Christa Pike sobrevive a dos dosis de pentobarbital en Tennessee

Siete agujas, dos dosis, una mujer roncando durante una hora: el protocolo más letal de EU falló en vivo.

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Lo que debes de saber

  • Christa Pike recibió dos dosis completas de pentobarbital el 30 de septiembre en Riverbend y siguió viva: roncaba y respiraba audiblemente casi una hora.
  • Su abogado Randy Spivey denunció que se usaron al menos siete agujas, una de ellas doblada al retirarla del brazo, y calificó el procedimiento de «cruel y tortuoso».
  • Tennessee suspendió las ejecuciones programadas para este año tras el fallo; Pike permanece en estado crítico y su pronóstico es reservado.
  • Iba a ser la primera mujer ejecutada en Tennessee en más de 200 años; llevaba casi tres décadas en el corredor de la muerte por un crimen cometido a los 18.
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Tomado de: Infobae

El Estado que no sabe matar

El miércoles 30 de septiembre, en la Institución de Máxima Seguridad de Riverbend, en Nashville, las cortinas de la cámara de ejecución se abrieron a las 7:27 de la tarde. Christa Pike estaba atada a una camilla. Le aplicaron dos dosis completas de pentobarbital, un barbitúrico que en teoría provoca pérdida de conciencia, paro respiratorio y falla cardiovascular. En la práctica, Pike siguió respirando, roncando fuerte y preguntando si era normal lo que sentía. Según Infobae, nadie ha explicado oficialmente por qué el procedimiento no la mató. Robin Maher, del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, lo llamó «singular e incomparable». Traducción: ni los expertos saben qué pasó.

Lo que sí sabemos es que Pike, de 50 años, iba a convertirse en la primera mujer ejecutada en Tennessee en más de 200 años. Condenada por el asesinato de Colleen Slemmer en Knoxville en enero de 1995, cuando tenía 18. Casi tres décadas después, el Estado intentó cumplir la sentencia y falló. No una vez. Dos. Y no por falta de voluntad: por incompetencia técnica. Eso es lo que Radio Clan Fm documenta con el testimonio del abogado Randy Spivey: se usaron al menos siete agujas en una hora, una de ellas doblada al retirarla del brazo.

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Tomado de: Radioclanfm

Siete agujas y una hora de ronquidos

El relato de los testigos es escalofriante por lo que tiene de burocrático. Catherine Sweeney, de la televisión WPLN, dijo que escucharon «sus ronquidos y su respiración muy fuerte durante casi una hora». Kim Chandler, de Associated Press, afirmó que Pike estaba «claramente muy viva» cuando los periodistas fueron conducidos fuera del área. La mujer preguntó al personal penitenciario si se suponía que debía sentirse así. Su brazo, dijo, parecía a punto de reventar. El protocolo de Tennessee prevé dos jeringas de 50 mililitros de pentobarbital. Pike recibió ambas. Y siguió ahí.

«Lo de anoche no fue solo ineficiente; fue cruel y tortuoso», afirmó Spivey, quien presenció el intento de ejecución y exigió la conmutación de la pena.

Hay algo profundamente incómodo en este episodio. No es solo que el Estado falle al ejecutar; es que al fallar, expone su propia lógica. Si el argumento a favor de la pena de muerte es que ofrece un castigo proporcional y definitivo, ¿qué queda cuando el procedimiento se convierte en una hora de tortura involuntaria? Spivey lo dijo sin rodeos: Pike permanece en estado crítico, con pronóstico reservado, y sus abogados no pudieron visitarla en el hospital. El Estado que la quiso matar ahora no sabe explicar por qué sigue viva, ni garantiza que sobreviva.

El precedente que nadie quiere repetir

Tennessee ya suspendió las ejecuciones previstas para este año. La decisión es lógica: si no pueden matar a una mujer con dos dosis completas, ¿cómo van a ejecutar a los siguientes? Pero la suspensión también revela algo más profundo. El debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos suele centrarse en la moralidad o en el costo. Rara vez en la competencia técnica. Y sin embargo, ahí está el punto ciego: un sistema que durante décadas perfeccionó protocolos, compró fármacos a laboratorios opacos y entrenó verdugos, resulta que no puede garantizar ni siquiera el resultado que promete. La ejecución fallida de Pike no es un accidente aislado; es la evidencia de que el Estado, cuando decide matar, tampoco controla del todo lo que hace.

La Corte Suprema de Estados Unidos anuló una suspensión federal una hora antes del procedimiento. Es decir, los jueces empujaron para que la ejecución siguiera adelante. Y el resultado fue una mujer roncando en una camilla durante casi una hora, con siete agujas clavadas y una doblada, mientras los testigos contaban los minutos. Si eso no es una definición operativa de crueldad, entonces la palabra perdió sentido. Pike iba a ser la primera mujer ejecutada en Tennessee en dos siglos. Ahora es la primera persona en sobrevivir a una ejecución en la historia reciente de ese estado. El récord cambió, pero la pregunta sigue igual de incómoda: ¿qué se supone que se hace con un Estado que quiere matar y no puede?


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