Lo que debes de saber
- La IA está descifrando manuscritos cifrados de hace siglos que nadie había podido leer.
- El 1% del material en archivos y bibliotecas del mundo está total o parcialmente cifrado.
- Entre los hallazgos: remedios médicos secretos y cartas de la reina María Estuardo.
- La tecnología de reconocimiento de escritura manual (HTR) promete democratizar el acceso a documentos históricos.

El cifrado no es cosa del siglo XXI
Mucho antes de que existieran los algoritmos de encriptación y la seguridad informática, la humanidad ya escondía sus secretos con símbolos y códigos. En archivos y bibliotecas de todo el mundo, un 1% del material —según estimaciones de expertos— sigue total o parcialmente cifrado. Cartas de amor, conspiraciones políticas, remedios médicos que podían costar la vida: todo eso ha estado ahí, esperando. Y ahora, la inteligencia artificial está empezando a leerlo.
El caso más fascinante lo reporta BBC: un manuscrito de 408 páginas conocido como el cifrado Borg, que yacía en los archivos de la Biblioteca Vaticana. Durante más de 400 años, nadie pudo descifrar sus 34 símbolos crípticos. Algunas páginas estaban dañadas por el tiempo. La portada estaba en árabe. Un acertijo de siglos. Hasta que un equipo de la Universidad de Estocolmo, liderado por Beáta Megyesi, aplicó machine learning para romper el código.
«Es como un trabajo de detective donde cada símbolo, patrón y solución parcial puede acercarnos a los secretos de alguien y a un mundo histórico perdido», dice Beáta Megyesi, profesora de lingüística computacional en la Universidad de Estocolmo, citada por BBC.

Remedios que podían matarte (o salvarte)
¿Y qué encontraron? Pues resulta que el manuscrito Borg era una especie de recetario médico secreto. Pero no esperes aspirinas ni jarabes para la tos. El texto revela miles de tratamientos que van desde beber varios vasos de vino tinto de alta calidad hasta fermentar nuez moscada en masa para combatir la disentería. En una época donde la acusación de brujería podía significar la hoguera, guardar estos conocimientos bajo llave —literalmente— era cuestión de supervivencia.
El hallazgo no es una rareza aislada. La Universidad de Oslo documenta cómo la misma tecnología ha permitido descifrar más de 50 cartas cifradas de María Estuardo, la reina escocesa que conspiró contra su prima Isabel I de Inglaterra. Las cartas, que yacían olvidadas en la Biblioteca Nacional de Francia, revelan los detalles de su complot. Nadie había entendido lo que decían porque estaban archivadas de forma «muy peculiar», según la profesora Michelle Waldispühl. La IA no solo leyó lo que decían: reescribió un capítulo de la historia.
El problema de la letra: cuando ni los expertos entienden
Pero no todo es cifrado deliberado. A veces, el enemigo es la mala letra. Trinity College Dublin explica cómo la tecnología de reconocimiento de escritura manual (HTR) está entrenando a las computadoras para leer manuscritos desde la Edad Media hasta diarios del siglo XIX. El proceso es simple en teoría: se alimenta a la máquina con imágenes de escritura y su transcripción, y la IA aprende a asociar garabatos con letras. Pero en la práctica, es una caja negra. Nadie sabe exactamente cómo lo hace, pero funciona.
El potencial es enorme. Según Mark Faulkner, de la Escuela de Inglés de Trinity, la HTR puede generar una versión legible de un manuscrito «con solo hacer clic en un botón». Y si el idioma es una barrera, la traducción automática puede ponerlo al inglés, francés o chino al instante. Esto democratiza el acceso al conocimiento histórico, que antes requería años de entrenamiento en paleografía —esa disciplina que hace que hasta los posgrados más aplicados rechinen los dientes.
¿Qué más estamos perdiendo?
La pregunta incómoda es: ¿cuántos secretos más están esperando? Si el 1% de los archivos del mundo está cifrado, hablamos de millones de páginas. Cartas de diplomáticos, diarios de científicos, recetarios de curanderos, confesiones de conspiradores. Todo eso ha estado ahí, invisible, mientras los historiadores se rompían la cabeza con lo que sí podían leer. La IA no solo está descifrando códigos: está abriendo una ventana a conversaciones que nunca terminaron.
Y mientras tanto, en México, seguimos discutiendo si los archivos históricos deben digitalizarse o si es mejor que sigan acumulando polvo en bodegas. Pero esa es otra historia. Por ahora, la inteligencia artificial está haciendo lo que ningún humano había logrado: leer lo que nuestros antepasados juraron que nadie leería.


