Lo que debes de saber
- Trump anunció un acuerdo de duración indefinida y sin costo para EE.UU. que le da control permanente de la seguridad de Groenlandia
- Washington tendrá capacidad de veto sobre cualquier presencia militar, base o inversión sensible de otros países en la isla
- Dinamarca y Groenlandia reconocen el acuerdo pero insisten en que se respeta su soberanía e integridad territorial
- El ejército estadounidense ya comenzó el proceso de establecer una presencia militar importante en la zona

El arte de comprar sin comprar
Donald Trump lo intentó en 2019 y todos se rieron. Quería comprar Groenlandia, literalmente, como quien adquiere un terreno en la costa. Dinamarca le dijo que no con la elegancia de quien rechaza un mal chiste en una cena diplomática. Siete años después, Trump no compró la isla: se quedó con lo que realmente importa. Según reporta Cadena SER, el acuerdo anunciado este viernes le otorga a Washington el control permanente de la seguridad de Groenlandia, con capacidad de veto sobre cualquier presencia militar, base o inversión considerada sensible por parte de otros países. Duración: indefinida. Costo para Estados Unidos: cero. Si esto no es la definición operativa de un protectorado, entonces las palabras han perdido todo significado.
Lo brillante del movimiento es que no requiere anexión formal. No hay que comprar nada, no hay que pagar mantenimiento, no hay que lidiar con ciudadanos groenlandeses votando en elecciones estadounidenses. Solo hay que controlar quién entra, quién invierte y quién pone un soldado en la isla más grande del mundo. Trump lo dijo sin rodeos: el Ejército estadounidense ya comenzó el «proceso de establecer una importante presencia militar en la zona apropiada de Groenlandia, que cuenta con numerosas instalaciones». La zona apropiada. Como si Groenlandia fuera un estacionamiento con cajones reservados.
Dinamarca y el arte del eufemismo
La parte más deliciosa de esta historia es cómo Dinamarca vendió el acuerdo en casa. La Oficina de la Primera Ministra emitió un comunicado hablando de un pacto «destinado a reforzar la seguridad en el Ártico y la región del Atlántico Norte». La primera ministra Mette Frederiksen subrayó que le alegra que exista «la perspectiva de alcanzar un buen acuerdo» y que este «reconoce la soberanía y la integridad territorial» de Dinamarca. Es un ejercicio retórico digno de estudio: cedes el control militar de un territorio y lo llamas fortalecimiento de la seguridad común. Como prestarle las llaves de tu casa al vecino y decir que estás reforzando la vigilancia del fraccionamiento.
«Es una satisfacción que estemos a punto de alcanzar un acuerdo que garantice y refuerce la seguridad de Groenlandia, del Reino de Dinamarca, de Estados Unidos y de la alianza occidental. El acuerdo reconoce los intereses de Groenlandia y nuestro lugar en la cooperación internacional. Es beneficioso para todos». — Jens-Frederik Nielsen, presidente del Gobierno de Groenlandia, vía Cadena SER
El presidente groenlandés Jens-Frederik Nielsen habla de satisfacción y beneficio mutuo. Y quizá tenga razón en el corto plazo: Groenlandia tiene 56 mil habitantes y una ubicación estratégica que vale más que todo su PIB. Con el Ártico derritiéndose y abriendo nuevas rutas marítimas y yacimientos de tierras raras, la isla pasó de ser un territorio olvidado a ser el tablero donde se juega la próxima hegemonía. Dinamarca no tiene cómo defenderla sola. Estados Unidos sí. El problema es que cuando le entregas la seguridad de tu casa a alguien más, tarde o temprano esa persona decide qué muebles van y cuáles se tiran.
Lo que no se dice en el comunicado
Prensa Libre titula con la frase que Trump soltó sin anestesia: controlará «para siempre» la seguridad de Groenlandia. La palabra «siempre» no aparece en el comunicado danés. Tampoco aparece «veto», aunque Cadena SER confirma que Washington tendrá capacidad de bloquear inversiones sensibles de otros países. Ahí está el detalle que cambia todo: no se trata solo de bases militares. Se trata de quién puede invertir en Groenlandia y quién no. China lleva años cortejando proyectos de infraestructura en el Ártico. Rusia tiene su propia flota rompehielos. Con este acuerdo, ambos quedan fuera de juego sin que nadie haya disparado un tiro.
El acuerdo se firmaría la próxima semana, según confirmó la Oficina de la Primera Ministra danesa. Sin fecha de caducidad. Sin costo para Estados Unidos. Con presencia militar ya en marcha. Y con una narrativa cuidadosamente construida donde todos ganan y nadie cede nada. Es el tipo de acuerdo que se celebra hoy y se cuestiona en diez años, cuando Groenlandia descubra que su «lugar en la cooperación internacional» fue definido en Washington y no en Nuuk. La soberanía, como el amor, se demuestra en los detalles. Y los detalles de este acuerdo tienen estrellas y barras.


