Lo que debes de saber
- El 70% de los estadounidenses cree que la IA reducirá las oportunidades laborales, según una encuesta de Quinnipiac citada por The New York Times.
- Los CEOs de Anthropic y Microsoft AI predicen la desaparición de millones de empleos de cuello blanco en pocos años, pero sus afirmaciones carecen de sustento histórico.
- Empresas como Meta y Oracle despiden personal mientras culpan a la IA, aunque podrían estar simplemente ajustando contrataciones previas.
- La promesa de una utopía sin trabajo choca con la realidad de que el trabajo da sentido y dignidad, como señala un lector en LinkedIn.

El miedo vende, pero ¿la IA también?
Si usted ha visto un anuncio de una empresa de inteligencia artificial en los últimos meses, probablemente ya se siente en la antesala del desempleo. The New York Times reporta que una encuesta de Quinnipiac encontró que el 70% de los estadounidenses cree que la inteligencia artificial reducirá las oportunidades laborales para los humanos, un salto significativo desde el 56% del año anterior. Y no es para menos: los mismos líderes de la industria alimentan el pánico. Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, afirma que hasta la mitad de los empleos de cuello blanco de nivel inicial desaparecerán en cinco años. Mustafa Suleyman, de Microsoft AI, va más allá: dice que la mayoría del trabajo de oficina estará completamente automatizado en 12 a 18 meses. OpenAI, por su parte, ya propone una semana laboral de 32 horas para que la IA genere ocio masivo en lugar de desempleo masivo. Suena a película de ciencia ficción, pero es el discurso oficial de quienes más tienen que ganar con esta narrativa.
«Si crees en la historia que cuentan los laboratorios de IA, es difícil ver qué se interpone entre nosotros y el desempleo masivo. La IA ha sido diseñada para imitar barato lo que los humanos pueden hacer en una computadora, pero nunca necesita dormir, nunca intenta formar un sindicato y a menudo supera a personas reales en tareas reales» — The New York Times
Pero aquí está el truco: las mismas empresas que despiden personal mientras culpan a la inteligencia artificial —Block, Meta, Oracle, Microsoft— podrían estar simplemente deshaciendo una contratación excesiva posterior a la pandemia y contándole al mercado de valores la historia que más excite o apacigüe a los inversionistas. Como señala el columnista Ezra Klein en el mismo artículo, los líderes de la IA pueden entender de redes neuronales, pero probablemente saben menos de mercados laborales de lo que creen. La historia está llena de profecías tecnológicas que nunca se cumplieron: desde la automatización total de las fábricas en los años 60 hasta la desaparición de los empleos administrativos con la llegada de las computadoras personales. Cada vez, el empleo se transformó, no se extinguió.

El otro lado del debate: ¿y si la pregunta es otra?
En un giro interesante, el escritor y tecnólogo Paul Ford publicó en LinkedIn una anécdota reveladora sobre su colaboración con The New York Times. Cuando el periódico le preguntó «¿Qué se necesitaría para que una empresa de IA fuera buena?», Ford respondió: «Esa es la pregunta equivocada». Y el periódico le pidió que continuara. El resultado fue un artículo que, según Ford, molestará tanto a los que aman la IA como a los que la odian. Su observación es clave: llevamos más de una década viviendo en un mundo donde la inteligencia artificial es tanto un movimiento como una tecnología, y no parece que vaya a desaparecer. La discusión no debería centrarse en si la IA acabará con los empleos, sino en cómo regularla para que no lo haga de manera injusta.
Un comentario en la misma publicación de LinkedIn, firmado por Hal Siegel, plantea un punto incómodo: «La promesa de Silicon Valley de una utopía sin trabajo me desconcierta, ya que la dignidad y la alegría que provienen del trabajo significativo (o incluso repetitivo) parecen tan esenciales para la condición humana». Esta observación choca directamente con la narrativa de los gurús tecnológicos, que presentan el desempleo masivo como un paso inevitable hacia una sociedad de ocio. Pero la historia muestra que el trabajo no es solo un medio para ganar dinero: es una fuente de identidad, comunidad y propósito. ¿Realmente queremos delegar eso a las máquinas?
El caso que el Times no quiso publicar
En medio de este debate sobre el futuro del trabajo, vale la pena recordar que los medios también tienen sus propias batallas internas sobre qué voces se escuchan. The New York Post publicó en 2021 una columna del periodista Bret Stephens que, según él, fue eliminada por el propio publisher del Times, A.G. Sulzberger. El texto defendía al reportero Donald G. McNeil Jr., quien había sido forzado a renunciar por usar una palabra racialmente ofensiva en un contexto educativo. Stephens argumentaba que la intención importa, y que la indiferencia hacia ella es «un sello de la injusticia». La columna nunca vio la luz en el Times, pero circuló internamente y luego fue publicada por el Post. La lección aquí es doble: primero, que incluso en los medios más prestigiosos hay censura editorial; segundo, que el debate sobre la IA y el empleo también está sujeto a qué narrativas se privilegian y cuáles se silencian.
La ironía es que mientras los CEOs de la IA pintan un futuro apocalíptico, ellos mismos están moldeando ese futuro con sus decisiones. Si realmente creen que la IA reemplazará a la mitad de la fuerza laboral, ¿por qué no están impulsando políticas de redistribución de la riqueza o programas de reconversión laboral a gran escala? En lugar de eso, proponen semanas laborales más cortas como si el problema fuera el exceso de tiempo libre, no la falta de ingresos. La pregunta que deberíamos hacernos no es si la IA nos quitará el trabajo, sino quién se beneficiará de ese cambio y cómo podemos asegurarnos de que no sean solo los mismos de siempre.


