Lo que debes de saber
- Rusia lanzó 496 drones y 74 misiles contra Kiev, el ataque más masivo desde 2022.
- Las defensas aéreas ucranianas solo derribaron 4 de 24 misiles balísticos Iskander-M.
- 52 mil personas, incluidos 4,500 niños, se refugiaron en estaciones del metro de Kiev.
- Zelenski pide a EU licencia para fabricar misiles Patriot mientras la OTAN se reúne en Turquía.

El día que Kiev volvió a ser el blanco
La madrugada del jueves 2 de julio de 2026 será recordada como la más violenta que ha vivido la capital ucraniana desde que empezó la invasión a gran escala en febrero de 2022. Según reporta La Nación, al menos 30 personas murieron y más de 90 resultaron heridas tras una andanada de 496 drones y 74 misiles lanzados por Rusia entre la noche del miércoles y la madrugada del jueves. La cifra de víctimas fatales siguió aumentando a medida que los equipos de rescate removían escombros de edificios residenciales alcanzados. No es un ataque más: es el más grave contra Kiev en más de cuatro años de guerra.
Lo que hace particularmente brutal esta ofensiva no es solo el número de proyectiles, sino la vulnerabilidad que expuso. DW detalla que de los 24 misiles balísticos Iskander-M lanzados, las defensas ucranianas solo pudieron interceptar cuatro. El resto impactó contra edificios de departamentos, un almacén de la Cruz Roja y zonas residenciales. La Fuerza Aérea ucraniana logró derribar 476 drones y 48 misiles de crucero, pero los misiles balísticos —más rápidos y difíciles de rastrear— se convirtieron en el talón de Aquiles del sistema de defensa aérea. La pregunta incómoda es: ¿cuánto más puede resistir Ucrania sin un escudo antimisiles más robusto?

52 mil almas bajo tierra
Mientras los misiles caían, la ciudad se vació hacia abajo. ADN Radio reporta que 52,000 personas, entre ellas 4,500 niños, se refugiaron en las estaciones del metro de Kiev, la cifra más alta registrada en los últimos años. Karina Taran, de 25 años, contó a los medios: “Nunca había bajado a un refugio, pero hoy lo hice por primera vez. Agarré a mi hijo y simplemente corrí al refugio. No salí hasta la mañana siguiente”. Su testimonio refleja cómo la guerra se ha normalizado al punto de que muchos ya no se escondían, hasta que la magnitud del ataque los obligó a recordar que el peligro sigue ahí, a pocos kilómetros.
“Nunca había bajado a un refugio, pero hoy lo hice por primera vez. Agarré a mi hijo y simplemente corrí al refugio. No salí hasta la mañana siguiente”. — Karina Taran, residente de Kiev, citada por ADN Radio
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, declaró el viernes como día de luto en memoria de las víctimas. Pero el luto no detiene los misiles. La ofensiva rusa no solo busca destruir infraestructura militar: al atacar un almacén humanitario de la Cruz Roja, Moscú envía un mensaje claro sobre su desprecio por el derecho internacional y los esfuerzos de ayuda. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, confirmó que Rusia “seguirá incrementando la presión sobre el régimen de Kiev”, una declaración que suena más a amenaza que a estrategia militar.
La respuesta de Zelenski: ¿fabricar Patriots?
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, no se limitó a condenar el ataque. En un mensaje recogido por La Nación, denunció que “Rusia apunta a blancos civiles únicamente para obligar a Ucrania a renunciar a su Estado. Eso no ocurrirá”. Y fue más allá: pidió a Estados Unidos una licencia para fabricar misiles Patriot en territorio ucraniano, una solicitud que revela tanto la urgencia como la frustración de un país que depende de donaciones externas para defenderse. La petición llega justo antes de la cumbre de la OTAN en Turquía, donde Zelenski espera que sus aliados aceleren la entrega de sistemas de defensa aérea.
Pero hay un dato que pocos están analizando: mientras Ucrania suplica misiles, DW señala que un alto funcionario estadounidense declaró que el presidente Donald Trump quiere un acuerdo de paz para poner fin a las “matanzas insensatas”. La contradicción es evidente: por un lado, EU habla de paz; por el otro, Ucrania pide armas para fabricar más armas. ¿Es viable un cese al fuego cuando una de las partes sigue bombardeando ciudades con 500 drones y 70 misiles en una sola noche?

El ruido de fondo de la guerra
Lo más perturbador de todo esto es la normalización. Los ataques rusos contra Ucrania son casi diarios desde hace más de cuatro años, y las alertas aéreas ya forman parte de la rutina de sus habitantes. Pero un ataque de esta magnitud —con 30 muertos, 90 heridos y 52 mil personas en refugios— debería ser un parteaguas, no una nota más en la sección de internacionales. La Unión Europea, a través de su jefa de diplomacia Kaja Kallas, prometió nuevas sanciones contra entidades que apoyan el complejo militar-industrial ruso. Alemania también se pronunció. Pero las sanciones no han detenido ni un solo misil hasta ahora.
El ataque a Kiev no es solo una tragedia humanitaria: es una prueba de resistencia para Ucrania y un espejo incómodo para Occidente. Mientras los líderes se reúnen en Turquía para hablar de paz, los misiles siguen cayendo. Y mientras los políticos debaten licencias para fabricar Patriots, 52 mil personas pasan la noche en un vagón de metro, con un colchón bajo el brazo y la esperanza de que el próximo misil no sea el que derribe su edificio.


