Lo que debes de saber
- Rusia lanzó 74 misiles y cerca de 500 drones contra varias regiones ucranianas, incluyendo Kiev, en un ataque que Moscú calificó como ‘respuesta a ataques terroristas’.
- El balance de víctimas mortales oscila entre 26 y 27 según la fuente, con más de 90 heridos y daños severos a infraestructura energética.
- En Priluki, un misil Kh-101 impactó un edificio residencial y mató a 19 personas, entre ellas cinco niños, tres de apenas doce meses.
- El Ministerio de Defensa ruso admitió el ataque masivo, pero aseguró que el objetivo era una empresa vinculada a la producción de misiles Flamingo.

El ataque que Moscú ya no niega
Rusia lanzó este miércoles una de sus ofensivas más letales contra Ucrania en lo que va del conflicto. Según DW, las fuerzas rusas emplearon 70 misiles y 130 drones contra regiones como Kiev, Cherniguiv, Poltava, Kirovograd, Dnipropetrovsk y Odesa. El saldo inicial fue de al menos 26 muertos y decenas de heridos, aunque horas después la cifra se elevó. Lo que llama la atención no es solo la magnitud del ataque, sino que el Ministerio de Defensa ruso lo confirmó sin titubeos: lo llamó «un ataque masivo» y lo justificó como «una respuesta a los ataques terroristas del régimen de Kiev contra infraestructura civil en Rusia». Es decir, Moscú ya no se esconde detrás de negaciones o eufemismos. Asume la autoría y la enmarca como legítima defensa. El problema es que los números no cuadran con esa narrativa: los misiles impactaron en 18 puntos del país, incluyendo viviendas y una central térmica clave para el suministro eléctrico de tres regiones.

El conteo de muertos como termómetro del caos
La cifra de fallecidos no es un detalle menor. Mientras DW reportaba 26 muertos el miércoles, La Tercera actualizaba la cifra a 27, luego de que una víctima falleciera en el hospital. Esa diferencia de un solo número puede parecer insignificante, pero refleja algo más profundo: la dificultad de las autoridades ucranianas para consolidar un balance en medio de los escombros. El gobernador de Kiev, Timur Tkachenko, admitió que en el distrito de Darnytsia aún no habían podido contactar con ocho personas. «Los rescatistas trabajarán sin descanso hasta que se retiren todos los escombros», dijo en Telegram. La incertidumbre sobre el número final de víctimas es, en sí misma, una señal del nivel de destrucción. No es un ataque quirúrgico contra objetivos militares; es una lluvia de proyectiles sobre zonas urbanas.
«Uno de los objetivos clave fue nuestra infraestructura energética», señaló Volodimir Zelenski en X, quien calificó la acción como «uno de los ataques más viles» en casi cinco años de conflicto.

Priluki: el rostro más cruel del ataque
El bombardeo más mortífero ocurrió en la ciudad de Priluki, donde un misil Kh-101 impactó directamente un edificio residencial. Allí murieron 19 personas, entre ellas cinco niños: tres de apenas doce meses, uno de ocho años y otro cuya edad no fue proporcionada. Otras 50 personas resultaron heridas. La escena es difícil de procesar: un misil de crucero, diseñado para volar largas distancias y evadir defensas, terminó destruyendo un bloque de departamentos. El régimen ruso asegura que el objetivo era una empresa vinculada a la producción de misiles Flamingo, pero los hechos apuntan a que el proyectil falló o, peor aún, no le importó. La guerra en Ucrania ya lleva casi cinco años, y episodios como este demuestran que la precisión quirúrgica que Moscú presume es, en el mejor de los casos, una ficción conveniente.
La defensa aérea: entre el éxito y la insuficiencia
Ucrania reportó que sus sistemas de defensa antiaérea derribaron 48 misiles y 476 drones, según La Tercera. Sin embargo, 25 misiles balísticos y 12 drones impactaron en 33 puntos del país, mientras que los fragmentos de los proyectiles interceptados cayeron en otras 18 zonas. Es decir, incluso cuando la defensa funciona, el daño colateral es inevitable. El Servicio de Emergencias de Ucrania desplegó 500 rescatistas y 96 unidades de bomberos y equipos especiales. Es una respuesta impresionante, pero también evidencia la magnitud del desastre. La pregunta incómoda es: ¿cuánto más puede resistir un país que depende de la ayuda occidental para reponer sus sistemas de defensa? Cada ataque como este no solo mata; agota recursos, desgasta infraestructura y erosiona la moral.
Lo que no se dice: la normalización del horror
El ataque ruso de este miércoles no es una excepción. Es parte de una campaña sostenida que se intensificó en las últimas semanas. Zelenski había advertido la noche anterior sobre un «ataque masivo» inminente, lo que sugiere que la inteligencia ucraniana ya anticipaba lo que venía. Aun así, no pudo evitarse. La comunidad internacional, una vez más, condenará los hechos, pedirá moderación y prometerá más ayuda. Pero mientras tanto, en Priluki, en Dnipro, en Kremenchuk y en Oleksandriia, la gente sigue contando muertos. La cifra de 27 fallecidos y 91 heridos que reporta La Tercera es solo la punta del iceberg. Detrás de cada número hay una familia destruida, un futuro truncado, una ciudad que tardará años en recuperarse. Y lo más perturbador es que Moscú ya no siente la necesidad de mentir sobre sus intenciones. Admite el ataque, lo justifica y sigue adelante. ¿Cuántas veces hay que condenar lo mismo para que deje de pasar? La respuesta, por desgracia, parece ser: ninguna. Porque mientras el mundo se acostumbra, Ucrania sigue ardiendo.


