Alto al fuego en Líbano: ataques no cesan

Israel y Hezbolá siguen intercambiando misiles mientras la diplomacia intenta, sin éxito, detener la masacre.

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Lo que debes de saber

  • Israel y Hezbolá intercambian ataques a pesar de que un alto al fuego está en vigor.
  • El primer ministro libanés acusa a Israel de aplicar una política de ‘tierra quemada’.
  • Estados Unidos amenaza con reanudar la guerra si no hay acuerdo con Irán.
  • La tregua en Líbano contrasta con la guerra en Gaza, que no tiene fin a la vista.
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Tomado de: Dw

La tregua que nadie respeta

Si algo ha quedado claro en los últimos meses es que un alto al fuego en Medio Oriente vale lo mismo que un boleto de lotería caducado. Según reporta DW, Israel volvió a bombardear el sur de Líbano este sábado, mientras su ejército sigue avanzando en territorio libanés, todo esto a pesar de que, en teoría, hay un cese al fuego en vigor. No es que falten acuerdos; lo que sobran son ganas de cumplirlos. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, ya denunció que Israel aplica una política de tierra quemada, destruyendo ciudades y forzando al éxodo a sus habitantes. Y mientras tanto, Hezbolá responde con misiles. La pregunta es: ¿para qué firmar un papel si nadie piensa respetarlo?

«El primer ministro libanés Nawaf Salam acusó a Israel de aplicar ‘una política de tierra quemada’ en Líbano y de ‘destruir ciudades y pueblos y forzar al éxodo a sus habitantes’, lo que ‘no le aportará ni seguridad ni estabilidad’.» — DW

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Tomado de: Observatorio Cisde Es

La diplomacia como cortina de humo

Mientras los misiles cruzan la frontera, los diplomáticos se reúnen en Washington y Beirut. Observatorio Cisde Es reporta que Líbano y Hezbolá aceptaron una propuesta de alto al fuego estadounidense, descrita como el esfuerzo más serio hasta la fecha. Pero los mismos diplomáticos advierten que quedan detalles por pulir. Detalles como, por ejemplo, que los bombardeos no cesen. Es como si un médico le dijera a un paciente que la cirugía fue exitosa mientras el paciente sigue sangrando. La tregua en Líbano, anunciada con bombo y platillo por Joe Biden, prometía un cese permanente de hostilidades, pero en la práctica es un chiste de mal gusto. Más de 100 aviones de combate israelíes atacaron miles de lanzacohetes de Hezbolá, según Esrt Space, y el grupo chiita respondió con más de 300 misiles. La diplomacia avanza, pero las bombas también.

El doble rasero de la comunidad internacional

No deja de ser curioso que se logre un alto al fuego en Líbano mientras la guerra en Gaza sigue su curso sin un armisticio a la vista. BBC señala que desde el 7 de octubre de 2023, Israel libra una guerra en dos frentes: contra Hezbolá en Líbano y contra Hamás en Gaza. La pregunta es obvia: ¿por qué sí se puede negociar con unos y con otros no? La respuesta, aunque incómoda, es política. Hezbolá es un actor estatal-no estatal con el que se puede negociar un statu quo, mientras que Hamás representa una amenaza existencial diferente para Israel. Pero para los civiles libaneses que ven sus casas destruidas, esta distinción académica no sirve de nada. Cinco personas murieron en un ataque en el barrio de Zuqaq al-Blat, donde tiene su sede el gobierno libanés, según el Ministerio de Sanidad libanés. La tregua no llega a tiempo para ellos.

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Tomado de: Bbc

El bloqueo como arma de guerra

Y mientras tanto, Estados Unidos no solo media, sino que también actúa. DW reporta que las fuerzas armadas estadounidenses inutilizaron un carguero con bandera de Gambia que intentaba llegar a un puerto iraní, disparándole un misil contra la sala de máquinas. El Centcom afirmó que el buque no respondió a más de 20 advertencias. Hasta ahora, Estados Unidos ha inmovilizado cinco buques comerciales y redirigido 116 para hacer cumplir el bloqueo contra Irán. La amenaza es clara: si no hay acuerdo con Irán, la guerra se reanuda. Es como si el sheriff llegara al pueblo y dijera: «O firman la paz, o les vuelo el rancho». El problema es que el rancho ya está ardiendo.

La guerra como negocio

En medio de todo este caos, hay un dato que pocos mencionan: la guerra es un negocio redondo para la industria armamentista. Mientras los misiles vuelan, las acciones de las empresas de defensa suben. Israel recibe miles de millones de dólares en ayuda militar de Estados Unidos, y Hezbolá recibe financiamiento de Irán. Los únicos que pierden son los civiles. Una mujer israelí murió cuando un cohete alcanzó un edificio en Shfaram, en el norte del país, y seis personas resultaron heridas por metralla en un suburbio de Tel Aviv. En Líbano, los muertos se cuentan por decenas. La tregua, si es que alguna vez existió, es solo un respiro entre dos rondas de bombardeos. Mientras haya dinero de por medio, la paz será una quimera.

La pregunta final es: ¿cuánto tiempo más puede durar esta farsa? La diplomacia avanza, los misiles caen, los civiles mueren, y los políticos hablan. El alto al fuego en Líbano es un espejismo en el desierto de Medio Oriente. Y mientras todos miran hacia otro lado, la guerra sigue su curso, imparable, como un tanque sin frenos.


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