Lo que debes de saber
- Iberdrola vendió su filial mexicana a Cox por 4 mil mdd, sumando 10 mil 959 mdd en total desde 2023.
- La empresa española fue estigmatizada por AMLO, pero ahora CFE busca inversión privada para sus proyectos.
- Iberdrola redirige su capital a EU, Reino Unido y Brasil, mientras México pierde a un gigante energético.
- La operación fue aprobada por autoridades regulatorias mexicanas, pese al discurso de soberanía energética.

El adiós que nadie lloró (pero que todos pagaremos)
Este viernes, El Imparcial reportó que Iberdrola concretó su salida total de México al vender el 100% de su filial a Cox, en una operación valuada en 3 mil 643 millones de euros (unos 4 mil millones de dólares). Con esto, la empresa española acumula 9 mil 356 millones de euros obtenidos por ventas de activos en el país desde que inició su proceso de desinversión en 2023. Pero la cifra que duele es otra: más de 10 mil 959 millones de dólares que se van de México, según reportes corporativos de Iberdrola y comunicaciones a organismos regulatorios en España.
La noticia no es nueva en el sentido de que ya se veía venir desde que el expresidente Andrés Manuel López Obrador convirtió a Iberdrola en el villano de su narrativa energética. Lo que sí es nuevo —y profundamente irónico— es que mientras la empresa española empaca sus maletas con una ganancia histórica, la CFE, esa misma que prometió devolverle al Estado el control del sector eléctrico, ahora busca inversión privada. Como si el discurso de soberanía energética fuera un traje que se pone y se quita según la necesidad del momento.

La paradoja de la 4T: estigmatizar primero, pedir ayuda después
El Universal documenta que Iberdrola fue «constantemente estigmatizada por el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, lo que propició su salida desde 2023». Y es cierto: AMLO la señaló como ejemplo de los abusos del modelo neoliberal, la acusó de cobrar tarifas excesivas y hasta sugirió que había corrupción en sus contratos. Pero ahora, con la CFE buscando inversión privada para sus proyectos, el discurso se desmorona como un pastel de cumpleaños en el suelo.
«La empresa española había sido constantemente estigmatizada por el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, lo que propició su salida desde 2023, con la venta de centrales eléctricas directamente al gobierno mexicano.» — El Universal
La ironía es tan gruesa que se podría cortar con un cuchillo. Durante años, el discurso oficial fue que el sector energético debía estar en manos del Estado para garantizar la soberanía nacional. Pero ahora, con la salida de Iberdrola, la CFE no solo pierde a un competidor, sino que también pierde la oportunidad de aprender de una empresa que, guste o no, tenía una eficiencia operativa que la paraestatal mexicana aún no logra. Y mientras tanto, Iberdrola se lleva el dinero a mercados que considera «más estables desde el punto de vista regulatorio», según reporta El Imparcial.
¿Y ahora quién llena el vacío?
La salida de Iberdrola no es solo una noticia financiera; es un síntoma de algo más profundo. México pierde a uno de los actores más importantes en generación de energía limpia y eficiente. Y aunque la CFE promete que lo suplirá, la realidad es que la paraestatal tiene una deuda millonaria, una infraestructura envejecida y una burocracia que no se distingue precisamente por su agilidad. Mientras tanto, Iberdrola redirige sus inversiones hacia Estados Unidos, Reino Unido, Brasil y España, con un plan de inversión de 55 mil millones de euros enfocado en redes de transporte y distribución, según El Universal.
La pregunta que queda flotando en el aire es: ¿valió la pena? ¿Valió la pena estigmatizar a una empresa que, al final, se fue con más de 10 mil millones de dólares, mientras la CFE ahora tiene que pedir inversión privada para no colapsar? Porque si el objetivo era fortalecer a la CFE, el resultado parece más bien lo contrario. Y si el objetivo era demostrar que México no necesita inversión extranjera, entonces la realidad se encargó de darle un golpe de realidad a la 4T.
El negocio redondo de Iberdrola (y la lección que México no aprendió)
Iberdrola no solo se va con las ganancias de la venta de sus activos, sino que también se lleva la experiencia de haber operado en un mercado que, pese a la hostilidad gubernamental, le generó rendimientos históricos. La empresa, que llegó a México en los años 90, construyó una de las plataformas energéticas privadas más grandes del país, con plantas de ciclo combinado, parques eólicos y solares. Y ahora, con la venta a Cox, el grupo del empresario español Enrique Riquelme Vives, la historia se cierra con un final que parece más un triunfo para Iberdrola que para México.
Mientras tanto, la CFE se enfrenta a un futuro incierto. La paraestatal, que ha sido el estandarte de la soberanía energética de la 4T, ahora tiene que buscar inversión privada para modernizar su infraestructura y cumplir con los compromisos de generación limpia. Y aunque el gobierno insiste en que la inversión privada será bajo condiciones que beneficien al Estado, la realidad es que el mercado energético mexicano se ha vuelto menos atractivo para los inversionistas extranjeros, justo cuando más se necesita.
La lección que México no aprendió es simple: estigmatizar a la inversión privada no la hace desaparecer; solo la hace irse a otro lado. Y cuando se va, se lleva consigo no solo el dinero, sino también la tecnología, la eficiencia y los empleos. La CFE, por más que lo intente, no puede competir con la agilidad del sector privado. Y ahora, con Iberdrola fuera del mapa, el país se queda con un monopolio estatal que, históricamente, ha sido más un lastre que un motor de desarrollo.
Así que, mientras Iberdrola celebra su salida con más de 10 mil millones de dólares en el bolsillo, México se queda con la factura de una política energética que prometió soberanía y terminó pidiendo ayuda. Y la pregunta que nadie quiere responder es: ¿quién será el próximo en irse?


