Lo que debes de saber
- Trabajadores de Dos Bocas reportaron una nube de vapor y activaron alarmas por gases; les dijeron que era ‘neblina’.
- Tres días después del incidente de la ‘neblina’, se incendió la planta coquizadora de la misma refinería.
- Este episodio se suma a un incendio mortal en marzo y un derrame de crudo, todos con versiones oficiales cuestionadas.
- El gobierno federal tiene un historial de minimizar o negar incidentes en sus obras emblemáticas, desde Dos Bocas hasta el AIFA.

No es neblina, es el humo de la versión oficial quemándose
La semana pasada, en la refinería Olmeca de Dos Bocas, Tabasco, se armó un desmadre que empezó con una nube sospechosa y terminó, como suele pasar en este sexenio, con un comunicado de Pemex que decía que todo estaba en orden. Según el testimonio recogido por Periodicocorreo, los trabajadores detectaron una acumulación de vapor que les hizo sonar las alarmas –literalmente– y procedieron a evacuar. La respuesta que recibieron de sus superiores fue para enmarcar: «No se preocupen, es neblina». Sí, neblina. En una refinería. En Tabasco. El mismo estado donde, según reportes del Informador, la neblina matutina en zonas urbanas es un fenómeno climático común, pero que difícilmente activa sistemas de emergencia industrial. La orden fue regresar a sus puestos. Tres días después, esa misma refinería, la joya de la corona energética de la 4T, amaneció con la planta coquizadora en llamas. Afortunadamente, en este episodio no hubo víctimas, pero el patrón es tan claro como el humo que debió verse desde lejos: primero se minimiza el riesgo, luego ocurre el desastre y finalmente se insiste en que ‘opera con normalidad’. Es una normalidad bastante pirata.
«El lunes de la semana pasada, los trabajadores de la refinería de Dos Bocas detectaron una nube de vapor que les generó preocupación. Según el testimonio de quienes lo vivieron de manera directa, se activaron las alarmas por acumulación de gases e inició la evacuación del personal. Cuentan que al final, lo que les dijeron es que era neblina.»
Este incidente de la supuesta neblina no es un caso aislado, es el capítulo más reciente de una serie negra. A mediados de marzo, en la misma Dos Bocas, un incendio dejó cinco personas muertas. En esa ocasión, la narrativa oficial, con la entonces presidenta Claudia Sheinbaum a la cabeza, intentó por todos los medios desvincular el siniestro de la refinería. La versión era que una lluvia había desbordado unas ‘aguas aceitosas’ que, por arte de magia, se prendieron. El problema es que en Tabasco llueve a cántaros y no todas las precipitaciones terminan en tragedias industriales con víctimas mortales. Luego vino el derrame de crudo frente a las costas de Veracruz. Ahí, la gobernadora morenista y exsecretaria de Energía, Rocío Nahle –la misma que dirigió la construcción de Dos Bocas–, salió al quite con una teoría digna de una novela de espionaje: culpó a un buque de una empresa que, oh casualidad, había recibido contratos en tiempos de Peña Nieto. Con el tiempo, esa versión se esfumó y ahora la explicación oficial apunta a ‘chapopoteras’, mientras organizaciones no gubernamentales señalan a un oleoducto de Pemex. Es un juego de espejos donde la culpa nunca es del proyecto estrella.

La ‘neblina mental’ institucional: un síntoma de la 4T
Podríamos hablar de una especie de «neblina mental» institucional, un término que el Informador explica como un efecto post-COVID que causa confusión y falta de claridad. Pero en este caso, el virus parece ser la obsesión por proteger la imagen de las obras faraónicas a cualquier costo, incluyendo el de la verdad y, a veces, el de la vida humana. Esta neblina no es un fenómeno pasajero como los que cubren Guadalajara en las mañanas, documentados en múltiples reportes del Informador. Esta es una cortina de humo permanente, una estrategia de comunicación donde cualquier incidente, por grave que sea, se redefine hasta volverlo inofensivo. Un incendio mortal es ‘aguas aceitosas’. Una fuga es ‘chapopotera’ o culpa de un buque fantasma. Una nube de gases que activa protocolos de emergencia es solo ‘neblina’. El problema con mentirle a la gente sobre riesgos reales es que, tarde o temprano, la realidad se impone con fuego, derrames o tragedias.
El contraste con cómo se reportan otros fenómenos naturales es abismal. Cuando en Guadalajara ocurre una tolvanera, como la reportada por el Informador, los medios explican de qué se trata, sus causas y sus posibles efectos. No hay un aparato estatal tratando de convencer a la ciudadanía de que una nube de polvo de 20 metros es solo una brisa fresca. La diferencia está en la intención: informar versus ocultar. En Dos Bocas, y en general en la narrativa de la 4T sobre sus megaobras, prima la segunda. El Tren Maya ‘opera con normalidad’ aunque esté semivacío. El AIFA ‘es un éxito’ a pesar de sus bajísimos niveles de ocupación. Y Dos Bocas ‘no ha presentado ninguna contingencia’ mientras sus trabajadores huyen de alarmas y sus instalaciones se incendian. Es un universo paralelo donde las palabras pierden su significado y un incendio puede no ser un incendio si así lo decreta el comunicado de prensa.

¿Hasta cuándo la neblina? Cuando se disipe, veremos el desastre completo
La pregunta incómoda, la que duele, es qué más está pasando detrás de esa neblina oficial. Si un evento que obliga a evacuar se minimiza públicamente, ¿qué otros incidentes, quizá menores, nunca trascienden? ¿Qué condiciones reales de seguridad operativa se están encubriendo con este discurso de ‘normalidad’ absoluta? El patrón es peligroso porque erosiona la confianza en las instituciones y, lo que es más grave, pone en riesgo a las personas que trabajan en esos sitios y a las comunidades aledañas. La gente de Tabasco y Veracruz no necesita que le expliquen qué es una tolvanera o la neblina matutina; ellos saben distinguir entre un fenómeno climático y una emergencia industrial. El insulto no es solo decirles ‘es neblina’, es tratarlos como si no pudieran notar la diferencia. La adicción a la mentira, como la llama el columnista de Periodicocorreo, no es un vicio inofensivo. Tiene consecuencias. Cinco familias lo saben desde marzo. Y el rosario de desgracias en las obras insignia –el descarrilamiento del Tren Interoceánico con 14 muertos, el fracaso comercial del AIFA y el Tren Maya– sugiere que el problema es sistémico, no una simple mala racha. La neblina se disipará, siempre lo hace. El problema es lo que vamos a encontrar cuando por fin podamos ver con claridad el estado real de estos proyectos que nos costaron, y siguen costando, tanto.
Fuentes consultadas:
- Periodicocorreo – «No se preocupen, es neblina»
- Informador – Lluvia GDL: La ZMG amanece cubierta de neblina
- Informador – COVID: ¿Qué es y cuánto dura la neblina mental postCOVID?
- Informador – Clima en ZMG: Amanece la metrópoli con neblina este lunes (FOTOS)
- Informador – Guadalajara: ¿Qué es una tolvanera, el extraño fenómeno que ocurrió en la noche?


