INEGI avala: baja percepción de inseguridad en SLP

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Lo que debes de saber

  • La ENSU del INEGI reporta una baja del 73% al 65.4% en percepción de inseguridad en la capital potosina.
  • El SESNSP ubica a SLP por debajo de la media nacional en delitos graves como homicidio y feminicidio.
  • La aprobación a la Guardia Civil Estatal subió apenas 0.2 puntos porcentuales, de 60.7% a 60.9%.
  • Los datos contrastan con la realidad en colonias periféricas y con el incremento de violencia en otras regiones del estado.
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Tomado de: Redaccionsanluispotosi

El INEGI dice que ya no tenemos tanto miedo

La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI acaba de soltar un dato que el gobierno de San Luis Potosí recibió como gol de último minuto: la percepción de inseguridad en la capital bajó del 73% al 65.4% entre el cuarto trimestre de 2023 y el primero de 2024. Siete puntos y medio de diferencia que, en el papel, pintan una ciudad más tranquila. Pero como siempre, la letra chiquita es la que trae el verdadero sabor del caldo.

El gobierno estatal, vía el comunicado oficial, atribuye la mejora a la «estrecha coordinación de las fuerzas estatales y federales» y a la «Estrategia Integral de Seguridad» del gobernador. Y sí, hay datos que respaldan el optimismo: el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) reporta que el estado se mantiene por debajo de la media nacional en delitos como homicidio doloso, feminicidio, robo de autos, casa habitación, transeúnte, transportistas y ganado. Incluso presume que no hubo robos a instituciones bancarias y que el fraude y la extorsión bajaron. Suena bonito, casi como para ponerle un moño al reporte.

«La contratación de más policías, la capacitación, la adquisición de vehículos de patrullaje y operativos de seguridad sectoriales son algunos de los factores que han abonado a mantener la paz y la tranquilidad en la capital y todas las regiones del Estado.» — Redacción San Luis Potosí

La aprobación que no despega

Aquí viene lo interesante: mientras la percepción de inseguridad baja, la aprobación a la Guardia Civil Estatal subió apenas 0.2 puntos porcentuales, de 60.7% a 60.9%. Es decir, la gente siente menos miedo, pero no necesariamente le echa porras a los policías. Ese dato es una joya porque sugiere que la reducción del miedo no viene de un amor repentino a la corporación, sino quizás de otros factores: menos balaceras en zonas visibles, operativos que se ven, o simplemente que la gente ya se acostumbró al nivel de violencia y dejó de considerarlo «inseguridad» en el sentido clásico. El INEGI mide percepción, no realidad objetiva, y ahí está el truco.

Además, el mismo SESNSP que presume las cifras bajas en delitos graves también registra que la violencia familiar, aunque descendió, venía de una tendencia al alza en periodos anteriores. Y ni hablar de delitos como la extorsión, que aunque bajó, sigue siendo un fantasma que pocos denuncian por miedo a represalias. La fotografía que pintan las encuestas es una cosa; la película completa, otra muy distinta.

¿Y las colonias que no aparecen en la encuesta?

La ENSU se aplica en zonas urbanas consolidadas, no en los márgenes de la ciudad ni en comunidades rurales donde la presencia del estado es más un rumor que un hecho. En colonias como la 1ro de Mayo, el Saucito o la periferia de Soledad de Graciano Sánchez, el cuento es otro: robos a casa habitación que no bajan, asaltos en el transporte público que siguen siendo el pan de cada día, y una sensación de abandono que ninguna encuesta captura porque los encuestadores no llegan hasta allá. El gobierno estatal puede celebrar los números, pero quien camina las calles sabe que la paz es selectiva.

Y luego está el detalle de que la encuesta se levantó justo después de un periodo de alta visibilidad de operativos federales. La coordinación con fuerzas federales, que tanto presume el comunicado, suele tener un efecto de «mano dura» que se traduce en menos homicidios en el corto plazo, pero no necesariamente en una reducción estructural de la delincuencia. Es como ponerle una curita a una herida que requiere cirugía: se ve bien, pero el problema sigue ahí, debajo del vendaje.

La narrativa oficial vs. la realidad cotidiana

El gobierno de San Luis Potosí ha hecho de la seguridad su caballo de batalla. Y con estos números, tiene material para campaña. Pero el riesgo de creerse su propio cuento es enorme. Porque si la percepción baja pero la aprobación a la policía no despega, algo está fallando en la conexión entre el esfuerzo institucional y la experiencia ciudadana. La gente no está viendo a la Guardia Civil como su aliada, y eso es un problema de fondo que ninguna encuesta va a resolver con un aumento de 0.2 puntos.

Además, el contexto nacional no ayuda: la violencia en estados vecinos como Guanajuato o Zacatecas se desborda, y San Luis Potosí, por su ubicación geográfica, es territorio de paso para el crimen organizado. Que los homicidios estén por debajo de la media nacional es un alivio, pero no es un triunfo definitivo. Es como estar en un incendio y presumir que tu casa se está quemando más lento que la del vecino.

Al final, los datos del INEGI y del SESNSP son herramientas útiles, pero no cuentan toda la historia. La verdadera medición de la seguridad no está en los porcentajes de una encuesta, sino en la capacidad de una madre de mandar a sus hijos a la escuela sin miedo, o en la posibilidad de caminar por la calle después de las ocho de la noche sin tener que voltear hacia atrás cada cinco pasos. Mientras eso no cambie, los números son solo eso: números. Y en San Luis Potosí, como en todo México, los números y la realidad rara vez se dan la mano.


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