Lo que debes de saber
- Trump amenaza con aranceles del 50% a autos, camiones y piezas canadienses a partir de enero de 2027.
- La disputa incluye acero, aluminio, electricidad y productos como vino, lácteos y palos de hockey.
- Canadá responde con represalias ‘dólar por dólar’ y Ontario amenaza con cortar el suministro eléctrico.
- La Sección 338 de 1930, usada por Trump, es una herramienta legal no probada que podría violar el T-MEC.

La guerra comercial que nadie pidió
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido que la mejor manera de negociar con su vecino del norte es amenazarlo con aranceles del 50% a autos, camiones, piezas de automóviles y acero canadiense. La amenaza, publicada en Truth Social este lunes, llega después de que el primer ministro Mark Carney anunciara medidas de represalia contra los aranceles que Washington impuso el sábado. Según Telemundo, Trump justificó su decisión con un argumento que ya es un clásico: «Canadá ha estado estafando a Estados Unidos de América durante años». Pero los datos cuentan otra historia: Canadá es el tercer mayor proveedor de importaciones de EE.UU., con más de 380 mil millones de dólares en bienes cruzando la frontera en 2025, según el Censo. No parece el comportamiento de un país que «estafa», sino el de un socio comercial que, como México, está siendo castigado por existir.
La escalada no es un capricho aislado. El sábado, Washington ya había impuesto aranceles del 50% a una amplia gama de productos canadienses, desde palos de hockey hasta materiales de construcción. Y ahora, Trump añade una nueva capa: un 25% adicional al acero y aluminio canadiense, en respuesta al recargo del 25% que Ontario aplica a la electricidad que exporta a Nueva York, Minnesota y Michigan. Como reporta CNN Chile, el presidente estadounidense no se detiene ahí: amenazó con declarar una emergencia eléctrica nacional en los estados afectados y con aranceles «sustancialmente» mayores a los automóviles canadienses a partir del 2 de abril. Su objetivo, dijo sin tapujos, es que esos aranceles «básicamente, cerrarán de manera permanente el negocio de fabricación de automóviles en Canadá». Es decir, no busca negociar: busca aniquilar una industria.

La ley de 1930: el arma legal que nadie usó
Lo más inquietante de esta disputa no es solo la magnitud de los aranceles, sino la herramienta legal que Trump está utilizando. Según Infobae, que cita a The New York Times, el gobierno estadounidense invocó la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición redactada durante la Gran Depresión que permite al presidente imponer aranceles de hasta el 50% a países que «discriminan» el comercio estadounidense. Es una ley oscura, nunca antes utilizada en la historia moderna, y que podría violar directamente el T-MEC, el acuerdo comercial que los propios tres países firmaron. Mark Carney ya lo señaló: los nuevos aranceles están «en violación directa» del tratado. Pero a Trump parece importarle poco la legalidad internacional cuando tiene un tuit que publicar.
«No podemos controlar la tormenta que se avecina desde Washington», afirmó Carney el sábado. «Canadá igualará los nuevos aranceles de Washington dólar por dólar para proteger a los trabajadores, agricultores, familias y empresas canadienses».
La respuesta canadiense no se ha hecho esperar. Ontario, la provincia más poblada y motor industrial del país, ya aplica un recargo del 25% a la electricidad que envía a tres estados del norte, y su primer ministro, Doug Ford, amenaza con cortar por completo el suministro si Trump sigue escalando. «¿Es una herramienta en nuestro arsenal? Al 100%», dijo Ford en CNBC, según CNN Chile. Y no es una amenaza vacía: el recargo podría aumentar las facturas de electricidad de los estadounidenses en 100 dólares al mes, un golpe directo al bolsillo de los votantes que Trump necesita para su reelección. La ironía es tan gruesa que se puede cortar: el hombre que prometió «hacer a América grande otra vez» está encareciendo la energía, los autos y el acero para sus propios ciudadanos.

