Lo que debes de saber
- El canciller cubano Bruno Rodríguez afirmó ante la ONU que espera que ‘nunca ocurra’ una intervención militar de Estados Unidos.
- Rodríguez advirtió que una acción militar sería un ‘crimen de gran envergadura’ con muertes de cubanos y estadounidenses.
- Trump declaró que no cree ‘que sea necesario el Ejército’ y que EE.UU. y Cuba harán ‘un acuerdo’.
- Cuba se declara abierta a relaciones comerciales con empresas estadounidenses y al diálogo bilateral.

El discurso que huele a pólvora y a contrato
El canciller cubano Bruno Rodríguez subió al podio de la Asamblea General de la ONU con un mensaje que parecía sacado de la Guerra Fría: espera que “nunca ocurra” una intervención militar de Estados Unidos en la isla. Pero lo verdaderamente llamativo no fue la advertencia, sino el contexto. Horas antes, la cadena CBS News había informado que las Fuerzas Armadas estadounidenses se preparaban para una posible acción militar. La noticia encendió las alarmas en La Habana, y Rodríguez no perdió tiempo para responder desde el escenario más visible del planeta. Elheraldo Co reporta que el canciller calificó una acción de ese tipo como un “crimen de gran envergadura” que provocaría muertes de cubanos y de jóvenes estadounidenses, además de una enorme destrucción. El tono era de advertencia, pero también de súplica contenida.
Sin embargo, la respuesta de Donald Trump desde la Casa Blanca fue casi un balde de agua fría para los halcones: dijo que no cree “que sea necesario el Ejército” contra Cuba y que ambos países harán “un acuerdo”. Agregó que quiere “ayudar a Cuba” y “abrir” el país porque hay “cubano-estadounidenses que quieren regresar”. La contradicción no pudo ser más evidente: mientras el Pentágono se prepara para lo peor, el presidente habla de negocios y reunificación familiar. Eju Tv recoge que Rodríguez también anunció que Cuba está abierta a relaciones comerciales con compañías estadounidenses, un giro que suena más a pragmatismo económico que a ideología revolucionaria.
“Cuba ejercería con toda su determinación y energía su legítimo derecho a defenderse”, advirtió Bruno Rodríguez ante la ONU.

La Revolución que coquetea con el capitalismo
El canciller no solo habló de defensa. También anunció que el régimen castrista está dispuesto a comerciar con empresas de Estados Unidos y a dialogar para resolver diferencias bilaterales. Según Eju Tv, Rodríguez mencionó las 176 reformas económicas adoptadas en junio pasado, que buscan liberalizar y descentralizar la economía, aunque insistió en que son medidas para “persistir en la construcción del socialismo”. La frase es un clásico: abrir la puerta al capital sin soltar el discurso revolucionario. Es como invitar a cenar al enemigo y decir que solo es para hablar de la receta.
El problema es que ese enemigo, Estados Unidos, tiene un historial de intervenciones que no ayuda a la confianza. La mención de Rodríguez a Venezuela no es gratuita: en 2019, Trump coqueteó con una acción militar contra Maduro, y aunque nunca se concretó, dejó una cicatriz en la región. Ahora, con Cuba, el guion parece repetirse: amenaza, discurso en la ONU, oferta de diálogo y un Trump que dice que todo se arreglará con un apretón de manos. La diferencia es que Cuba no tiene petróleo, pero sí una posición geográfica que ha sido estratégica desde la crisis de los misiles.
El juego de ajedrez donde todos mueven la misma pieza
Lo que no se dice explícitamente es que tanto Cuba como Estados Unidos están atrapados en un juego de suma cero. La isla necesita desesperadamente inversión extranjera y alivio de sanciones para reactivar su economía, que lleva años en crisis. Estados Unidos, por su parte, quiere evitar otra crisis migratoria y tener un triunfo diplomático que Trump pueda presumir. El “acuerdo” que menciona el presidente podría ser cualquier cosa: desde un intercambio comercial limitado hasta una apertura controlada. Pero para que eso ocurra, alguien tiene que ceder primero. Y ceder, en política cubana, es sinónimo de traición para los sectores más duros.
Mientras tanto, la advertencia de Rodríguez sobre una intervención militar no es solo retórica. Elheraldo Co señala que el canciller afirmó que desde el Gobierno son “conscientes del inmenso desafío” que enfrenta la isla para su seguridad y supervivencia. Es una forma elegante de decir que están solos y que cualquier chispa puede encender un polvorín. La comunidad internacional, mientras tanto, observa sin mover un dedo. Rusia, que hace poco exigió la liberación de Maduro y el fin del bloqueo a Cuba, no ha enviado más que comunicados. China, el otro aliado tradicional, guarda silencio. La solidaridad socialista, al parecer, tiene límites cuando se trata de arriesgar barcos.
La pregunta que nadie quiere responder
Si Trump realmente quiere un acuerdo y Cuba está dispuesta a comerciar, ¿por qué el Pentágono sigue preparando planes de contingencia? La respuesta más cínica es que Washington juega a dos bandas: negocia con una mano y amenaza con la otra. La respuesta más optimista es que se trata de una estrategia de presión para que La Habana acepte condiciones que de otro modo rechazaría. En cualquier caso, el resultado es el mismo: incertidumbre. Y en el medio, los cubanos de a pie, que llevan décadas sobreviviendo a discursos, bloqueos y promesas incumplidas. Para ellos, la única intervención militar que importa es la que no llega, y el único acuerdo que vale es el que les ponga comida en la mesa. Lo demás es retórica de podio.


