El futuro del viaje: supersónico y sin filas

De la seguridad biométrica a los jets supersónicos silenciosos: cómo la tecnología promete transformar la experiencia de

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Lo que debes de saber

  • La pandemia aceleró la adopción de sistemas biométricos y sin contacto en aeropuertos, que podrían eliminar las filas de seguridad.
  • Empresas como Vrbo reportan que el 65% de los estadounidenses planea viajar más en 2021 que antes de la pandemia.
  • Proyectos de aviones supersónicos buscan superar el legado del Concorde, con diseños más silenciosos y eficientes.
  • La viabilidad comercial de los jets supersónicos sigue siendo incierta, pero la inversión en I+D no se detiene.
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Tomado de: Cnbc

El viaje sin fricción: un sueño post-pandemia

Después de más de un año de confinamientos, restricciones y una fatiga pandémica que ya es casi un deporte olímpico, los estadounidenses vuelven a soñar con viajar. Y no solo sueñan: según una encuesta de Cnbc, el 65% de los encuestados por Vrbo planea viajar más en 2021 que antes del Covid. Pero este regreso no será un simple replay de 2019. La industria turística, golpeada pero viva, está rediseñando cada paso del viaje, desde la reserva hasta el abordaje, con una promesa que suena a ciencia ficción: viajar sin fricción. ¿El precio? Una vigilancia biométrica que haría palidecer a cualquier distopía.

Jeff Hurst, presidente de Vrbo, lo dijo claro en la entrevista con Cnbc: «Lo alentador es que la gente está poniendo su dinero donde está su boca y reservando ese viaje«. Y es cierto: el 46% de los encuestados por Expedia Group aseguró que viajaría más cuando una vacuna estuviera disponible. Pero lo que no dice el reporte es que ese «viaje sin fricción» implica ceder datos biométricos como nunca antes. Escáneres faciales, huellas digitales, reconocimiento de iris: la seguridad aeroportuaria se vuelve invisible, pero también total. El dilema no es menor: ¿estamos dispuestos a intercambiar privacidad por velocidad?

«Lo alentador es que la gente está poniendo su dinero donde está su boca y reservando ese viaje» — Jeff Hurst, presidente de Vrbo, a Cnbc.

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Tomado de: Dailymail

El regreso del sueño supersónico (sin el estruendo)

Mientras los aeropuertos se preparan para un futuro sin filas, en los laboratorios de ingeniería aeroespacial se gesta otra revolución: la del vuelo supersónico. El Concorde, ese ícono de la aviación que cruzaba el Atlántico en tres horas y media, se retiró en 2003 por costos insostenibles y problemas de seguridad. Pero su espíritu nunca murió. Como reporta Bbc, «la idea de viajar más rápido que la velocidad del sonido sigue siendo seductora«. Y vaya que sí: hoy, empresas como Boom Supersonic y la NASA trabajan en diseños que prometen eliminar el «boom» sónico, ese estruendo que prohibió los vuelos supersónicos sobre tierra firme.

El truco está en la forma. Los nuevos conceptos, como el biplano japonés que menciona la BBC, buscan dispersar las ondas de choque para que el avión sea tan silencioso como un jet convencional. Pero no nos dejemos llevar por la emoción: el camino está lleno de obstáculos. El Daily Mail recuerda que el SR-71 Blackbird, el avión espía más rápido de la historia (Mach 3.3), estaba diseñado para perder combustible a propósito. Hacer un avión supersónico comercial, seguro y rentable es un desafío de otro planeta. Y sin embargo, ahí están, invirtiendo millones.

Lecciones del pasado: el Concorde y el Concordeski

La historia no es amable con los sueños supersónicos. El Concorde fue un prodigio técnico, pero un desastre comercial. Solo 14 aviones en servicio, boletos carísimos y una clientela de élite que no alcanzó para sostenerlo. Y ni hablar del Tupolev Tu-144 soviético, apodado «Concordeski», que tuvo una vida aún más accidentada. Como señala la BBC, «esperemos que tengan más éxito que los diseños del pasado«. La ironía es que, mientras la tecnología avanza, las lecciones de los años 70 siguen vigentes: la eficiencia energética y el costo por asiento-kilómetro son los verdaderos talones de Aquiles.

Pero hay un dato que pocos mencionan: el 67.72% de los encuestados por The Vacationer planea viajar este verano, según Cnbc. Eso significa que la demanda existe, pero para vuelos supersónicos, el mercado es minúsculo. Quizás el verdadero futuro no sea un Concorde 2.0, sino una red de jets ejecutivos supersónicos para los ultrarricos, mientras el resto seguimos volando en aviones de siempre, pero con menos filas y más escáneres faciales.

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Tomado de: Bbc

El viaje en 2040: ¿utopía o distopía?

Imaginemos el escenario: llegas al aeropuerto, caminas sin detenerte por un corredor biométrico que te identifica, pesa tu equipaje y te asigna la puerta de abordaje en segundos. Abordas un avión supersónico que te lleva de la Ciudad de México a Tokio en cuatro horas, sin el estruendo que molestaba a los vecinos del aeropuerto. Suena idílico, pero el precio de esa eficiencia es una vigilancia total de tus movimientos, tus datos y hasta tus expresiones faciales. Y el boleto, claro, costará lo que hoy cuesta un auto compacto.

El análisis de las tres fuentes —Cnbc, BBC y Daily Mail— revela una verdad incómoda: el futuro del viaje se bifurca. Para la mayoría, será más rápido en tierra (menos filas, más tecnología) pero igual de lento en el aire. Para una minoría, el cielo será el límite, con aviones que rompen la barrera del sonido. La pregunta que queda flotando, más incómoda que un vuelo de 14 horas, es: ¿para quién está diseñado realmente este futuro? Porque si algo nos enseñó la pandemia, es que viajar es un privilegio, no un derecho. Y la tecnología, por más brillante que sea, rara vez lo democratiza.


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