Rocha, el gobernador que pone a Sheinbaum contra la pared

La acusación formal de Trump contra el mandatario de Sinaloa por vínculos con el Cártel obliga a la presidenta a elegir

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Lo que debes de saber

  • El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, fue acusado formalmente por la administración Trump de tener vínculos con el Cártel de Sinaloa.
  • Es el primer gobernador en activo en México en recibir una acusación de este tipo desde Estados Unidos.
  • La acusación revive el escándalo de julio de 2024, cuando Ismael ‘El Mayo’ Zambada fue detenido tras una reunión a la que supuestamente asistiría Rocha.
  • Sheinbaum queda atrapada entre la lealtad a su partido y la presión diplomática de Washington.
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Tomado de: Proceso

El gobernador que no se puede esconder

Rubén Rocha Moya, el profesor de 76 años que gobierna Sinaloa desde finales de 2021, acaba de convertirse en un dolor de cabeza monumental para la presidenta Claudia Sheinbaum. El miércoles, la administración de Donald Trump lo acusó formalmente de tener vínculos con el Cártel de Sinaloa, según reporta Proceso. No es una acusación cualquiera: es la primera vez que un gobernador en activo en México es señalado directamente por el gobierno estadounidense de estar coludido con una organización criminal considerada terrorista por Washington. Y aquí está el problema: Sheinbaum tiene que decidir si lo protege o si cede a la presión de la Casa Blanca. No hay punto medio.

«Rubén Rocha Moya, un político de 76 años, del partido oficialista Morena, no solo ha sido uno de los gobernadores más incómodos para la presidenta mexicana, sino que al convertirse el miércoles en el primer gobernador en activo acusado formalmente por la administración de Donald Trump de tener vínculos con el Cártel de Sinaloa, ha colocado a la mandataria en una complicada situación: elegir entre su partido o las relaciones con Estados Unidos.»

La frase, tomada de la cobertura de AP News, resume con precisión quirúrgica el callejón sin salida. Rocha no es cualquier morenista: fue aliado histórico de Andrés Manuel López Obrador, defensor a ultranza de la estrategia de «Abrazos, no balazos», y ahora carga con el peso de una acusación que, de ser cierta, demostraría que esa política no solo no funcionó, sino que permitió que el narco se infiltrara hasta en las más altas esferas del poder estatal.

El fantasma de Badiraguato

Rocha nació en Badiraguato, el mismo municipio que vio crecer a Joaquín «El Chapo» Guzmán. Es casi de la misma generación que los fundadores del Cártel de Sinaloa, y eso siempre le ha perseguido. Pero el problema no es solo geográfico: según la acusación estadounidense, los «Chapitos» —los hijos de Guzmán— presuntamente ayudaron a Rocha a ganar las elecciones que lo llevaron al poder, algo que él ha negado rotundamente. Cadena 3 recuerda que el escándalo se intensificó en julio de 2024, cuando Ismael «El Mayo» Zambada y Joaquín Guzmán López fueron detenidos tras llegar a Estados Unidos en un avión privado. Zambada afirmó que fue engañado para asistir a una reunión en la que supuestamente iba a estar Rocha y un político local, un encuentro que terminó en un operativo violento con un rival político muerto. Las piezas del rompecabezas empiezan a encajar, y ninguna favorece al gobernador.

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Tomado de: Apnews

Sheinbaum, entre la lealtad y la diplomacia

La presidenta mexicana enfrenta ahora un dilema que podría definir su relación con Estados Unidos durante el resto de su mandato. Si decide proteger a Rocha, enviará una señal pésima a Washington, que ya ha catalogado al Cártel de Sinaloa como organización terrorista. Si, por el contrario, permite su extradición o toma medidas en su contra, se enfrentará a la furia de su propio partido, donde Rocha sigue siendo una figura respetada por su lealtad a López Obrador. The Hartford Courant señala que la especialista consultada por AP advierte que si Sheinbaum no actúa, «complicará enormemente las relaciones con Estados Unidos». No es una amenaza velada: es un hecho. La pregunta es si la presidenta está dispuesta a pagar el costo político de deshacerse de un gobernador incómodo, o si prefiere arriesgarse a un conflicto diplomático que podría tener consecuencias económicas y de seguridad para todo el país.

Lo cierto es que Rocha ya era un problema antes de esta acusación. Su defensa de «Abrazos, no balazos» y sus polémicas visitas, como aquella en la que acompañó a López Obrador a saludar a la madre de «El Chapo», lo habían convertido en un blanco fácil para las críticas. Pero ahora la situación es otra: ya no se trata de política interna, sino de una acusación formal desde el extranjero que pone en jaque la soberanía y la credibilidad del gobierno mexicano. Sheinbaum tendrá que moverse con cuidado, pero también con rapidez. El tiempo de los abrazos parece haber terminado.


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