Lo que debes de saber
- Juan de Dios Gámez pidió licencia como alcalde de Culiacán el 1 de mayo de 2026, horas después de que el gobernador Rubén Rocha Moya hiciera lo propio.
- Ana Miriam Ramos Villarreal asume como presidenta municipal provisional, en un movimiento que busca dar continuidad al proyecto de Morena en la capital sinaloense.
- La licencia de Gámez se da en medio de la crisis política desatada por el caso judicial contra Rocha Moya, que ha sacudido al gobierno estatal.
- El Cabildo de Culiacán aprobó la licencia por unanimidad, pero las dudas sobre las verdaderas razones detrás de la salida del alcalde persisten.

El efecto dominó que nadie quiere ver
El 1 de mayo de 2026 será recordado como el día en que el gobierno de Sinaloa comenzó a tambalearse. Primero fue el gobernador Rubén Rocha Moya quien solicitó licencia a su cargo, envuelto en un proceso judicial que ha puesto contra las cuerdas a su administración. Horas después, como si se tratara de una pieza de dominó cuidadosamente colocada, el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, hizo lo mismo. Milenio reportó que la solicitud fue presentada ante el Cabildo y aprobada por unanimidad, dejando a la capital sinaloense en manos de una presidenta municipal interina.
La pregunta que flota en el aire, densa como el calor de mayo en Culiacán, es si esta licencia es un acto de congruencia política o una huida hacia adelante. Gámez, quien llegó a la alcaldía como parte de la ola de Morena que arrasó en 2024, ha sido un operador cercano a Rocha. Su salida, tan sincronizada con la del gobernador, no puede leerse como una coincidencia inocente. Es, más bien, el reconocimiento tácito de que el piso se está moviendo y que, en política, cuando el barco se hunde, los primeros en saltar son los que están más cerca del capitán.
Ana Miriam Ramos: la carta de continuidad
Con la salida de Gámez, el Cabildo de Culiacán nombró a Ana Miriam Ramos Villarreal como presidenta municipal provisional. Milenio detalla que Ramos es una política de carrera dentro de Morena, con experiencia en el Congreso local y una trayectoria que la perfila como una figura de consenso. Su nombramiento busca, en teoría, garantizar la gobernabilidad y la continuidad de los proyectos en marcha en la capital sinaloense.
Sin embargo, el mensaje que envía es contradictorio. Por un lado, se dice que todo está bajo control, que las instituciones funcionan y que la transición será tersa. Por el otro, la realidad es que en menos de 24 horas, Sinaloa perdió a su gobernador y al alcalde de su ciudad más importante. Es como si el capitán y el primer oficial hubieran abandonado el barco al mismo tiempo, dejando a la tripulación con la promesa de que todo va a estar bien. Ejecentral señala que la licencia de Gámez se da «tras caso Rocha Moya», lo que confirma que el origen del terremoto político está en el proceso judicial contra el gobernador.
¿Qué hay detrás de la licencia?
La versión oficial es que Gámez pidió licencia por «motivos personales», una fórmula tan gastada en la política mexicana que ya debería venir con advertencia sanitaria. Pero los hechos son tozudos: la solicitud se presentó horas después de que Rocha Moya hiciera lo propio, en medio de un escándalo judicial que ha destapado presuntos vínculos entre el gobierno estatal y el crimen organizado. El gobernador enfrenta acusaciones que, de confirmarse, sacudirían los cimientos del poder en Sinaloa.
En este contexto, la salida de Gámez puede interpretarse como una medida preventiva. Si el caso contra Rocha escala y salpica a su círculo cercano, el alcalde preferirá estar fuera del reflector. O, en un escenario más cínico, la licencia podría ser el primer paso para que Gámez se deslinde de un gobierno que empieza a oler a quemado. Sea cual sea la razón, lo que queda claro es que la política en Sinaloa ha entrado en una fase de alta volatilidad, donde las lealtades se ponen a prueba y las salidas estratégicas se vuelven moneda corriente.
«La licencia de Gámez, tan sincronizada con la del gobernador, no puede leerse como una coincidencia inocente. Es el reconocimiento tácito de que el piso se está moviendo.»
El costo de la crisis
Más allá de las especulaciones, hay un dato que no se puede ignorar: la ciudad de Culiacán queda en manos de una administración interina en un momento crítico. La capital sinaloense ha sido escenario de una escalada de violencia que no da tregua, con enfrentamientos entre grupos del crimen organizado que han dejado decenas de muertos en los últimos meses. La salida del alcalde, justo cuando la ciudad necesita liderazgo y decisiones firmes, manda una señal peligrosa: la de un gobierno que prioriza la supervivencia política sobre la gobernabilidad.
Ana Miriam Ramos tendrá que demostrar que está a la altura del desafío. Su nombramiento es, en el mejor de los casos, un voto de confianza. En el peor, una apuesta desesperada por mantener la fachada de normalidad mientras el edificio político se resquebraja. Lo que está en juego no es solo el futuro de Morena en Sinaloa, sino la capacidad del Estado para garantizar seguridad y certidumbre a sus ciudadanos.
La historia de las licencias en la política mexicana está llena de ejemplos de políticos que se fueron para no volver. Algunos regresaron después de que la tormenta pasara; otros, simplemente desaparecieron del mapa. Juan de Dios Gámez tendrá que decidir si su futuro está en la alcaldía o si, como su jefe político, prefiere esperar a que el polvo se asiente desde la comodidad de una licencia. Mientras tanto, Culiacán espera, y la incertidumbre crece.
Fuentes consultadas:
- Milenio – Juan de Dios Gámez Mendívil pide licencia temporal como alcalde de Culiacán
- Ejecentral – Alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, pide licencia tras caso Rocha Moya: ¿Quién asume el cargo?
- Milenio – ¿Quién es Ana Miriam Ramos Villarreal, la nueva alcaldesa de Culiacán que sustituye a Mendívil?


