Lo que debes de saber
- Rajendra Dawadi evacuó a 900 estudiantes con solo 15 minutos de anticipación, mientras el gobierno nepalí no emitió alertas efectivas.
- La riada, provocada por un desprendimiento glaciar, dejó al menos 392 muertos y casi 1,500 desaparecidos, con temores de hasta 15,000 fallecidos.
- Cuatro españoles están sin localizar, según confirmó el ministro José Manuel Albares, mientras la embajada española coordina la búsqueda.
- La catástrofe evidencia la falta de sistemas de alerta temprana en regiones montañosas vulnerables al cambio climático.

Un héroe sin capa, con 15 minutos de ventaja
Mientras Nepal entero se hundía bajo una riada de lodo y escombros, un director de escuela en Trishuli Baraar tomó una decisión que valió más que cualquier protocolo oficial: evacuar a sus 900 alumnos con apenas un cuarto de hora de anticipación. Rajendra Dawadi recibió llamadas de alerta sobre la ola de agua y no dudó: «Me dije: si no hay inundación, perdemos un día de clases; pero si la hay, perdemos la vida», relató a la agencia dpa, según recoge Der Spiegel. Esa lógica simple, casi obvia, contrasta con la parálisis que suele acompañar a las burocracias cuando el desastre llama a la puerta.
La evacuación no fue un paseo. Los niños corrieron a pie, algunos subieron a un autobús, y una estudiante que se desmayó fue llevada en una motocicleta. La escuela, ubicada en el distrito de Rasuwa, quedó reducida a escombros. Un maestro y el conserje, que se quedaron cerrando puertas, murieron. Dawadi lo resume con una crudeza que duele: «Si hubiéramos decidido huir diez minutos más tarde, todos estaríamos muertos». La BBC, citada por Prensa Libre, documentó el heroísmo, pero también dejó claro que la tragedia se pudo mitigar con mejor preparación.
«Haber tomado la decisión de huir diez minutos más tarde habría significado que todos, incluidos los estudiantes y yo, no estaríamos hoy aquí para contarlo.» — Rajendra Dawadi, director de la escuela, citado por BBC

La catástrofe que nadie vio venir (o que todos ignoraron)
El desastre ocurrió el miércoles 26 de agosto de 2026, cuando un desprendimiento de glaciar a 20 kilómetros del paso de Rasuwagadhi, en la frontera con el Tíbet, liberó una masa de lodo y sedimentos que arrasó el río Lhende y luego el Trishuli. El Español reporta que el gobierno nepalí teme que el número de fallecidos pueda alcanzar entre 10,000 y 15,000 personas, una cifra que convertiría esta riada en una de las peores catástrofes naturales de la historia reciente del país. Hasta ahora, se cuentan 392 muertos y casi 1,500 desaparecidos, pero los equipos de rescate apenas han podido acceder a las zonas más afectadas, donde hay montañas de escombros de hasta 22 metros de altura.
La magnitud del desastre supera cualquier precedente reciente. En 2015, el terremoto de Gorkha mató a unas 9,000 personas, pero fue un evento sísmico, no una inundación repentina. Esta riada, provocada por el deshielo acelerado de glaciares, es un recordatorio brutal de que el cambio climático no es una abstracción: es un asesino silencioso que se esconde en las montañas. Mientras tanto, el gobierno nepalí, con su limitada capacidad de respuesta, ha pedido ayuda internacional y activado el sistema satelital Copernicus de la Unión Europea para mapear los daños. Pero, ¿de qué sirve mapear cuando ya no hay a quién rescatar?
La paradoja de la alerta temprana
La historia de Dawadi expone una verdad incómoda: la diferencia entre la vida y la muerte no fue la tecnología, sino el instinto humano. Mientras el director actuaba con base en llamadas telefónicas, el gobierno nepalí no emitió una alerta masiva a tiempo. Las autoridades de Bihar, en India, sí evacuaron a 5,000 personas y planeaban mover a otras 10,000 o 12,000, según Hecho en California, lo que sugiere que la información sobre la riada existía, pero no llegó a todos los rincones de Nepal. ¿Cuántas vidas se habrían salvado si el sistema de alerta temprana hubiera funcionado como debía?
La catástrofe también golpea a la comunidad internacional. Cuatro españoles están sin localizar, según confirmó el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, quien aseguró que el consulado honorario en Nepal y las embajadas en Nueva Delhi y Pekín están movilizados. Aunque no hay fallecidos confirmados entre los españoles, la incertidumbre es angustiante. Mientras tanto, los equipos de rescate, con helicópteros y perros entrenados, buscan entre el lodo y los escombros, en una carrera contra el tiempo que rara vez se gana.

Lecciones que nadie quiere aprender
Nepal no es un caso aislado. Las riadas por desprendimientos glaciares, conocidas como GLOF (Glacial Lake Outburst Floods), son cada vez más frecuentes en el Himalaya, los Andes y los Alpes. Un estudio de 2023 publicado en Nature estimó que 15 millones de personas en todo el mundo viven en zonas expuestas a este tipo de inundaciones. Y, sin embargo, los sistemas de alerta temprana siguen siendo insuficientes, especialmente en países en desarrollo. La historia de Dawadi es un ejemplo de heroísmo individual, pero también una acusación contra la negligencia sistémica.
El director de la escuela no solo salvó a sus alumnos; también desvió autobuses que llevaban a cientos de niños hacia la zona del desastre. Su rapidez mental, combinada con un poco de suerte, evitó una tragedia aún mayor. Pero, ¿cuántos otros directores, maestros y padres no tuvieron esa oportunidad? La riada arrasó aldeas enteras, dejó a miles sin hogar y, según las proyecciones más pesimistas, podría haber matado a más personas que el terremoto de 2015. La diferencia es que esta vez no hubo un sismo que justificara la magnitud del desastre; solo el cambio climático, que avanza sin pedir permiso.
Mientras Nepal entierra a sus muertos y busca a sus desaparecidos, la comunidad internacional ofrece ayuda, pero no soluciones de fondo. El sistema Copernicus de la UE puede mapear los daños, pero no puede prevenir la próxima riada. La evacuación de Dawadi debería ser un manual de cómo actuar, pero también un espejo para los gobiernos que ignoran las alertas de los científicos. Porque, como demostró este director, la diferencia entre la vida y la muerte puede ser de 15 minutos, pero la diferencia entre la preparación y la negligencia es de años de inacción.
Fuentes consultadas:
- Elespanol – Cuatro españoles sin localizar en la inmensa riada de Nepal: el Gobierno de Katmandú teme que haya unos 15.000 fallecidos
- Prensalibre – El director de una escuela que evacuó a 900 niños minutos antes de que las inundaciones en Nepal azotaran las aulas
- Hechoencalifornia1010 – El director de una escuela que evacuó a 900 niños minutos antes de que las inundaciones en Nepal azotaran las aulas – BBC News Mundo
- Spiegel De – Nepal: Schulleiter rettete wohl Hunderte Schüler vor der Sturzflut – DER SPIEGEL


