La complicidad en México: del amor al narco

Dos caras de la misma moneda: la complicidad como pacto tácito que sostiene desde canciones hasta el crimen organizado.

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Lo que debes de saber

  • La complicidad es un tema recurrente en la cultura mexicana, desde el amor hasta el crimen organizado.
  • Una canción de Kurt y Willy Rodríguez celebra la complicidad como comprensión mutua.
  • Elena Poniatowska critica la complicidad de las madres con el narco, señalando su silencio como encubrimiento.
  • Ambos textos revelan cómo la complicidad puede ser tanto un lazo afectivo como una cadena de responsabilidad.
Imagen de Jornada
Tomado de: Jornada

La complicidad como moneda de dos caras

En México, la palabra «complicidad» se ha vuelto un comodín que lo mismo sirve para describir el entendimiento entre dos amantes que para señalar el pacto tácito que mantiene vivo al crimen organizado. La Jornada nos presenta dos caras de esta moneda: por un lado, la colaboración musical entre Kurt y Willy Rodríguez, que celebra la complicidad como un acto de comprensión profunda; por el otro, la dura crítica de Elena Poniatowska a las madres que «fingen no saber en lo que andan sus hijos». Ambas historias hablan de pactos no escritos, de silencios que hablan más que las palabras, pero mientras una nos invita a bailar, la otra nos obliga a mirar al abismo.

El amor que se entiende sin palabras

La canción «Nadie nos entiende» de Kurt y Willy Rodríguez es, según sus autores, un himno a la complicidad amorosa. En la entrevista con La Jornada, Kurt describe la colaboración como algo natural, casi inevitable: «Lo veo como si en el mismo salón fuéramos amigos. Como si hubiéramos hecho un plan después de la escuela». La canción, que nació en plena pandemia, se convirtió en un puente entre México y Puerto Rico, demostrando que la distancia física no es obstáculo cuando hay entendimiento. Pero lo interesante es que ambos músicos reconocen que la complicidad no es solo emoción, sino también un acto de comprensión que implica riesgo: «Entendí que a Willy no toda la gente lo había comprendido», confiesa Kurt, sugiriendo que la complicidad también es una forma de protección mutua contra un mundo que no entiende.

«Me fui en la búsqueda de cómo aportar, y me gustó lograr la idea. Quería abordar cómo la gente necesita probar todo por medio de la ciencia y los cálculos para hacerlo real, y a veces se olvidan de vivir lo que se siente.» — Willy Rodríguez, citado por La Jornada

El silencio que mata

En el extremo opuesto del espectro, la escritora Elena Poniatowska analiza en La Jornada la novela «Demasiado odio» de Sara Sefchovich, que arremete contra «la moral de las madrecitas mexicanas, las jefas de familia que fingen no saber en lo que andan sus hijos». Aquí la complicidad ya no es un abrazo, sino una cadena que ata a las madres al destino violento de sus hijos. Poniatowska escribe: «Nuestro envilecimiento va a la par con el del hijo, su violencia es la nuestra, su atropello es también una inclinación que hemos cultivado». La complicidad, en este contexto, es un pacto de silencio que permite que el narco opere con la bendición tácita de quienes deberían ser los primeros en denunciar. La autora va más allá y sugiere que sin esa complicidad materna, «el ‘narco’ bajaría», una afirmación tan provocadora como incómoda.

El hilo invisible que une ambas historias

Lo fascinante de estos dos textos es que, aunque hablan de realidades opuestas, comparten una misma estructura: la complicidad como un pacto tácito que define relaciones. En la canción, el pacto es explícito y celebrado; en la novela, es negado y destructivo. Pero en ambos casos, la complicidad implica una elección: elegir entender al otro, o elegir no ver lo que el otro hace. La diferencia radica en las consecuencias. Mientras la complicidad amorosa de Kurt y Willy genera arte y conexión, la complicidad silenciosa de las madres genera violencia y muerte. ¿Dónde está la línea que separa una complicidad sana de una cómplice? Quizá en la responsabilidad: en la canción, ambos músicos son conscientes de su pacto; en la novela, las madres «fingen no saber», un acto de negación que las convierte en parte del problema.

La complicidad como espejo de la sociedad mexicana

Más allá de lo artístico, estos dos textos de La Jornada nos obligan a preguntarnos: ¿qué tipo de complicidades estamos normalizando? En un país donde el crimen organizado se ha infiltrado en todos los niveles de la sociedad, desde los gobiernos locales hasta las familias, la línea entre la complicidad afectiva y la complicidad criminal se vuelve borrosa. La canción de Kurt y Willy nos recuerda que la complicidad puede ser hermosa cuando se basa en la transparencia y el respeto. Pero la novela de Sefchovich, analizada por Poniatowska, nos advierte que la misma capacidad de «entenderse sin palabras» puede convertirse en un pacto de silencio que perpetúa la impunidad. Al final, la pregunta no es si somos cómplices, sino de qué somos cómplices y por qué.


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