Lo que debes de saber
- La Comisión de Árbitros emitió un comunicado oficial negando cualquier irregularidad en el uso del VAR.
- El comunicado admite la presencia de un tercero en la cabina del VAR, pero lo justifica como parte de un ‘proceso de capacitación’.
- El reglamento de FIFA prohíbe explícitamente la presencia e intervención de personas no autorizadas durante la revisión de jugadas.
- Esta no es la primera polémica con el VAR en la Liga MX, pero sí una de las más flagrantes en cuanto a la justificación oficial.
- La aclaración de la Comisión parece buscar apagar el fuego, pero solo ha echado más gasolina a la discusión sobre la transparencia.

El ‘protocolo’ que se estira como chicle
La Federación Mexicana de Fútbol, a través de su Comisión de Árbitros, tiene un talento especial: la capacidad de convertir lo evidentemente turbio en un mero ‘proceso de capacitación’. Tras el partido entre Atlético de San Luis y Pumas, donde las decisiones arbitrales y el uso del VAR generaron un escándalo mayúsculo, el organismo salió al quite con un comunicado que, lejos de aclarar, oscureció todo aún más. Según RÉCORD, la Comisión fue categórica: «no se rompió el protocolo». Su argumento central es que la presencia de una persona ajena al equipo arbitral en la cabina del VAR durante la revisión de una jugada clave fue parte de un «programa de formación». Imagínense la escena: un partido de alta tensión, una jugada que puede definir el resultado, y en el cuarto de control donde se toman decisiones que valen puntos, hay un ‘aprendiz’ observando. No es cualquier cosa. Es como si durante una cirugía a corazón abierto, el cirujano jefe dejara entrar a un estudiante de primer semestre a ‘aprender’ cómo se sutura la aorta. El riesgo, la presión y las consecuencias de un error son monumentales. La justificación oficial huele a excusa fabricada a la carrera, un parche mal puesto sobre una llanta ponchada. La afición, los medios y hasta los propios jugadores no se tragan el cuento, y con razón.

FIFA vs. FMF: el manual que nadie leyó
Lo verdaderamente grave no es solo la ocurrencia, sino que la justificación choca de frente con las reglas del juego a nivel mundial. Mientras la Comisión de Árbitros de México habla de ‘capacitación’ in situ, el reglamento de la FIFA pinta un panorama completamente distinto. RÉCORD documenta esta contradicción de manera clara: los protocolos internacionales prohíben tajantemente la presencia e intervención de terceros en la cabina del VAR durante un partido. No es una sugerencia, es una norma de seguridad y ética diseñada para proteger la integridad del proceso. La cabina del VAR debe ser un santuario, libre de influencias externas, donde solo las voces autorizadas del árbitro principal, el asistente de VAR y el árbitro asistente de VAR (AVAR) tienen lugar. Meter a un observador, por más buenas que sean sus intenciones formativas, rompe ese principio fundamental. Es una violación al protocolo, por más que la Comisión mexicana insista en lo contrario con un comunicado que parece redactado por un abogado buscando tecnicismos. La pregunta obligada es: ¿la FMF opera bajo sus propias reglas, inventadas sobre la marcha, o acata los estatutos internacionales que ella misma se compromete a seguir? La evidencia apunta a lo primero.
«Protocolos internacionales prohíben presencia e intervención de terceros en cabina, contrario a lo señalado en el comunicado oficial.» – RÉCORD
Esta no es una polémica aislada. Es el síntoma de una enfermedad crónica en el futbol mexicano: la opacidad y la impunidad en los estamentos de poder. Cada vez que surge un escándalo arbitral, la respuesta institucional sigue un guion predecible: negación inicial, luego una aclaración llena de jargon técnico que confunde más que explica, y finalmente el intento de enterrar el asunto bajo la alfombra, esperando que el siguiente partido o la siguiente polémica distraiga a la gente. El caso del VAR en San Luis es particularmente revelador porque la Comisión no pudo negar el hecho (alguien externo estaba allí), así que optó por redefinir el hecho como algo aceptable. Es un movimiento maquiavélico: si no puedes cambiar la realidad, cambia la definición de lo que es correcto. El problema es que los aficionados no son tontos. Ven el partido, ven las repeticiones, y ven la enorme distancia entre lo que pasó en la cancha y el relato oficial que sale días después desde una oficina. Esta brecha de credibilidad es el verdadero gol en contra para la Liga MX.
¿Capacitación o contaminación?
Analicemos el núcleo del argumento de la Comisión: la ‘capacitación’. Supongamos por un momento que es verdad, que el individuo en la cabina era un árbitro en formación. ¿Cuál es el momento idóneo para su entrenamiento? ¿Un partido de la jornada, con equipos luchando por puntos importantes, donde una sola decisión puede alterar el equilibrio deportivo y económico de un club? Es una elección pésima, por no decir irresponsable. La presión en un partido de Liga MX es enorme; los árbitros ya tienen suficiente con concentrarse en su trabajo sin la carga adicional de ‘enseñar’ a alguien. Además, la mera presencia de un extraño puede influir, aunque sea inconscientemente, en el dinamismo de la toma de decisiones. ¿Se sentirán los árbitros principales más presionados a ‘actuar correctamente’ frente a un testigo? ¿Habrá una hesitación extra al momento de corregir a un colega? La psicología del grupo se altera. Lo que la Comisión llama ‘capacitación’, en cualquier otro contexto deportivo serio se llamaría ‘contaminación’ del proceso. No existe justificación deportiva ni ética para ello. Los programas de formación existen, pero se realizan en contextos controlados, con partidos de menor relevancia o incluso con grabaciones, no en el ojo del huracán de la Liga MX. Esta defensa, por lo tanto, no solo es débil, sino que revela una alarmante falta de criterio sobre lo que significa proteger la pureza del arbitraje.
Al final, el comunicado de la Comisión de Árbitros, amplificado en redes como X (antes Twitter), logró lo contrario de su objetivo. En lugar de cerrar la polémica, la abrió a un debate más profundo y peligroso para la institución: el de su propia credibilidad. Cuando los guardianes de las reglas parecen jugar con ellas a su conveniencia, el deporte entero pierde. Los aficionados del Atlético de San Luis, de Pumas y del futbol en general se quedan con la sensación amarga de que, más allá de los goles y las atajadas, hay un juego paralelo donde las reglas no están escritas para todos por igual. Y eso, señores de la Comisión, sí que es romper el protocolo más importante de todos: el de la confianza.


