SLP respira un aire que nadie mide y que empeora sin plan

La UASLP alerta que la contaminación empeora por autos chatarra, fin del horario de verano y falta de áreas verdes, pero

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Lo que debes de saber

  • La UASLP alerta que la calidad del aire en San Luis Potosí empeorará por múltiples factores.
  • No existe un programa estatal de calidad del aire ni objetivos definidos para mejorarla.
  • La red de monitoreo atmosférico opera de forma intermitente con solo cuatro estaciones.
  • La legalización de vehículos extranjeros y el fin del horario de verano agravan la contaminación.

El aire que nadie mide y que todos respiramos

San Luis Potosí tiene un problema de salud pública que no se ve, no se huele y, sobre todo, no se mide. Según información de la UASLP, el doctor Alfredo Ávila Galarza, investigador de la Facultad de Ingeniería, fue claro: el pronóstico de la calidad del aire en la zona metropolitana no solo es malo, sino que va a empeorar. Y lo dijo con datos, no con ocurrencias. La zona metropolitana de San Luis Potosí sigue sin contar con una red de monitoreo atmosférico que informe de manera precisa sobre el estado del aire que respiramos. De las estaciones que deberían funcionar, solo cuatro lo hacen de manera intermitente, y ni siquiera miden todos los parámetros necesarios. Esto significa que, en pleno 2025, no sabemos realmente qué tan contaminado está el aire que entra a nuestros pulmones.

«No se tiene un programa de calidad del aire para el estado, por lo tanto, no tenemos objetivos definidos en la entidad para mejorar la calidad, entonces, los pronósticos que vislumbramos desde la academia no son positivos en el tema», declaró el doctor Ávila Galarza a la UASLP.

La declaración no es menor. Mientras otras ciudades del país ya tienen planes de contingencia atmosférica, rutas de monitoreo y hasta restricciones vehiculares, San Luis Potosí opera con la lógica del avestruz: si no medimos, no existe. Pero el ozono, las partículas suspendidas y los compuestos fotoquímicos no entienden de voluntad política. El investigador señaló que el principal problema es la concentración de ozono, un contaminante particularmente dañino para niños, embarazadas y adultos mayores. Y ese ozono, justo el que más debería preocuparnos, no se está midiendo de forma regular.

Autos chocolate, asfalto y un horario que ya no ahorra

El doctor Ávila enumeró varios factores que han acentuado el problema. Uno de los más polémicos es la legalización de vehículos extranjeros, los famosos autos «chocolate», que al no cumplir con las normas de emisiones mexicanas, se convierten en fuentes móviles de contaminación. A esto se suma una población creciente, más industria, la disminución de áreas verdes y el aumento de asfalto. Pero hay un detalle que pocos habían considerado: el fin del horario de verano. Según el investigador, al perder esa hora de luz natural, el consumo de energía se ha disparado, y con él, las emisiones de las plantas generadoras. Es decir, una decisión que se vendió como un beneficio para la salud resultó, al menos en este aspecto, contraproducente.

Lo que no se dice: la omisión como política pública

Lo más grave de todo no es la contaminación en sí, sino la falta de acción. No tener un programa de calidad del aire no es un error administrativo: es una decisión política. Significa que el gobierno estatal ha optado por no saber, por no planear y por no rendir cuentas. Mientras tanto, la UASLP hace lo que puede con recursos limitados, y los ciudadanos respiran un aire que, según los pocos datos disponibles, oscila entre regular y malo la mayor parte del año. La ironía es que, al no medir, el gobierno se ahorra la molestia de tener que explicar por qué no ha hecho nada. Pero los pulmones de los potosinos no entienden de ironías.

El costo de no saber

La falta de monitoreo no es solo un problema ambiental: es un problema de salud pública y de economía. Enfermedades respiratorias, ausentismo laboral, gastos médicos: todo eso se acumula mientras las autoridades deciden si vale la pena instalar estaciones que funcionen todos los días. Mientras tanto, la recomendación del investigador es clara: reducir el consumo de energía, usar transporte público o bicicleta, apagar equipos eléctricos que no se usen y, de ser posible, instalar calentadores solares. Medidas que, aunque útiles, parecen gotas de agua en un incendio forestal cuando no hay una política pública que las respalde. Al final, la pregunta que queda flotando en el aire contaminado de San Luis Potosí es simple: ¿cuánto tiempo más vamos a esperar a que alguien en el gobierno decida que respirar no debería ser un riesgo?


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