Lo que debes de saber
- Shio III, de 57 años, fue elegido por 22 de 30 miembros del Sínodo y entronizado en Mtsjeta.
- Sustituye a Iliá II, quien lideró la iglesia por casi medio siglo y fue clave en la autocefalia de 1990.
- La ceremonia contó con la presencia del presidente, primer ministro y el fundador del partido Sueño Georgiano.
- El nuevo patriarca tiene formación en teología y cello, y fue tonsurado monje en 1993.

Un cellista en el trono patriarcal
El metropolita Shio Mujiri fue entronizado este martes como Shio III, el patriarca número 142 de la Iglesia ortodoxa georgiana. La ceremonia, celebrada en la catedral de Svetitsjoveli en Mtsjeta —el centro religioso de la Georgia medieval, a 35 kilómetros de Tiflis—, tuvo un nivel de Estado que pocas veces se ve: el presidente Mijaíl Kavelashvili, el primer ministro Irakli Kobajidze, el presidente del Parlamento Shalvá Papuashvili y hasta el fundador del partido gobernante Sueño Georgiano, Bidzina Ivanishvili, estuvieron presentes. Según reporta Infobae, la transmisión en vivo por canales nacionales concluyó con gritos de «¡Axios!» (¡Digno!) cuando Shio III recibió los símbolos del Patriarcado. Pero más allá del protocolo, lo que realmente importa es lo que este hombre de 57 años, que estudió cello en el Conservatorio Estatal de Georgia antes de ser tonsurado monje en 1993, representa para un país donde más del 90% de los 3.9 millones de habitantes son ortodoxos.
El peso de la historia soviética
La elección de Shio III no ocurre en el vacío. Durante la época soviética, las iglesias georgianas fueron refugios de disidentes, y los sacerdotes —según recuerda Infobae— no delataban a las autoridades. Ese legado de resistencia silenciosa es parte del ADN de la institución que ahora lidera. Su predecesor, Iliá II, fallecido el 17 de marzo tras casi medio siglo al frente, fue el artífice del reconocimiento de la autocefalia de la Iglesia georgiana por el Patriarcado Ecuménico en 1990. También dirigió personalmente una misión para evacuar los restos de soldados georgianos de los campos de batalla en Osetia del Sur durante la guerra de cinco días con Rusia en agosto de 2008, cuando el gobierno no logró acuerdo con el bando contrario. Shio III hereda no solo un cargo, sino una historia de mediación en conflictos que trascienden lo espiritual.
El discurso de unidad nacional
En su primer mensaje como patriarca, Shio III aseguró que «la Iglesia Ortodoxa continuará siendo la unificadora de la nación», según reporta Vatican News. La frase no es casual: Georgia es un país dividido entre una población mayoritariamente ortodoxa y minorías musulmanas y armenias, además de las tensiones con las regiones separatistas de Abjasia y Osetia del Sur. El nuevo patriarca, que también ostenta los títulos de arzobispo de Mtskheta-Tbilisi y metropolita de Abjasia y Bikhvinta, tiene la misión explícita de mantener la cohesión en un Estado que ha sido campo de batalla entre Rusia y Occidente.
«Que su ministerio contribuya para fortalecer los lazos de cordial amistad y promover un diálogo cada vez más fraterno entre nuestras Iglesias», escribió el cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, en un mensaje de felicitación citado por Vatican News.
El cardenal Koch, quien lideró la delegación de la Santa Sé al funeral de Iliá II en marzo, sabe que el camino hacia la unidad cristiana es pedregoso. La Iglesia ortodoxa georgiana ha sido históricamente reacia al diálogo ecuménico, y la sombra de Moscú —que considera a Georgia parte de su esfera de influencia— pesa sobre cualquier movimiento hacia Roma. Shio III, formado en un seminario local y con estudios de cello que sugieren una sensibilidad artística poco común entre jerarcas religiosos, tendrá que navegar entre las aspiraciones de independencia de su iglesia y las presiones geopolíticas que la rodean.
El Sínodo que lo eligió
La elección de Shio III no fue unánime, pero sí contundente: 22 de los 30 miembros del Sínodo apoyaron su candidatura, según Infobae. La reunión, celebrada el 11 de mayo en la Catedral de la Santísima Trinidad de Tiflis, contó con la presencia de 1,200 delegados de toda Georgia, según detalla Vatican News. La cifra de delegados es reveladora: la Iglesia georgiana no es una institución pequeña ni marginal. Es un actor político de primer orden, capaz de movilizar a miles de personas y de influir en decisiones que van más allá de lo espiritual. La presencia de Ivanishvili, el multimillonario fundador de Sueño Georgiano, en la ceremonia de entronización, subraya la alianza tácita entre el poder político y el religioso en un país donde la separación Iglesia-Estado es más teórica que práctica.
Shio III, cuyo nombre de bautismo es Elizbar Teimuraz Mujiri, ya ocupaba el cargo de locum tenens (administrador temporal) de la sede patriarcal desde la muerte de Iliá II. Su elección era esperada, pero no por ello menos significativa. En un país donde la religión es identidad nacional, el nuevo patriarca tiene la tarea de mantener viva la llama de una ortodoxia que, durante la era soviética, fue un refugio de resistencia. Ahora, en tiempos de guerra y polarización, deberá demostrar que la unidad que predica no es solo un discurso.


