Canal de Panamá cobra 4 mdd por saltarse la fila: el negocio de la guerra

La crisis en el estrecho de Ormuz disparó la demanda del canal, que ahora subasta cupos a precios récord. La pregunta es

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Lo que debes de saber

  • Una naviera pagó 4 millones de dólares en una subasta para cruzar el Canal de Panamá sin esperar turno, según confirmó su administrador.
  • El tránsito por el canal aumentó 11% desde el inicio de la guerra en Irán, con picos de hasta 20% en días de mayor demanda.
  • Las lluvias inusualmente intensas permitieron al canal operar hasta 41 tránsitos diarios, frente a los 24 durante la sequía de 2023-2024.
  • Mientras el canal se forra, el consumidor final terminará pagando el sobrecosto del transporte marítimo.
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Tomado de: Xataka

El Canal de Panamá se convirtió en el salvavidas del comercio global

Cuando el estrecho de Ormuz se cerró virtualmente tras los ataques del 28 de febrero, el mundo del transporte marítimo entró en pánico. Por esa angosta vía pasaba aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado. De la noche a la mañana, los buques tuvieron que buscar rutas alternativas. Y ahí apareció el Canal de Panamá, como el plan B que nadie había contemplado con tanta urgencia. Según reportó Xataka, el administrador del canal, Ricaurte Vásquez Morales, confirmó que una empresa naviera llegó a pagar 4 millones de dólares en una subasta únicamente para saltarse la fila y cruzar la vía interoceánica lo antes posible. No es un error de dedo: cuatro millones de dólares por no esperar turno.

El mecanismo es simple pero brutalmente efectivo. El canal tiene un sistema de subasta de cupos para las empresas que no tienen un turno reservado. En tiempos normales, esas subastas generan ingresos adicionales, pero nada comparable a lo que está ocurriendo ahora. BBC Mundo documentó que las tarifas por cruzar el canal se han duplicado en algunos casos, y que un buque gasero llegó a pagar esa cifra récord. La demanda es tan alta que el canal registró 6.288 tránsitos entre octubre de 2025 y marzo de 2026, 224 más que en el mismo periodo del año anterior, según datos presentados ante Bank of America Merrill Lynch.

«El conflicto y la inseguridad en Ormuz han obligado a desviar rutas y a buscar alternativas seguras», explicó a BBC Mundo Eduardo Lugo, presidente de Maritime & Logistics Consulting Group.

La naturaleza también juega a favor del negocio

Pero el Canal de Panamá no solo ha tenido suerte con la guerra. También la ha tenido con el clima. La administradora adjunta del canal, Ilya Espino de Marotta, explicó a CNN que unas lluvias inusualmente intensas durante la temporada seca han mantenido los lagos Gatún y Alhajuela en niveles máximos. Esto ha permitido gestionar entre 40 y 41 tránsitos diarios, frente al promedio habitual de 36. Una recuperación notable si se recuerda que durante la sequía de El Niño entre 2023 y 2024, los tránsitos diarios llegaron a caer hasta 24. «El Canal de Panamá está abierto y en pleno funcionamiento», aseguró Vásquez Morales, citado por RTVE. «En medio de todas las complejidades geopolíticas del mundo actual, el Canal de Panamá permanece abierto y fiable».

La combinación de guerra y lluvias ha convertido al canal en una máquina de hacer dinero. Pero aquí viene la parte incómoda: mientras el canal se forra, el consumidor final terminará pagando el sobrecosto del transporte marítimo. Las navieras no van a absorber esos 4 millones de dólares adicionales por cruce. Esa factura se traduce en precios más altos para los productos que llegan a los puertos de todo el mundo, desde combustibles hasta mercancías en contenedores. En otras palabras, la guerra en Irán no solo está beneficiando a las empresas armamentísticas y a los bancos de inversión, como señala BBC Mundo, sino también a una infraestructura que, sin mover un dedo, está cobrando peajes récord.

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Tomado de: Bbc

¿Quién regula el precio de la urgencia?

El sistema de subasta del Canal de Panamá no es nuevo, pero la crisis actual ha expuesto su lado más salvaje. Cuando la demanda se dispara, el precio lo pone el mercado, y el mercado está dispuesto a pagar lo que sea por no perder días de navegación. Un buque que espera turno puede perder miles de dólares por hora en costos operativos, seguros y penalizaciones por retraso. Pagar 4 millones por cruzar en 8 horas puede ser más barato que esperar tres días. La lógica es implacable, pero también revela una desigualdad profunda: solo las empresas más grandes y con más liquidez pueden acceder a ese privilegio. Las pequeñas navieras, que no pueden competir en esas subastas, quedan relegadas al fondo de la fila, con todos los costos que eso implica.

El aumento del 11% en el tránsito general, con picos del 20%, no es una bendición caída del cielo. Es la consecuencia directa de un conflicto que ha desestabilizado una de las rutas comerciales más importantes del planeta. Y aunque el Canal de Panamá se presenta como una solución confiable, su capacidad sigue siendo limitada. Por más lluvias que caigan, no puede duplicar sus tránsitos de la noche a la mañana. La infraestructura tiene un techo, y cuando se alcanza, los precios se disparan. La pregunta que nadie responde es si este boom es sostenible o si, cuando la guerra termine, el canal volverá a enfrentar los problemas de sequía que casi lo paralizan hace dos años.

Mientras tanto, Panamá disfruta de su momento de gloria. Pero conviene recordar que en la economía global, las ganancias de unos casi siempre se construyen sobre las pérdidas de otros. Y en este caso, los otros somos todos los que compramos productos que viajan por mar.


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