TL;DR
- 317 millones de pesos en festejos patrios mientras universidades y hospitales reciben migajas
- El gobierno federal clasificó sus gastos como «información reservada» por «riesgo» para Sheinbaum
- 23 estados y 11 alcaldías CDMX priorizaron pirotecnia sobre programas de desaparecidos
- La opacidad es el único festejo que no tiene límite de presupuesto en ningún partido
La fiesta que nadie quiere pagar pero todos financiamos
Imagina que tu vecino organiza una fiesta con pirotecnia, drones y artistas estelares, pero cuando le preguntas cuánto gastó te dice que es «información clasificada» porque revelarlo «representa un riesgo» para él. Ahora multiplica eso por 23 estados y 11 alcaldías de la CDMX, y tienes el desmadre presupuestal que Proceso documenta en su investigación sobre los gastos del 215 aniversario de la Independencia. Cerca de 317 millones de pesos se fueron en brindis, catering y espectáculos mientras universidades públicas, programas de atención a víctimas y servicios de salud recibían migajas comparativas.
La opacidad como política de Estado (federal)
Lo más cínico del asunto no es el derroche, sino la justificación. La Oficina de la Presidencia argumentó que transparentar los montos pagados a La Arrolladora Banda El Limón, Alejandra Ávalos y el grupo Legado de Grandeza «expone a Sheinbaum a un posible daño». Traducción: saber cuánto costó el primer Grito de la primera presidenta es peligroso para… la presidenta. La lógica es tan retorcida que duele: celebrar la independencia con dinero público debe mantenerse en secreto para proteger a quien celebra. ¿De qué? De la evidencia.
Cuando la pirotecnia vale más que los huesos de desaparecidos
El reporte de Proceso no se queda en la anécdota federal. Cotejaron los presupuestos estatales y encontraron que en muchos casos, la noche del 15 de septiembre superó gastos anuales completos en salud, procuración de justicia y educación. Hablamos de programas para huérfanos por violencia del crimen organizado y rastreo de restos óseos para identificar personas desaparecidos. Mientras drones formaban banderas tricolores en el cielo, familias seguían buscando a sus seres queridos en fosas con presupuestos que no alcanzan ni para los fuegos artificiales de un solo municipio.
El consenso partidista que nadie pidió
Aquí no hay colores que valgan. Morena, PAN, MC y PRI – todos se apuntaron al carro del derroche. La parafernalia millonaria con cargo al erario no discrimina por siglas. Es como si hubieran descubierto la única política pública en la que pueden ponerse de acuerdo: gastar en espectáculos mientras servicios básicos se caen a pedazos. La transparencia, en cambio, sí tiene preferencias partidistas: varios gobiernos estatales simplemente se negaron a revelar montos, replicando el ejemplo federal de «lo que no se sabe no duele».
Los números que gritan más fuerte que los artistas
317 millones de pesos no son solo un número. Es el presupuesto anual de varias universidades públicas completas. Es lo que cuesta mantener hospitales que atienden a miles de personas. Es el dinero que falta en programas sociales que literalmente salvan vidas. Pero en la lógica del espectáculo patriótico, vale más pagarle a un artista estelar para que cante 30 minutos que financiar un año de investigación forense. La ecuación es perversa: entre más opaco el gasto, más legítima parece la celebración.
La independencia que todavía no llega a las cuentas claras
215 años después del Grito de Dolores, seguimos festejando una independencia que no incluye transparencia presupuestal. Lo que debería ser una celebración de soberanía ciudadana se convierte en otro ejercicio de opacidad institucional. La pregunta incómoda que queda flotando como humo de pirotecnia: ¿de qué sirve gritar «¡Viva México!» si no podemos ni siquiera saber cuánto costó el escenario desde donde se grita? La verdadera independencia, parece, todavía está en deuda con los contribuyentes que financian tanto espectáculo y tan poca rendición de cuentas.


