Ocho expertos predicen el futuro de la IA en cinco años

Entre la promesa de curar el cáncer y el riesgo de convertir la cultura en slop, los especialistas no se ponen de acuerd

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Lo que debes de saber

  • Yuval Noah Harari apuesta a que los agentes de IA serán personas legales en cinco años.
  • Melanie Mitchell cree que la IA no curará el cáncer ni resolverá la física, y que conversar fluidamente no será prueba de inteligencia.
  • Helen Toner predice sistemas de IA capaces de contribuir en la frontera de múltiples ciencias.
  • The New York Times advierte que la IA podría convertir industrias culturales en fábricas de slop.
  • El debate refleja una polarización profunda: ¿la IA nos salvará o nos hundirá?
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Tomado de: Nytimes

Ocho cabezas, ocho futuros

¿Se imagina que en cinco años un programa de computadora pueda demandar a su jefe? Pues Yuval Noah Harari, el historiador que nos puso a pensar en sapiens y robots, lo ve venir. En una encuesta de The New York Times, Harari suelta: «Within five years, A.I. agents are likely to become legal persons in at least some countries.» O sea, la inteligencia artificial podría tener derechos. ¿Se imagina a ChatGPT pidiendo vacaciones? El asunto no es menor: si una IA comete un error, ¿quién paga? ¿El dueño, el programador o la máquina misma? Mientras tanto, en el otro extremo del espectro, Melanie Mitchell, científica de la computación, baja las expectativas: «A.I. won’t have cured cancer or solved physics.» Y remata: «Also, no one will consider the ability to converse fluently a definitive sign of intelligence.» O sea, que hablar bonito no es lo mismo que pensar. Y vaya que hace falta recordarlo en estos tiempos de chatbots que parecen sacados de una telenovela.

El riesgo de convertir todo en slop

El mismo New York Times advierte que la IA podría permitir que más personas creen arte y cultura, o bien convertir estas industrias en «slop factories». O sea, fábricas de contenido chatarra. Porque sí, cualquiera puede generar una imagen con un prompt, pero ¿eso es arte? La pregunta flota en el aire mientras las empresas tecnológicas, incluido el papa León, según reporta el Times, intentan ponerle freno a la fiebre de la IA. El papa, por cierto, no es cualquier figura: su opinión pesa, y si él dice que hay que bajarle dos rayitas al entusiasmo, quizá deberíamos escuchar.

«A.I. agents are likely to become legal persons in at least some countries.» — Yuval Noah Harari, citado por The New York Times.

Pero no todo es pesimismo. Helen Toner, investigadora de políticas de IA en Georgetown, apuesta a que en cinco años tendremos sistemas que contribuyan claramente en la frontera de múltiples ciencias. O sea, que la IA podría ayudar a descubrir nuevos medicamentos o a entender mejor el cambio climático. El problema es que mientras unos ven un futuro brillante, otros ven un abismo. Y en medio, estamos nosotros, los mortales, tratando de entender si el próximo asistente virtual nos va a quitar el trabajo o nos va a hacer la vida más fácil.

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Tomado de: Nytimes

El dilema de la regulación

El debate no es solo técnico, sino profundamente político. Gary Marcus, fundador de Geometric.AI, ha sido de los más críticos con el ritmo al que se despliega la tecnología sin control. En sus intervenciones, Marcus insiste en que necesitamos «taming Silicon Valley», es decir, ponerle riendas al valle. Porque si no, la historia podría repetirse: redes sociales que prometían conectar al mundo y terminaron polarizándolo. Ahora la IA promete curar enfermedades, pero también podría generar desinformación a escala industrial. ¿Y quién pone los límites? Por ahora, los gobiernos van atrás, como siempre.

Mientras tanto, Aravind Srinivas, CEO de Perplexity, un chatbot buscador, ve el vaso medio lleno. Para él, la IA será una herramienta que potencie la inteligencia humana, no que la reemplace. Pero Ajeya Cotra, evaluadora de riesgos de IA en METR, no está tan segura. Ella se dedica a calcular qué tan probable es que una IA se salga de control. Y sus cálculos, la verdad, no son para dormir tranquilo.

¿Y nosotros qué?

En México, mientras tanto, el debate sobre la IA apenas empieza. No tenemos un Yuval Noah Harari local, pero sí tenemos una relación complicada con la tecnología: nos encanta el WhatsApp, pero desconfiamos del gobierno digital. La pregunta es: ¿estamos listos para un futuro donde los algoritmos decidan quién obtiene un crédito, quién entra a la universidad o quién merece libertad condicional? Porque eso ya está pasando, solo que sin el ruido mediático. Y si la IA se convierte en persona legal, como predice Harari, ¿podrá un chatbot demandar al SAT por cobro indebido? Suena a broma, pero no lo es tanto.

El New York Times también ha publicado análisis sobre cómo la IA está cambiando la educación, la salud y hasta las relaciones personales. Y en otro artículo, advierte que debemos tomar el futuro de la IA en nuestras propias manos. Porque si no lo hacemos, alguien más lo hará. Y ese alguien probablemente sea una empresa que quiere venderte un chatbot que te cobre por minuto de conversación.

Al final, el futuro de la IA no está escrito. Depende de las decisiones que tomemos hoy. Y si los expertos no se ponen de acuerdo, imagínese nosotros. Pero al menos, como dice Mitchell, ya sabemos que hablar bonito no es sinónimo de inteligencia. Así que la próxima vez que un chatbot le diga que lo entiende, recuerde: solo está repitiendo lo que aprendió de nosotros. Y eso, la verdad, asusta un poco.


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