Lo que debes de saber
- EE.UU. imputó a Raúl Castro por asesinato, conspiración y destrucción de aeronaves por el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate en 1996.
- La acusación se suma a la que ya pesa sobre Nicolás Maduro por narcoterrorismo, con una recompensa de 15 millones de dólares.
- Cuba calificó la imputación como una ‘acción política’ sin basamento jurídico, mientras que la OACI dictaminó que el derribo ocurrió en aguas internacionales.
- El caso revive tensiones históricas entre Washington y La Habana, en un momento de máxima presión de la administración Trump contra el castrismo.

30 años después, la factura llega
El Departamento de Justicia de Estados Unidos imputó este miércoles al expresidente cubano Raúl Castro por los delitos de asesinato, conspiración para matar a estadounidenses y destrucción de aeronaves. La acusación, presentada en el tribunal federal del Distrito Sur de Florida, se remonta al 24 de febrero de 1996, cuando dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate fueron derribadas por la Fuerza Aérea cubana. En ese entonces, Castro era ministro de las Fuerzas Armadas. Cuatro personas murieron: tres cubano-estadounidenses y un cubano residente legal en EE.UU. La noticia, reportada por Dw, llega tres décadas después del incidente, cuando el exmandatario tiene 94 años y su salud es un misterio de Estado.
La acusación formal también incluye a otros militares cubanos presuntamente involucrados en el derribo. En su momento, el gobierno cubano alegó que las aeronaves estaban en su espacio aéreo y que los aviadores eran «terroristas». Sin embargo, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) dictaminó que el incidente ocurrió en aguas internacionales. El fiscal general interino de EE.UU., Todd Blanche, fue contundente: «Si matas estadounidenses, te perseguiremos«. La frase suena a amenaza, pero también a promesa cumplida, aunque con un retraso de tres décadas que invita a preguntarse: ¿por qué ahora?
«Tampoco olvidamos a las familias, a los seres queridos y a los amigos que han cargado con el dolor y la pena durante 30 años», añadió el procurador Todd Blanche, según Dw.

El fantasma de Maduro y la estrategia de la Casa Blanca
La imputación contra Raúl Castro no ocurre en el vacío. Es la misma jugada legal que Washington usó contra Nicolás Maduro en 2020, cuando lo acusó de «narcoterrorismo» y ofreció 15 millones de dólares por información que llevara a su arresto. En aquel entonces, el fiscal general Bill Barr señaló a Maduro como líder del Cartel de los Soles, una organización que, según la acusación, envió entre 200 y 250 toneladas de cocaína a Estados Unidos con la protección del gobierno venezolano. Elpais Com Co documentó que la acusación incluía a Diosdado Cabello y a otros altos funcionarios chavistas, y que la recompensa por Maduro seguía vigente.
La diferencia es que Maduro sigue en el poder, mientras que Raúl Castro está retirado y con 94 años. Pero la estrategia es la misma: usar el sistema judicial estadounidense como herramienta de presión política. En el caso de Maduro, la acusación no logró derrocarlo, pero sí aislarlo aún más. En el de Castro, el simbolismo es enorme: es la primera vez que un expresidente cubano es imputado formalmente por un tribunal de EE.UU. El gobierno cubano, a través de su presidente Miguel Díaz-Canel, calificó la acusación como una «acción política» sin «basamento jurídico». Y no le falta razón: el derecho internacional suele chocar con la jurisdicción extraterritorial que EE.UU. se arroga.
¿Justicia o teatro geopolítico?
Lo interesante de esta doble acusación —Castro y Maduro— es que ambas ocurren bajo la administración de Donald Trump, quien ha hecho de la lucha contra el castrismo y el chavismo una bandera personal. La imputación contra Castro se anunció en medio de la creciente presión de la Casa Blanca contra la isla, que incluye sanciones económicas, restricciones de viaje y ahora cargos penales. Pero hay un detalle que no se puede pasar por alto: el recuerdo de la captura de Nicolás Maduro a principios de año, según menciona Dw. Aunque no se ha aclarado cómo ejecutarían una operación para capturar a Castro, la amenaza está sobre la mesa.
Para las familias de las víctimas de Hermanos al Rescate, la imputación puede ser un alivio tardío. Pero para el resto del mundo, la pregunta es si esto es justicia o un acto de teatro geopolítico. La OACI ya dictaminó que el derribo fue ilegal, y nadie discute que los cuatro aviadores murieron injustamente. Pero el timing —30 años después, cuando Castro es un anciano— huele más a venganza política que a búsqueda de justicia. Sobre todo cuando la misma administración que acusa a Castro por un incidente de 1996 no ha rendido cuentas por violaciones de derechos humanos más recientes, como las de Guantánamo o las ejecuciones extrajudiciales en otros países.
Lo que no se dice: el doble rasero
La acusación contra Raúl Castro y la que pesa sobre Maduro revelan un patrón: EE.UU. usa su sistema judicial para perseguir a líderes que considera enemigos, pero rara vez aplica el mismo rasero con aliados. ¿Cuántos presidentes latinoamericanos han sido cómplices de violaciones de derechos humanos sin enfrentar cargos en tribunales estadounidenses? La lista es larga. Mientras tanto, Cuba y Venezuela siguen siendo los villanos favoritos de Washington, y las acusaciones penales son el nuevo capítulo de una guerra que empezó hace décadas.
El caso de Castro, además, revive el debate sobre la jurisdicción universal y la extraterritorialidad de las leyes estadounidenses. Si un tribunal en Florida puede juzgar a un expresidente cubano por hechos ocurridos en aguas internacionales, ¿qué impide que otros países hagan lo mismo con líderes estadounidenses? La respuesta es simple: el poder. EE.UU. puede imponer su ley porque tiene la fuerza para hacerlo. Pero eso no significa que sea justo.
Al final, lo que queda es una sensación agridulce: por un lado, las familias de las víctimas merecen justicia, y quizás esta imputación sea un paso en esa dirección. Por otro, el timing y el contexto político hacen que todo parezca una cortina de humo para desviar la atención de problemas internos o para reforzar la narrativa de «lucha contra el comunismo» que tanto rédito electoral le ha dado a Trump. Mientras tanto, Raúl Castro, a sus 94 años, probablemente nunca pise una corte en Miami. Pero la acusación ya cumplió su objetivo: recordarle al mundo que, para Washington, la justicia es un arma más.


