Lo que debes de saber
- En Perú, el 30% de las mesas no se instalaron por fallas logísticas de la ONPE, lo que desató un debate sobre la nulidad cualitativa de las elecciones.
- En México, la reforma electoral busca debilitar al INE mediante leyes secundarias, ante la imposibilidad de una reforma constitucional.
- La sentencia C-437/13 de Colombia establece límites a la libertad configurativa del legislador, pero en la práctica, la política se impone sobre el derecho.
- Ambos casos evidencian cómo los vacíos normativos se explotan para favorecer intereses políticos, erosionando la democracia.

El fantasma de la nulidad recorre América Latina
La democracia, ese invento maravilloso que permite cambiar de gobierno sin balazos, tiene un talón de Aquiles: cuando las reglas del juego se cambian durante el partido. En las últimas semanas, dos noticias han puesto el dedo en la llaga. Por un lado, en Perú, el 30% de las mesas de sufragio no se instalaron el día de las elecciones generales de 2026 debido a un fallo logístico de la ONPE. Por el otro, en México, la reforma electoral impulsada por Morena y sus aliados busca, según sus críticos, destruir al INE desde las leyes secundarias. Dos países, un mismo síntoma: la tentación de manipular los procesos electorales cuando los resultados no son los esperados.
Perú: cuando la logística se convierte en excusa
El caso peruano es un ejemplo perfecto de cómo un problema técnico puede desatar una crisis de legitimidad. Según un análisis jurídico publicado en LinkedIn, la falla en la distribución del material electoral por parte de la empresa contratista Servicios Generales Galaga S.A.C. dejó a miles de ciudadanos sin poder votar. El artículo plantea una pregunta incómoda: ¿la nulidad constitucional en materia electoral debe ser solo cuantitativa (contar votos mal hechos) o también cualitativa (cuando el proceso mismo está viciado)? El autor recuerda que el artículo 31 de la Constitución peruana, en su último párrafo, establece que «es nulo todo acto que impida el ejercicio del derecho de sufragio». Si el 30% de las mesas no se instalaron, ¿no se está impidiendo ese derecho de forma masiva?
«La gravedad del hecho fue reconocida por el propio Jefe de la ONPE, Piero Corvetto, quien ante la Comisión de Fiscalización del Congreso…» – Es LinkedIn
El problema es que la interpretación tradicional se ha centrado en lo cuantitativo: si los votos se cuentan bien, la elección es válida. Pero aquí el asunto es más profundo: si la institución encargada de organizar las elecciones falla estrepitosamente, ¿puede considerarse legítimo el resultado? La pregunta no es menor, y resuena con fuerza en un país donde la desconfianza en las instituciones es moneda corriente.
México: la reforma que no necesita votos
Del otro lado del continente, la historia tiene un aire de familia. En México, la reforma electoral no ha logrado consolidarse porque Morena no tiene los votos suficientes en el Congreso para una reforma constitucional. Pero, como bien señala José González Morfín en El Universal, «para cambiar las leyes secundarias, cuentan con los votos necesarios». Es decir, si no pueden destruir al INE por la vía constitucional, lo harán por la puerta de atrás, debilitándolo en sus funciones, presupuesto y capacidad de acción. El artículo de Morfín es lapidario: «El Poder Legislativo en México no puede estar subordinado a otro Poder como el Ejecutivo». Pero la realidad es que, con una mayoría afín, la línea entre la colaboración de poderes y la subordinación se vuelve borrosa.
El precedente colombiano: la libertad configurativa tiene límites
Para entender hasta dónde puede llegar un legislador en su afán de reformar, vale la pena echar un vistazo a la sentencia C-437/13 de la Corte Constitucional de Colombia. En ella, el tribunal establece que «la libertad de configuración normativa del legislador, aunque es amplia, tiene ciertos límites que se concretan en el respeto por los principios y fines del Estado, la vigencia de los derechos fundamentales y la observancia de las demás normas constitucionales». Traducción: el legislador no puede hacer lo que le venga en gana. Pero en la práctica, como demuestran los casos peruano y mexicano, la política suele imponerse sobre el derecho. La sentencia colombiana, disponible en Corteconstitucional Gov Co, es un recordatorio de que las reglas existen, pero solo funcionan si hay voluntad de cumplirlas.
El denominador común: la desconfianza
Lo que une a Perú, México y Colombia es la erosión de la confianza en los procesos electorales. En Perú, la ONPE falló y ahora se debate si las elecciones son válidas. En México, se busca reformar al INE para, según sus críticos, controlarlo. En Colombia, la Corte Constitucional recuerda que hay límites, pero la pregunta es si alguien los respeta. La democracia no es perfecta, pero su fortaleza radica en que las reglas sean claras y se apliquen por igual. Cuando los actores políticos empiezan a torcerlas a su favor, el sistema se resquebraja. Y el primero en perder es el ciudadano, que ve cómo su voto vale cada vez menos.
Al final, la lección es simple: el poder se gana con votos, no con reformas a modo. Pero mientras haya quien prefiera cambiar las reglas antes que ganar elecciones limpias, la democracia seguirá siendo un ideal en construcción.


