La mala es que, si no aprendemos a gestionarla mejor, el próximo año podríamos estar otra vez con la misma angustia, esperando que el cielo nos salve. Y como dice el refrán: a río revuelto, ganancia de pescadores. Pero cuando el río se seca, no queda ni para un vaso de agua.


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