Lo que debes de saber
- El número de pandillas en la zona metropolitana de SLP se redujo a cerca de 250, pero la violencia no ha disminuido en la misma proporción.
- Un estudio de 2018 ya identificaba 10 pandillas como las más peligrosas, integradas por jóvenes de 15 a 24 años.
- La investigación del Programa de Política de Drogas documenta 18 grupos delictivos operando en el estado entre 2013 y 2019, muchos más de los que reconocen las autoridades.
- El declive de las pandillas tradicionales, como los ‘cholos’, está ligado a la absorción de sus miembros por el crimen organizado, según un estudio académico.
- La reducción de pandillas no es una victoria de las políticas de seguridad, sino un reflejo de la evolución del crimen en la región.

Menos pandillas, más problemas
Que el número de pandillas en San Luis Potosí haya disminuido a cerca de 250 suena a buena noticia. Pero como suele pasar en este país, las cifras de seguridad pública rara vez cuentan la historia completa. Oem reportaba en 2018 que en la zona metropolitana de San Luis y Soledad operaban al menos 10 pandillas consideradas de «mayor peligrosidad», integradas por jóvenes de entre 15 y 24 años. La nota mencionaba que las viejas rencillas entre estos grupos generaban riñas, y que se trataba de grupos pequeños que se reunían en esquinas a consumir alcohol. Ese era el perfil clásico de la pandilla callejera: territorial, visible, predecible. Ocho años después, el escenario es otro. Pero no necesariamente mejor.
El crimen organizado: el elefante en la sala
La investigación CT #38 del Programa de Política de Drogas, elaborada por Samantha Pérez Dávila en 2022, es un parteaguas para entender lo que realmente está pasando. El documento, titulado «El crimen organizado y la violencia en San Luis Potosí», analiza datos de 2013 a 2019 y revela la presencia de 18 grupos delictivos operando en el estado, distribuidos por municipio. La autora señala que, aunque San Luis Potosí no presenta tasas de homicidios tan altas como sus vecinos Tamaulipas, Jalisco o Guanajuato, los datos recopilados «evidencian una mayor presencia de grupos delincuenciales en el estado de lo indicado por las fuentes oficiales». Es decir, las autoridades han minimizado el problema o, peor aún, no lo han querido ver. La investigación sugiere que podría haber una relación directa entre esta presencia del crimen organizado y las altas tasas de homicidios en diversos municipios potosinos.
«Las opiniones y datos contenidos en este documento son de la exclusiva responsabilidad de su(s) autor(es) y no representan el punto de vista del Programa de Política de Drogas.» — CT #38, Programa de Política de Drogas
Este hallazgo es clave: mientras el discurso oficial se enfoca en la reducción de pandillas callejeras, la realidad es que el crimen se ha profesionalizado y centralizado. Las pandillas de jóvenes en las esquinas, con sus riñas por territorio y alcohol, han sido reemplazadas —o absorbidas— por estructuras más complejas y violentas. El crimen organizado no compite con las pandillas: las recluta, las elimina o las convierte en células operativas.
El declive de los cholos: una lección del Valle de México
Un estudio publicado en Scielo Org analiza el declive de las pandillas de cholos en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) en los últimos 30 años. Los investigadores Ignacio Cano, Christian Ascensio y Fátima Morales realizaron un trabajo cualitativo con pandilleros y agentes de policía, y ambos grupos confirmaron «una gran disminución del número de pandillas y de sus episodios de violencia». Las explicaciones que ofrecen son reveladoras: la violencia y la muerte de sus integrantes, la presión policial, los cambios estéticos en la juventud y, especialmente, la presencia del crimen organizado. El estudio concluye que los miembros de las pandillas «parecen haber optado por la inserción en una vida convencional o por la incorporación al crimen organizado». No hay término medio. O te vuelves ciudadano de a pie, o entras a una estructura criminal más grande. El patrón se repite en San Luis Potosí.
La trampa de las cifras
Cuando las autoridades celebran que las pandillas se redujeron a 250, están omitiendo un dato incómodo: la violencia no ha disminuido en la misma proporción. De hecho, la presencia de grupos del crimen organizado ha generado un tipo de violencia más letal y menos visible. Ya no son las riñas en las esquinas, sino los enfrentamientos armados, las ejecuciones y las desapariciones. La pregunta que debería incomodar es: ¿qué pasó con esos jóvenes de 15 a 24 años que antes integraban las pandillas? Una parte está muerta. Otra, en la cárcel. Y el resto, probablemente, ahora trabaja para el crimen organizado. Sanluis Eluniversal documenta en su sección de pandillas la evolución de este fenómeno, pero la cobertura mediática sigue enfocándose en los números, no en las causas estructurales.
La reducción de pandillas no es una victoria de las políticas de seguridad, sino un síntoma de cómo el crimen se ha transformado. Mientras las autoridades sigan midiendo el éxito por la cantidad de pandillas desarticuladas, sin atender la desigualdad, la falta de oportunidades y la presencia del crimen organizado, el problema solo cambiará de nombre. Y los jóvenes seguirán siendo la carne de cañón, ya sea en una pandilla callejera o en una célula del crimen organizado. Al final, el resultado es el mismo: vidas truncadas y un estado que no termina de entender que la seguridad no se resuelve con operativos, sino con política social, educación y empleo.