¿Y México? El elefante en la sala
Mientras Trump y Carney se enfrascan en una guerra de aranceles, México observa desde la línea de fuego. El T-MEC, que incluye a los tres países, es el acuerdo comercial más importante de la región, y cualquier violación de sus términos por parte de EE.UU. sienta un precedente peligroso. Si Trump puede usar la Sección 338 contra Canadá, ¿qué le impide hacer lo mismo contra México? La respuesta corta: nada. La larga: solo la voluntad política de un presidente que ya ha demostrado que los tratados son papel mojado cuando le conviene. Los aranceles del 50% a productos canadienses, que según Infobae entrarán en vigor en 30 días, incluyen vino, palos de hockey, cemento, productos lácteos, madera contrachapada, papel y muebles. La lista parece diseñada para castigar a industrias específicas, pero el mensaje es para todos: nadie está a salvo.
La reacción de los mercados fue inmediata: el Dow Jones cayó un 0,2% tras el anuncio de Trump, y el índice de empresas líderes bajó un 1,1% a las 10:30 am, según CNN Chile. Pero el impacto real se sentirá en las fábricas canadienses, que dependen de las exportaciones a EE.UU. para sobrevivir. La industria automotriz canadiense, integrada con la estadounidense y la mexicana, es un ecosistema donde las piezas cruzan la frontera varias veces antes de convertirse en un auto terminado. Imponer aranceles del 50% no solo cerraría plantas en Canadá: también encarecería los autos en EE.UU. y afectaría a los trabajadores mexicanos que producen componentes para esas mismas cadenas. Trump dice que «esos autos se pueden fabricar fácilmente en Estados Unidos», pero ignora que la integración regional es tan profunda que desarmarla costaría miles de millones y años de ajustes.
El juego de la culpa: quién empezó, quién sigue
La narrativa de Trump es que Canadá «ha estado estafando» a EE.UU. durante años. La evidencia dice lo contrario: Canadá es un socio comercial confiable, con aranceles promedio más bajos que los de EE.UU. en muchos sectores. Pero en la era Trump, los hechos importan menos que la percepción. El representante comercial de EE.UU., Jamieson Greer, intentó minimizar el impacto de los aranceles del sábado, diciendo que «afectan a una parte muy pequeña del comercio». Pero la amenaza del 50% a autos y acero no es pequeña: es un golpe directo a los sectores más productivos de Canadá. Y la respuesta de Carney, de igualar los aranceles «dólar por dólar», convierte esta disputa en un juego de suma cero donde todos pierden.
La pregunta que nadie responde es: ¿qué gana Trump con esto? A corto plazo, puede parecer una victoria política para su base, que ve en los aranceles una forma de proteger empleos estadounidenses. Pero a largo plazo, la guerra comercial con Canadá —y potencialmente con México— podría desencadenar una recesión en América del Norte. Los economistas llevan años advirtiendo que los aranceles no crean empleos, solo los reubican, y que el costo lo pagan los consumidores. Pero Trump no escucha a los economistas; escucha a su instinto, y su instinto le dice que Canadá es el enemigo. Mientras tanto, los mercados tiemblan, las fábricas se preparan para lo peor y los ciudadanos comunes se preguntan cuánto más caro será su próximo auto.
La guerra comercial entre EE.UU. y Canadá no es un conflicto lejano ni abstracto. Es una advertencia para México: si Trump está dispuesto a usar una ley de 1930 contra su segundo mayor socio comercial, no dudará en hacer lo mismo con el tercero. La pregunta no es si México será el próximo objetivo, sino cuándo. Y mientras los líderes canadienses hablan de «tormentas» y «herramientas», los mexicanos deberían estar preparando su propio paraguas. Porque cuando el vecino del norte se pelea con su otro vecino, el que vive en medio siempre termina mojado.
Fuentes consultadas:
- Telemundo – Trump responde a Carney y amenaza con aumentar los aranceles a automóviles, camiones y metales de Canadá al 50%
- Cnnchile – Trump amenaza con nuevos aranceles de hasta 50% a Canadá y advierte que hará cerrar su industria automotriz
- Youtube – – YouTube
- Infobae – Trump impondrá un arancel del 50% a muchos productos canadienses – Infobae


