Lo que debes de saber
- El peso mexicano cotiza en 17.42 unidades por dólar, su nivel más bajo en semanas.
- La tensión entre Estados Unidos e Irán y la falta de acuerdos comerciales presionan a la moneda.
- Milenio reporta que el peso perfila una semana negativa, mientras Radio Fórmula confirma la caída.
- El Debate, por su parte, registró una ligera recuperación previa que no logró sostenerse.
El peso que pesa: de la euforia al desencanto
El viernes 24 de abril de 2026 amaneció con el peso mexicano cotizando en 17.42 unidades por dólar, según reportó Radio Fórmula. La cifra no es cualquier cosa: representa el nivel más bajo en semanas y confirma que la moneda nacional está en una espiral descendente que nadie en el gobierno quiere reconocer como tal. Lo curioso es que apenas un año antes, el 24 de abril de 2025, El Debate reportaba que el peso se apreciaba 0.36% y cotizaba en 19.56 por dólar, beneficiándose de la debilidad del dólar y datos locales de inflación. En doce meses, la historia dio un giro de 180 grados: el dólar no solo se fortaleció, sino que el peso perdió casi dos unidades de valor frente al billete verde. ¿Qué pasó en el camino? La respuesta, como casi siempre, está en lo que no se dice en los comunicados oficiales.
El contexto que nadie quiere vender
Milenio señala que el peso perfila una semana negativa ante la falta de acuerdos, pero omite mencionar que la tensión geopolítica entre Estados Unidos e Irán es solo la punta del iceberg. Detrás de esta caída hay una combinación letal: la incertidumbre por las políticas arancelarias de la administración estadounidense, la desaceleración de la economía china —que reduce la demanda de materias primas mexicanas— y, sobre todo, la ausencia de una estrategia clara por parte de la Secretaría de Hacienda para blindar al peso. Mientras tanto, el Banco de México mantiene las tasas de interés en niveles altos, pero eso ya no es suficiente para atraer capitales cuando el riesgo país sigue subiendo. La paradoja es evidente: el mismo gobierno que presume de disciplina fiscal no logra contener la hemorragia cambiaria.
«El peso mexicano se aprecia 0.36% y cotiza en 19.56 por dólar; el tipo de cambio se beneficia de la debilidad del dólar y datos locales de inflación.» — El Debate, 24 de abril de 2025
Lo que el dato no cuenta
El contraste entre la nota de El Debate de 2025 y la realidad de 2026 es brutal. Hace un año, el peso se daba el lujo de ganar terreno gracias a la debilidad del dólar y a una inflación que parecía controlada. Hoy, el dólar está fuerte no por la salud de la economía estadounidense, sino por la huida hacia activos refugio que genera la guerra en Medio Oriente. Y México, atrapado en medio, paga los platos rotos. La falta de acuerdos entre EU e Irán no es un problema mexicano, pero sus consecuencias sí lo son: cada vez que sube la tensión geopolítica, el peso es de las primeras monedas en depreciarse. Esto revela una vulnerabilidad estructural que ningún discurso oficial puede maquillar. La economía mexicana sigue siendo demasiado dependiente de factores externos y de la relación comercial con Estados Unidos, y cualquier chispazo en el tablero global nos pega directo en el bolsillo.
¿Y las promesas de estabilidad?
Durante la campaña y los primeros meses del sexenio, se vendió la idea de que el «súper peso» era resultado de una política económica ejemplar. Se repitió hasta el cansancio que la fortaleza de la moneda era señal de confianza. Pero cuando el contexto global cambió, esa confianza se evaporó como agua en el desierto. Hoy, con el peso en 17.42, las declaraciones triunfalistas suenan huecas. Radio Fórmula lo dice claro: el peso se estresa por la guerra. Pero el estrés no es solo geopolítico; es también la consecuencia de no haber construido blindajes reales. Mientras otros países emergentes diversifican sus mercados y fortalecen sus reservas internacionales, México sigue apostando todo a una sola carta: la relación con Estados Unidos. Y cuando esa carta se tambalea, todo el castillo de naipes tiembla.
El dato de 17.42 no es una casualidad ni un susto pasajero. Es el reflejo de una economía que, pese a los discursos, sigue siendo frágil y dependiente. La pregunta que debería incomodar a más de uno en Palacio Nacional es: ¿qué se va a hacer para que el peso no siga siendo el termómetro de guerras ajenas? Porque mientras no haya una respuesta clara, el dólar seguirá subiendo y el famoso «súper peso» será solo un recuerdo que, como las promesas de campaña, se desvanece con el tiempo.


