Nepal: rescatan a dos trabajadores tras 10 días bajo el lodo

La tragedia hidroeléctrica en el Himalaya deja más de 1,290 muertos y revela los costos ocultos de la energía 'limpia'.

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Lo que debes de saber

  • Dos trabajadores fueron rescatados con vida tras 10 días atrapados en el túnel de la central Trishuli 3A, un caso que los rescatistas ya daban por perdido.
  • La cifra de muertos supera los 1,290 en Nepal y 31 en China, con más de 5,500 desaparecidos en ambos países, según CNN.
  • Más de 500 ingenieros y funcionarios coordinan el rescate por WhatsApp, una improvisación que delata la falta de protocolos de emergencia.
  • El desastre expone la vulnerabilidad de los proyectos hidroeléctricos construidos en zonas de alto riesgo sísmico y climático.
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Tomado de: Cnnespanol Cnn

Diez días bajo tierra: el milagro que nadie esperaba

Cuando los equipos de rescate en Nepal ya habían pasado de buscar sobrevivientes a recuperar cuerpos, dos voces desde el interior de un túnel cambiaron la narrativa. Sanjay Sah, de 30 años, y Kabir Maharjan, de 45, fueron extraídos con vida este viernes de la central hidroeléctrica Trishuli 3A, tras permanecer 10 días atrapados entre el lodo y los escombros. El momento quedó registrado en video: una docena de rescatistas sacan a un hombre por un pequeño agujero y estallan en aplausos. La escena es conmovedora, pero también plantea una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que en pleno siglo XXI, con toda la tecnología disponible, hayan tenido que pasar diez días para encontrar a dos personas con vida?

El rescate no fue producto de un plan maestro. Según reporta Infobae, un grupo de más de 500 ingenieros, funcionarios y expertos utiliza WhatsApp para orientar las operaciones. Sí, leyeron bien: la aplicación de mensajería instantánea es la herramienta central de coordinación en una de las catástrofes más graves de la historia reciente de Nepal. El diputado e ingeniero Ram Neupane escribió en Facebook que los rescatistas escucharon voces y les gritaron «no tengan miedo, estamos rescatándolos», a lo que respondieron con un escueto «de acuerdo». Esa conversación, mediada por concreto y lodo, es la prueba de que la esperanza puede sobrevivir incluso cuando el mundo ya había pasado la página.

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Tomado de: Cnn

La fiebre hidroeléctrica: energía limpia, muertes sucias

El desastre no es un capricho de la naturaleza. Nepal, en su afán por convertirse en el próximo gigante de la energía hidroeléctrica del sur de Asia, ha perforado las montañas del Himalaya con decenas de proyectos que prometen desarrollo y electricidad «verde». Pero el diluvio del 26 de agosto, que según CNN en Español recorrió 100 kilómetros río abajo en cuestión de horas, dejó al descubierto la fragilidad de esa apuesta. Más de 900 trabajadores de proyectos hidroeléctricos están desaparecidos o muertos. La central Trishuli 3A, donde ocurrió el rescate, es solo una de las varias que quedaron sepultadas bajo el lodo. Los túneles, diseñados para canalizar la fuerza del agua, se convirtieron en trampas mortales.

El relato de Ram Chandra, uno de los sobrevivientes que logró salir por sus propios medios, es desgarrador. En declaraciones recogidas por CNN en Español, contó cómo se aferró a un peldaño del techo mientras el agua subía y el concreto lo golpeaba. «El nivel del agua subía y me resultaba difícil mover las piernas. Si hubiera soltado ese peldaño, me habría caído», dijo. Él y su grupo de seis compañeros avanzaron peldaño a peldaño durante seis horas en la oscuridad, pasándose una lámina de metal para tener algo bajo los pies. Cuando salieron, el agua se había llevado su ropa. Esa es la cara real de la transición energética: no solo paneles solares y turbinas, sino cuerpos humanos arriesgándolo todo en condiciones que ningún código laboral debería permitir.

«El nivel del agua subía y me resultaba difícil mover las piernas. Si hubiera soltado ese peldaño, me habría caído» — Ram Chandra, sobreviviente, citado por CNN en Español.

