Keiko Fujimori asume la presidencia de Perú: ¿nuevo comienzo o viejo fantasma?

Entre la promesa de mano dura y el fantasma de El Niño, la lideresa derechista enfrenta el reto de gobernar un país exha

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Lo que debes de saber

  • Keiko Fujimori asumió la presidencia de Perú el 28 de julio de 2026, tras ganar una segunda vuelta ajustada al izquierdista Roberto Sánchez.
  • Su gobierno promete mano dura contra la inseguridad, pero enfrenta el desafío de un fenómeno El Niño que podría ser el más intenso en décadas.
  • El recuerdo de la autocracia de su padre, Alberto Fujimori, y los escándalos de corrupción que la persiguen marcan el inicio de su mandato.
  • A diferencia de sus predecesores, Fujimori no enfrenta una amenaza inmediata de vacancia gracias al nuevo sistema bicameral y la mayoría de su partido en el Congreso.
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Tomado de: Apnews

El regreso del apellido que divide

Este 28 de julio, Keiko Fujimori se convirtió en la primera mujer en asumir la presidencia de Perú, pero no sin antes revivir el espectro de su padre, el fallecido autócrata Alberto Fujimori. Como reporta RFI, la ceremonia de investidura estuvo marcada por el recuerdo de los años 90, cuando el gobierno de su padre combinó la derrota del terrorismo con una Constitución hecha a su medida y una ola de violaciones a los derechos humanos. Keiko, que fue primera dama a los 19 años, ha prometido un país «seguro, próspero y unido», pero la sombra de la autocracia y los escándalos de corrupción que la persiguen desde sus campañas anteriores pesan como una losa sobre su mandato.

«Hoy comienza una nueva etapa para el Perú», declaró Fujimori tras ser proclamada presidenta electa, según recoge CNN en Español. Sin embargo, la frase suena a déjà vu para un país que ha visto a seis presidentes en la última década, entre destituciones y renuncias.

La líder derechista llega al poder después de tres derrotas en segunda vuelta (2011, 2016 y 2021), lo que la convierte en una figura que, más que una apuesta por el cambio, parece un premio de consolación para una clase política que no logra encontrar un rumbo estable. Como señala AP News, su promesa de enfrentar la inseguridad con mano dura caló en un electorado harto de la delincuencia, pero el verdadero desafío no está en las calles, sino en la economía y en un fenómeno climático que amenaza con desbaratar cualquier plan de gobierno.

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Tomado de: Cnnespanol Cnn

El Niño: la tormenta que nadie quiere ver

Mientras Fujimori juraba ante el Congreso, los meteorólogos advertían que el fenómeno El Niño que se avecina podría ser el más intenso en varias décadas. Según CNN en Español, el gobierno ya declaró en emergencia al 40% de los distritos del país y el Congreso aprobó un aumento de presupuesto para infraestructura preventiva. Un informe de Credicorp Asset Capital Management estima que El Niño generaría pérdidas por 16.000 millones de soles (unos US$ 4.700 millones), más del 1% del PIB. Esto significa que, además de los daños a puentes, carreteras y redes de agua y electricidad, la economía peruana podría sufrir un golpe del que tardaría años en recuperarse.

El problema es que durante la campaña electoral, el cambio climático y la preparación para desastres naturales brillaron por su ausencia en los debates. Fujimori se enfocó en la seguridad ciudadana y la promesa de un «gobierno de orden», pero la naturaleza no entiende de discursos políticos. Si El Niño golpea con la fuerza que pronostican los expertos, la presidenta tendrá que demostrar si su «mano dura» sirve también para coordinar una respuesta humanitaria y de reconstrucción, o si su gobierno se quedará atrapado en la retórica mientras el agua arrastra las promesas.

Un Congreso a modo, pero una sociedad dividida

A diferencia de sus predecesores, Fujimori no asume con el «fantasma de la vacancia» acechando. Como detalla El País, el rediseño constitucional que devolvió el sistema bicameral tras 34 años y los votos que consiguió su partido en el Congreso le otorgan un margen de maniobra que no tuvieron Pedro Pablo Kuczynski ni Pedro Castillo. Sin embargo, la estabilidad institucional no es lo mismo que la estabilidad social. Perú sigue siendo un país profundamente dividido, donde el fujimorismo despierta pasiones encontradas: para unos, es sinónimo de orden y lucha contra el terrorismo; para otros, de autoritarismo y corrupción.

La presidenta tendrá que navegar entre estos dos polos mientras intenta forjar su propio legado, algo que no será fácil cuando su apellido pesa más que cualquier promesa de campaña. La sombra de su padre, condenado por violaciones a los derechos humanos y corrupción, es un recordatorio constante de que el pasado no se borra con un discurso. Y aunque Keiko ha intentado distanciarse de los aspectos más oscuros del fujimorismo, su propia historia judicial —incluyendo investigaciones por lavado de activos y financiamiento ilegal de campañas— la persigue como un fantasma que no se va.

El legado de una mujer que siempre fue candidata

Keiko Fujimori se preparó toda su vida para este momento. Desde que fue primera dama a los 19 años, pasando por su elección como congresista con la mayor votación en 2006, hasta sus tres derrotas presidenciales. Como apunta CNN en Español, su perseverancia es innegable, pero también lo es la pregunta de si realmente está lista para gobernar un país que no termina de confiar en ella. Su victoria en segunda vuelta fue ajustada y polarizada, lo que significa que casi la mitad del país votó en su contra. Gobernar para todos, cuando la mitad te ve con desconfianza, es un reto que va más allá de la seguridad y la economía.

El tiempo dirá si Keiko logra romper con la inestabilidad de la última década o si, por el contrario, se convierte en un capítulo más de la misma historia. Por ahora, lo único seguro es que el Perú que recibe no es el mismo que dejó su padre hace 25 años. Es un país más desigual, más inseguro y más vulnerable a los caprichos de la naturaleza. Y la presidenta, con todo su apellido y su experiencia, tendrá que demostrar que no solo sabe hacer campaña, sino también gobernar.


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