Trump y sus aranceles: el cuento del tributo que nadie paga

Entre la ficción del 'país paga' y la realidad de que el consumidor estadounidense termina asumiendo la factura, la estr

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Lo que debes de saber

  • Trump afirma que los aranceles los pagan los países exportadores, pero los economistas y la evidencia muestran que los pagan los importadores estadounidenses y, en última instancia, los consumidores.
  • El corresponsal de The Independent confrontó a Trump en la Oficina Oval, quien evadió la pregunta y repitió su versión incorrecta.
  • Australia, a pesar de ofrecer un acuerdo en minerales críticos, estuvo a punto de recibir un arancel del 20%, lo que muestra la imprevisibilidad de la política comercial de Trump.
  • La nueva tasa global del 10% anunciada en 2026 busca reemplazar los aranceles declarados ilegales por la Corte Suprema, evidenciando los límites legales de su estrategia.
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Tomado de: Dnyuz

El arte de la evasión arancelaria

Donald Trump tiene una relación peculiar con los hechos, pero con los aranceles es casi poética. Durante una reunión en la Oficina Oval con el primer ministro británico Keir Starmer, el corresponsal de The Independent, Andrew Feinberg, le preguntó directamente: ‘Usted acaba de decir: “Les cobramos a ellos”, como en “Le cobramos a China”. Pero los aranceles los pagan finalmente los importadores y consumidores estadounidenses.’ La respuesta de Trump fue un clásico: ‘No, no es así. Creo que los paga el país.’ No hubo datos, no hubo argumentos, solo la repetición de una idea que, aunque falsa, se ha convertido en el mantra de su política comercial.

El problema no es menor. Trump ha caracterizado los aranceles como un ‘tributo’ que las naciones extranjeras pagan por el privilegio de acceder al mercado estadounidense. Como señaló Feinberg en MSNBC, ‘Por supuesto, esto no es verdad, y lo ha estado diciendo durante años’. La realidad es más prosaica: las empresas que importan bienes, desde gigantes como Target hasta pequeñas tiendas de electrodomésticos, pagan el impuesto y, casi siempre, lo trasladan al precio final. Como lo resumió Lawrence O’Donnell: ‘Los aranceles son impuestos a las ventas, eso es todo. Y el comprador paga el impuesto a las ventas’.

“Tariffs are sales taxes, that’s all they are. And the buyer pays the sales taxes.” — Lawrence O’Donnell, MSNBC

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Tomado de: Bbc

El baile de las negociaciones: amigos y enemigos

Mientras Trump insiste en su narrativa, el mundo real de las negociaciones comerciales muestra un panorama más complejo. Australia, un aliado histórico de Estados Unidos, vivió en carne propia la volatilidad de la Casa Blanca. Según relata The Sydney Morning Herald, el embajador Kevin Rudd había negociado una posible exención arancelaria a cambio de un acuerdo en minerales críticos, esenciales para la defensa y la tecnología. ‘Parecía prometedor, hubo respuestas positivas’, dijo el ministro de Comercio australiano, Don Farrell. Pero días después, ‘no devolvían nuestras llamadas’. Australia se preparó para un arancel del 20%.

El caso australiano no es aislado. La BBC documenta que Trump ha utilizado diferentes leyes para imponer aranceles a países y productos específicos, y que muchos de ellos han sido modificados, retrasados o cancelados. La nueva tasa global del 10%, anunciada en febrero de 2026, busca reemplazar los aranceles que la Corte Suprema declaró ilegales el año anterior. Es decir, la estrategia arancelaria de Trump no solo es económicamente cuestionable, sino que también ha enfrentado límites legales. El presidente argumenta que los aranceles aumentan la recaudación, fomentan la compra de productos estadounidenses y reducen el déficit comercial. Los críticos responden que han elevado los precios para los consumidores y dañado la economía global.

El costo real: ¿quién paga la cuenta?

La pregunta que Feinberg hizo en la Oficina Oval no era capciosa, sino fundamental. Si los aranceles los pagan los países exportadores, como insiste Trump, entonces no habría inflación interna. Pero la evidencia apunta en dirección contraria. Un estudio del Banco de la Reserva Federal de Nueva York estimó que los aranceles de 2018-2019 se trasladaron casi por completo a los precios estadounidenses. La historia se repite: cuando Trump impuso un arancel del 25% al acero y al aluminio, los fabricantes nacionales aumentaron sus precios, y los consumidores pagaron más por autos, lavadoras y latas de cerveza. El ‘tributo’ que Trump celebra no llega del extranjero; sale del bolsillo de los votantes que lo apoyan.

La ironía es que, mientras Trump promete proteger al trabajador estadounidense, sus políticas terminan encareciendo los productos que ese mismo trabajador compra. Y no solo eso: la incertidumbre generada por sus constantes cambios de rumbo —como el que vivió Australia— desalienta la inversión y complica las cadenas de suministro. Como señala la BBC, Trump ha usado los aranceles para perseguir su agenda política: desde presionar a México y Canadá por el fentanilo hasta amenazar a Irán por las protestas. Pero el resultado concreto es un sistema comercial más impredecible y costoso.

Al final, la pregunta que dejó O’Donnell flotando en el aire es la más incómoda: ‘La triste verdad es que no sabemos si Donald Trump es tan profundamente estúpido que cree lo que dice, o si sabe que está mintiendo a los votantes estadounidenses’. Cualquiera que sea la respuesta, el costo lo pagan todos.


Fuentes consultadas:

Imagen de Independent Co Uk
Tomado de: Independent Co Uk

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