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Tomado de: Infobae

La geopolítica del desastre: ayuda que llega en cuentagotas

Mientras Nepal entierra a sus muertos —más de 1,290 según el último balance de CNN—, la comunidad internacional mira con incomodidad. Estados Unidos aportó US$ 3.6 millones en ayuda humanitaria, una cifra que suena generosa hasta que se compara con los miles de millones que las empresas hidroeléctricas han invertido en la región. China, que comparte la frontera donde ocurrió el desastre y que ha financiado varios de esos proyectos, reporta al menos 31 muertos en su territorio, según la agencia estatal Xinhua. Pero la cifra más escalofriante es la de desaparecidos: 5,500 personas en ambos países, de las cuales se estima que cientos siguen atrapadas en los túneles.

El Ejército de Nepal ha desplegado a más de 9,300 efectivos en las labores de búsqueda, según informó la propia institución. Han utilizado imágenes satelitales para localizar la central Trishuli 3A, que quedó irreconocible bajo el lodo. Los rescatistas avanzan metro a metro en los túneles, usando balsas y bombas para extraer agua mientras remueven el limo. Es un trabajo titánico, pero también una confesión de que la preparación fue insuficiente. Si los protocolos de emergencia hubieran funcionado, ¿por qué 42 trabajadores estaban en un túnel subterráneo cuando las alertas meteorológicas ya habían advertido de lluvias extremas?

WhatsApp como protocolo: la improvisación como política

El hecho de que la coordinación del rescate dependa de un grupo de WhatsApp no es un detalle pintoresco; es un síntoma de la falta de inversión en seguridad laboral y gestión de riesgos. En países como México, donde también hay proyectos hidroeléctricos en zonas de alto riesgo, la historia se repite con variaciones locales. La diferencia es que aquí no hay 5,500 desaparecidos, pero sí hay comunidades enteras que han sido desplazadas o afectadas por megaproyectos sin la debida evaluación de impacto. La tragedia de Nepal debería servir como un espejo incómodo para toda la región.

El rescate de Sah y Maharjan ha dado «esperanza renovada» a los equipos, según reporta CNN. Pero la esperanza es un lujo que no todos pueden permitirse. Mientras los rescatistas siguen perforando túneles en busca de más voces, las familias de los desaparecidos acuden cada día a hospitales y morgues, como documentó CNN en Español en su cobertura en vivo. La escena es desoladora: cuerpos que se acumulan, autoridades que no dan abasto, y una pregunta que flota en el aire: ¿cuántos de estos muertos eran evitables?

La energía hidroeléctrica es presentada como la solución al cambio climático, pero su costo humano y ambiental rara vez aparece en los balances anuales de las empresas. Nepal, con su geografía extrema, es un caso de estudio de lo que ocurre cuando el desarrollo se persigue sin considerar los riesgos. Los túneles que perforan el Himalaya son monumentos a la ambición humana, pero también tumbas potenciales para quienes los construyen. El milagro de los dos rescatados no debe nublar el hecho de que más de 1,200 personas han muerto en este desastre, y que la mayoría de ellas eran trabajadores que solo buscaban ganarse la vida.

Lo que viene: reconstruir sin repetir los errores

Nepal enfrenta ahora una doble tarea: rescatar a los que aún puedan estar vivos y reconstruir la infraestructura destruida. Pero reconstruir no debería significar repetir el mismo modelo. Las autoridades nepalíes han prometido investigar las causas del desastre, pero la historia reciente de la región sugiere que las investigaciones rara vez llegan a conclusiones que incomoden a los inversionistas. Mientras tanto, los equipos de rescate continúan su trabajo en condiciones extremadamente peligrosas, con el riesgo de nuevos deslizamientos y réplicas.

El caso de Sanjay Sah es particularmente revelador: cuando lo sacaron del túnel, su primera pregunta fue qué fecha era. Había perdido la noción del tiempo después de ayudar a otros a escapar y quedar atrapado. Pasó diez días cantando mantras hindúes para mantener la calma. Su compañero Kabir Maharjan está en estado crítico en un hospital. Dos historias que pudieron terminar en tragedia, pero que ahora son símbolos de una lucha que aún no termina. La pregunta que queda flotando es si las autoridades y las empresas aprenderán la lección o si, como suele ocurrir, el próximo desastre encontrará a todos igual de desprevenidos.


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