Lo que debes de saber
- Un joven de 20 años lanzó un cóctel molotov a la casa de Sam Altman; dos días después, otros dos sospechosos dispararon contra la misma propiedad.
- Un concejal de Indianápolis recibió 13 disparos en su puerta tras aprobar un centro de datos; dejaron una nota con la leyenda ‘No Data Centers’.
- Solo el 26% de los estadounidenses tiene una opinión positiva de la IA, según una encuesta de NBC; entre los jóvenes de 18 a 34 años, la favorabilidad neta es de -44.
- Las empresas tecnológicas han alimentado el miedo al vender sus modelos como ‘demasiado peligrosos’ para el público, lo que ahora se vuelve en su contra.

El mensaje llegó en llamas
El 10 de abril de 2026, Daniel Moreno-Gama, un joven de 20 años originario de Texas, fue arrestado después de lanzar un cóctel molotov contra la residencia de Sam Altman, CEO de OpenAI, en San Francisco. Según reporta Rolling Stone, Moreno-Gama no se detuvo ahí: viajó a las oficinas de OpenAI y arrojó una silla contra las puertas de vidrio, amenazando con incendiar el edificio y matar a quien estuviera dentro. Portaba una garrafa de queroseno. En su manifiesto, según documentos judiciales, escribió sobre el riesgo existencial de la IA y la «extinción inminente» de la humanidad. Dos días después, otros dos sospechosos fueron arrestados por disparar un arma de fuego cerca de la misma propiedad.
Pero la violencia no se limitó a Silicon Valley. En Indianápolis, un concejal que había votado a favor de la construcción de un nuevo centro de datos recibió 13 disparos en la puerta de su casa. Los atacantes dejaron una nota: «No Data Centers». El patrón es claro: el rechazo a la inteligencia artificial, que durante años se manifestó en protestas, peticiones y debates en redes sociales, ha escalado a un nivel que ya no se puede ignorar. Como documenta Fortune, el sentimiento anti-IA ha ido creciendo de la mano de preocupaciones reales: el impacto ambiental de los centros de datos, la automatización de empleos, el uso de IA en guerras y los casos de daño psicológico vinculados a la tecnología, que ya han generado olas de demandas tras la muerte de varios adolescentes.
«I care about Sam Altman’s humanity as much as he cares about mine» — Comentario en X, citado por Rolling Stone.

El monstruo que ellos alimentaron
Hay una ironía que no pasa desapercibida: las propias empresas de IA han pasado años advirtiendo que su tecnología es peligrosa. Que podría facilitar ciberataques, construir armas biológicas y, sí, llevar a la extinción humana. Como señala Brian Merchant en Blood in the Machine, «el miedo también es un marketing bastante efectivo». Las compañías vendieron la idea de que sus modelos eran tan poderosos que no debían estar en manos del público. Y el público, al parecer, les creyó. Pero no para comprar sus productos, sino para considerarlos una amenaza existencial que merece ser detenida por cualquier medio necesario.
Los datos de opinión pública son demoledores. Una encuesta de NBC citada por Merchant revela que solo el 26% de los estadounidenses tiene una opinión positiva de la IA. Entre los jóvenes de 18 a 34 años, la favorabilidad neta es de menos 44 puntos. Es decir, odian la IA con una intensidad que no se veía hacia ninguna tecnología desde los albores de internet. Y mientras los ejecutivos tecnológicos se reúnen en foros internacionales para discutir «seguridad» y «regulación», en las calles y en los barrios la gente está tomando cartas en el asunto, a veces con métodos que recuerdan más a la lucha contra el fracking que a un debate de políticas públicas.
¿Ludditas 2.0 o síntoma de algo más profundo?
Es fácil etiquetar a los atacantes como lunáticos o extremistas. Y en parte lo son: Moreno-Gama, según su abogado, atravesaba una crisis de salud mental. Pero reducir todo a la psicología individual sería un error. El contexto es el de una tecnología que se ha implantado a la fuerza en todos los aspectos de la vida, sin consulta, sin frenos y con consecuencias que apenas empezamos a entender. El movimiento de rechazo a la IA no es homogéneo: va desde académicos que piden una moratoria global hasta ciudadanos que ven cómo sus empleos se esfuman, pasando por padres que culpan a los chatbots por la muerte de sus hijos. La violencia es la punta del iceberg, pero el iceberg es enorme y crece.
Mientras tanto, en el Congreso de Estados Unidos, los senadores Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez han propuesto una moratoria nacional a la construcción de centros de datos. Maine está a punto de convertirse en el primer estado en prohibirlos por completo. La resistencia organizada avanza, pero la pregunta incómoda es si llegamos demasiado tarde. Cuando el debate público sobre una tecnología se traslada de los salones de conferencias a los cócteles molotov, algo se ha roto. Y no va a ser fácil de reparar.
Fuentes consultadas:
- Rollingstone – Anti-AI ‘Techlash’ Is Here. Have We Hit a Tipping Point?
- Fortune – Anti-AI sentiment is on the rise—and it’s starting to turn violent
- Bloodinthemachine – Why the AI backlash has turned violent



