Lo que debes de saber
- La orden pide a empresas como OpenAI y Google compartir sus modelos de IA con el gobierno hasta 30 días antes del lanzamiento, pero es voluntario.
- El texto final es más laxo que versiones anteriores, que pedían 90 días de anticipación y tenían más dientes.
- La firma se retrasó tres semanas porque Trump dijo que no quería perjudicar la competitividad de EU frente a China.
- Magnates tecnológicos como Elon Musk y Mark Zuckerberg presionaron para suavizar la orden, según reportes.
- La orden excluye explícitamente cualquier requisito de licencia o aprobación previa obligatoria para nuevos modelos de IA.

La orden que llegó con menos filo del prometido
El presidente Donald Trump firmó el martes una orden ejecutiva sobre inteligencia artificial que, según NBC News, busca establecer las bases para que el gobierno federal pruebe los sistemas de IA más potentes antes de su lanzamiento público. Pero el diablo, como siempre, está en los detalles: la revisión es voluntaria. Las empresas como Anthropic, OpenAI y Google pueden decidir si comparten o no sus modelos con el gobierno. Y la orden lo deja clarísimo: nada de licencias obligatorias ni requisitos de aprobación previa.
La historia de cómo llegamos aquí es reveladora. Originalmente, la firma estaba programada para el 21 de mayo. La Casa Blanca había invitado a CEOs tecnológicos a una ceremonia y hasta realizó una conferencia de prensa con altos funcionarios esa mañana. Pero todo se canceló a última hora. ¿La razón? Según reportó The Guardian, Trump dijo a los periodistas que le preocupaba que la orden pudiera perjudicar la competitividad de las empresas estadounidenses frente a las chinas. «Estamos liderando China, estamos liderando a todos, y no quiero hacer nada que se interponga en ese camino», declaró desde el Despacho Oval.
«Estamos liderando China, estamos liderando a todos, y no quiero hacer nada que se interponga en ese camino» — Donald Trump, según The Guardian

El poder detrás del trono: Silicon Valley llama y la Casa Blanca responde
Lo que ocurrió entre el 21 de mayo y el 2 de junio es una lección de cómo funciona el poder en Washington. Según reportes de múltiples medios citados por Politico, magnates tecnológicos como Elon Musk, Mark Zuckerberg y el ex «zar de la IA» de la Casa Blanca, David Sacks, realizaron llamadas telefónicas privadas para presionar a Trump a dar marcha atrás. Y funcionó. La versión final de la orden es significativamente más laxa que los borradores iniciales, que según fuentes citadas por CNBC, pedían acceso a los modelos hasta 90 días antes de su lanzamiento, no solo 30.
El resultado es una orden que pide a las empresas participar en un proceso de evaluación comparativa para determinar si un modelo tiene «capacidades cibernéticas avanzadas» y, de ser así, clasificarlo como «modelo fronterizo cubierto». Pero incluso entonces, la colaboración es voluntaria. La orden dice textualmente que «nada en esta sección se interpretará como autorización para crear un requisito gubernamental obligatorio de licencia, aprobación previa o permiso para el desarrollo, publicación, lanzamiento o distribución de nuevos modelos de IA».
¿Y la seguridad nacional?
La orden también instruye a agencias federales —incluyendo el Pentágono, el Tesoro y la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad— a reforzar las defensas cibernéticas de infraestructura crítica. Además, crea un centro de intercambio de información sobre ciberseguridad de IA que centralizará conocimiento sobre vulnerabilidades de software y parches. Pero todo esto depende de la colaboración voluntaria de la industria. Es como pedirle al zorro que cuide las gallinas y confiar en que lo hará de buena fe.
El contexto es clave: esto ocurre justo cuando Anthropic ha presentado confidencialmente su solicitud de OPI ante la SEC y OpenAI se prepara para una posible oferta pública este año, según reportó YourNews. Las empresas de IA están en una carrera por capturar capital y mercado, y cualquier regulación que frene su velocidad es vista como una amenaza existencial. La orden de Trump, al final, es un compromiso que no compromete a nadie.

Lo que no se dice: una rendición disfrazada de prudencia
Lo más revelador de esta historia no es lo que la orden hace, sino lo que no hace. No regula. No obliga. No sanciona. Es, en esencia, una petición cortés en un momento en que la tecnología avanza más rápido que la capacidad del gobierno para entenderla, y mucho menos para controlarla. La decisión de Trump de ceder ante las presiones de Silicon Valley manda una señal clara: en la batalla entre seguridad nacional y ganancias corporativas, las ganancias ganaron.
Y mientras tanto, China avanza. No porque tenga mejores modelos de IA, sino porque tiene un gobierno que puede tomar decisiones sin tener que llamar a Elon Musk para preguntarle si está de acuerdo. La paradoja es que, al querer proteger la competitividad estadounidense, Trump podría estar dejando el camino libre para que otros actores —con menos escrúpulos y más coordinación estatal— tomen la delantera en la carrera por la inteligencia artificial más poderosa jamás creada.
Fuentes consultadas:
- Nbcnews – Trump signs AI order seeking access to new models before release
- Theguardian – Trump signs executive order seeking early access to new AI releases
- Cnbc – Trump signs AI order asking companies to give govt early access
- Politico – Trump signs downsized AI order
- Yournews – Trump Signs Narrowed AI Order Seeking Voluntary Review Before Public Release


