Lo que debes de saber
- Javier May descartó que las acusaciones de EU contra Rubén Rocha afecten a Morena, calificándolas de «ataque injerencista sin pruebas».
- El gobernador de Tabasco dijo no tener nada que temer y que su partido llega fortalecido a su Congreso Nacional Extraordinario.
- Rubén Rocha, gobernador de Sinaloa, rechazó renunciar tras ser acusado por la justicia estadounidense de vínculos con el narcotráfico.
- La presidenta Sheinbaum y la SRE han cuestionado las pruebas de EU, mientras la FGR analiza la documentación para determinar si procede la extradición.

El manual de defensa: ataque injerencista
El gobernador de Tabasco, Javier May, salió al quite este sábado para defender a su compañero de partido, el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, de las acusaciones de narcotráfico lanzadas por Estados Unidos. En entrevista en el Aeropuerto de Villahermosa, según reporta Eldiariodelnoroeste, May calificó el caso como un «ataque injerencista y sin pruebas», y aseguró que no tiene nada que temer. «Más que tranquilos, nosotros nunca vamos a traicionar al pueblo», afirmó, en una declaración que busca blindar a la dirigencia morenista justo cuando se preparaban para su Congreso Nacional Extraordinario. El discurso es calcado al que ya habían ensayado la presidenta Claudia Sheinbaum y la Secretaría de Relaciones Exteriores: descalificar la acusación como un montaje mediático orquestado por la derecha y por intereses extranjeros que buscan los recursos naturales de México.
Pero la pregunta que flota en el aire es inevitable: si la acusación es tan endeble, ¿por qué la respuesta es tan defensiva? May aseguró que el caso Sinaloa no afecta a Morena, pero el solo hecho de que un gobernador en funciones —y otros nueve funcionarios morenistas, entre ellos un senador y el alcalde de Culiacán— sean señalados por la DEA y un fiscal de Nueva York ya es, como documenta BBC Mundo, «el mayor golpe contra la narcopolítica en México». No es cualquier cosa: es la primera vez que Estados Unidos acusa formalmente a dirigentes en funciones y elegidos popularmente. Y aunque el gobierno mexicano insista en que no hay pruebas, el hecho de que la FGR esté analizando la documentación para determinar si procede la extradición sugiere que el asunto no es tan simple como un «injerencismo».
«Es un tema mediático, orquestado por la derecha, con un claro sentido de querer compararnos, que somos iguales, la verdad es que no» — Javier May, gobernador de Tabasco, según Diario.

Rocha no renuncia, pero el partido se reúne
Mientras May viajaba a la Ciudad de México para el congreso morenista, en Sinaloa Rubén Rocha ya había dejado claro que no piensa renunciar. «No adelantemos vísperas. Todo en su momento», respondió a la prensa en Navolato, según El País. El gobernador, de 76 años, se declaró «una persona completamente limpia» y se deslindó de los otros acusados: «Cada quien por sí mismo». Una frase que suena más a abandono que a solidaridad, sobre todo viniendo de quien fue el principal operador de Morena en Sinaloa durante años. La estrategia parece ser: resistir, descalificar la acusación y esperar a que el escándalo se diluya en el ruido político. Pero el contexto es otro: la relación bilateral con Estados Unidos está en uno de sus puntos más tensos, con Trump burlándose de Sheinbaum y con un fiscal neoyorquino que ya pidió la detención provisional de los acusados.
El respaldo que incomoda
May también expresó su respaldo a Ariadna Montiel y a la presidenta Sheinbaum, y aseguró que su movimiento «está en su mejor momento». Pero el timing no podría ser peor: justo cuando Morena celebra su congreso extraordinario, la sombra de la narcopolítica se cierne sobre sus principales figuras. La presidenta Sheinbaum, en su conferencia matutina del jueves, ya había advertido que «bajo ningún motivo vamos a permitir la intromisión o injerencia de un gobierno extranjero», según BBC Mundo. Sin embargo, también dijo que si no hay pruebas claras, no procederá la extradición. Esa ambigüedad —defender la soberanía sin cerrar la puerta a la investigación— es el nuevo ejercicio de equilibrismo al que Sheinbaum se ve obligada, y que la coloca en una posición incómoda: no puede parecer que protege a presuntos narcotraficantes, pero tampoco puede dejar caer a uno de los pilares de su partido.
Lo que queda claro es que el manual de defensa de Morena ya está escrito: acusar a Estados Unidos de injerencista, calificar las evidencias de «mediáticas» y apelar a la soberanía nacional. Pero la realidad es que, como señala Diario, las acusaciones no vienen de un medio opositor, sino del Departamento de Justicia de Estados Unidos, con acceso a información de inteligencia y con un historial de casos de narcotráfico que han llevado a condenas. Decir que es un «ataque de la derecha» puede funcionar como consigna de campaña, pero no como defensa legal. Y mientras tanto, los 10 acusados morenistas enfrentan cargos que van de los 40 años de prisión a la cadena perpetua. El congreso de Morena será, sin duda, una reunión de almas, pero también una prueba de fuego para un partido que se dice incorruptible mientras sus principales figuras son señaladas por la justicia más poderosa del mundo.


