Lo que debes de saber
- La ENSU coloca a Piedras Negras, Saltillo y Torreón en el Top 6 de percepción de seguridad.
- El gobernador Manolo Jiménez atribuye el resultado a su estrategia de coordinación e inversión.
- La percepción de seguridad no siempre refleja la incidencia delictiva real, que en Coahuila tiene zonas críticas.
- El discurso oficial omite delitos de alto impacto como extorsión y narcomenudeo que aquejan a la población.

El ranking que todos quieren presumir
El gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez, no perdió tiempo en capitalizar los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI. Según reporta El Heraldo de Saltillo, tres ciudades coahuilenses —Piedras Negras, Saltillo y Torreón— se colocaron dentro del Top 6 nacional en percepción de seguridad. El dato es sin duda llamativo: Piedras Negras como la segunda ciudad más segura del país y la frontera más segura de México; Saltillo como la capital más segura; Torreón escalando al sexto lugar. Pero la pregunta que flota en el aire es si esta percepción corresponde con la realidad que viven los coahuilenses en su día a día.
La ENSU mide la percepción de seguridad, no la incidencia delictiva. Es una fotografía de cómo se siente la gente, no de lo que realmente ocurre en las calles. Y aunque es un indicador valioso, también es cierto que puede estar influenciado por factores como la difusión de noticias, la presencia policial en zonas turísticas o comerciales, y hasta por campañas de comunicación gubernamental. Coahuila ha invertido fuerte en su narrativa de seguridad, y los resultados de la encuesta le dan la razón en el terreno de las percepciones. Pero el espejismo se rompe cuando se contrastan estos datos con las cifras de delitos que reportan otras fuentes oficiales.

La estrategia que vende, pero no siempre convence
El gobierno estatal, a través de El Tiempo MX, detalla que el modelo de seguridad se basa en «prevención, proximidad, inteligencia y fuerza», y que se ha invertido en infraestructura, equipamiento y capacitación policial. Suena bien en papel, y sin duda ha dado resultados en ciertos rubros. Sin embargo, el discurso oficial omite sistemáticamente delitos que no bajan: la extorsión, el narcomenudeo y los robos a casa habitación en zonas periféricas de Saltillo y Torreón siguen siendo el pan de cada día para muchos ciudadanos. La percepción de seguridad puede ser alta en el centro de las ciudades, pero en las colonias populares la historia es otra.
«La estrategia de seguridad que encabeza el gobernador Manolo Jiménez Salinas ha colocado a Piedras Negras como el segundo municipio con mayor percepción de seguridad en el país, y la frontera más segura de México.» — El Heraldo de Saltillo
Además, la comparación con Yucatán y Baja California Sur, los otros dos estados que suelen disputar el podio de la seguridad, es reveladora. Mientras Coahuila presume tres ciudades en el Top 6, Yucatán tiene a Mérida en el primer lugar y a otras ciudades bien posicionadas, pero con una incidencia delictiva general más baja. Baja California Sur, por su parte, enfrenta problemas graves de violencia en Los Cabos que no se reflejan en la percepción general del estado. Coahuila ha logrado un truco de marketing político envidiable: vender seguridad donde otros venden miedo, pero los datos duros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran que en delitos como el robo de vehículo con violencia y la extorsión, la entidad está por encima de la media nacional.
El precio de la paz: ¿a costa de qué?
La inversión en seguridad es real, nadie lo niega. El gobierno de Coahuila ha destinado recursos importantes a la policía estatal y municipal, y ha implementado programas de prevención que han dado frutos. Pero también es cierto que esta paz tiene un costo que no siempre se menciona: la militarización de la seguridad pública, la criminalización de la protesta social y el control férreo de la información. En Coahuila, los periodistas independientes y los activistas de derechos humanos han denunciado en repetidas ocasiones la falta de transparencia en materia de seguridad y la poca disposición del gobierno a reconocer los focos rojos que persisten.
La nota de Vanguardia reproduce el discurso oficial sin mayor análisis, limitándose a citar las declaraciones del gobernador y los resultados de la ENSU. Es comprensible: la nota es un resumen de lo dicho en una conferencia de prensa. Pero el periodismo crítico debería ir más allá y preguntar: ¿qué pasa con los delitos que no se denuncian? ¿Qué hay de la cifra negra, que en México ronda el 93% según el INEGI? La percepción de seguridad puede ser alta porque la gente ha normalizado la violencia o porque simplemente ha dejado de denunciar por desconfianza en las autoridades.
El espejismo de la frontera más segura
Piedras Negras como la frontera más segura de México es un título que cualquier gobierno quisiera tener. Pero la realidad en la frontera norte de Coahuila es compleja: el tráfico de personas, el contrabando de combustible y la presencia de células del crimen organizado que operan en la región no desaparecen por decreto. La percepción de seguridad puede ser alta porque la violencia no es tan visible como en otras fronteras, pero eso no significa que no exista. Los operativos de la Guardia Nacional y el Ejército en la zona son constantes, y los decomisos de droga y armas son noticia cada semana.
El gobierno de Coahuila ha sabido jugar sus cartas: una estrategia de comunicación agresiva, inversión en infraestructura policial y una relación cercana con el gobierno federal que le ha permitido mantener cierta estabilidad. Pero el verdadero reto no es mantener la percepción, sino garantizar la seguridad real para todos los coahuilenses, no solo para los que viven en las zonas turísticas o comerciales de las ciudades del Top 6. Mientras la extorsión siga siendo el pan de cada día para los pequeños comerciantes de Torreón, y mientras los robos a casa habitación sigan siendo un problema en las colonias de Saltillo, el discurso de «estado más seguro» sonará hueco para quienes lo viven en carne propia.
La ENSU es una herramienta útil, pero no es la verdad absoluta. Coahuila ha logrado un avance innegable en percepción de seguridad, pero el siguiente paso debería ser traducir esa percepción en datos duros que demuestren una reducción real de la incidencia delictiva en todos los rubros. Mientras tanto, el espejismo se mantiene, y el gobierno de Manolo Jiménez puede seguir presumiendo un ranking que, aunque legítimo, no cuenta toda la historia.


