Lo que debes de saber
- Una estudiante de 20 años, identificada como Jane Doe, denunció que siete miembros de Chi Phi la drogaron con ketamina y la violaron durante horas en octubre de 2024.
- El caso salió a la luz tras un mensaje en Snapchat que decía ‘Vaginas gratis, arriba’, enviado a la 1:42 de la madrugada por un integrante de la fraternidad.
- Solo dos de los siete acusados fueron expulsados, y la universidad no ha explicado por qué los otros cinco siguen sin consecuencias claras.
- Cornell ya enfrentó una demanda en 2020 por la muerte de Antonio Tsialas, un estudiante de primer año que murió tras una fiesta de fraternidad con alcohol forzado.

El mensaje que lo dice todo
Hay frases que no necesitan contexto para saberse que son una amenaza. «Vaginas gratis, arriba». Eso escribió un integrante de la fraternidad Chi Phi de la Universidad de Cornell en un chat grupal de Snapchat a la 1:42 de la madrugada. Minutos después, según la denuncia, varios hombres subieron a la habitación donde estaba una estudiante de 20 años. Lo que siguió, de acuerdo con la demanda civil, fue una violación múltiple durante horas. El caso, reportado por BioBioChile, no es un episodio aislado ni un accidente. Es un patrón que Cornell conoce desde hace años y que ha gestionado con la misma eficacia con la que un avestruz gestiona un incendio.

Lo que la universidad sabía y no hizo
En 2020, la familia de Antonio Tsialas, un estudiante de Miami que cursaba su primer año en Cornell, demandó a la universidad por negligencia. Tsialas murió tras una fiesta de la fraternidad Phi Kappa Psi llamada «Navidad en octubre», donde, según los documentos judiciales, los novatos fueron presionados para consumir grandes cantidades de alcohol. Su cuerpo apareció dos días después en el fondo del desfiladero de Fall Creek. La demanda, documentada por La Opinión, señalaba que los miembros de la fraternidad se aseguraron de que no hubiera transporte de vuelta. Es decir: los dejaron tirados, literalmente, a su suerte. Cinco años después, Cornell enfrenta otra demanda por violencia sexual en una fraternidad. La pregunta no es si la universidad aprendió. La pregunta es si alguna vez intentó hacerlo.
«Los miembros de Phi Kappa Psi que habían coordinado el transporte a la casa de la fraternidad se aseguraron de que no hubiera transporte de vuelta. Ni un solo acusado en este caso se ha presentado para contarles a los padres de Antonio sobre en qué circunstancias estaba su hijo cuando se fue de la casa de la fraternidad esa noche». — Abogados David Bianchi y E. Stewart Jones Jr., citados por La Opinión.
El sistema que protege a los agresores
En el caso de Chi Phi, solo dos de los siete acusados fueron expulsados. La universidad no ha explicado qué pasó con los otros cinco. ¿Siguen inscritos? ¿Siguen viviendo en la casa de la fraternidad? ¿Siguen yendo a clases con la denunciante? La joven abandonó la universidad. Ellos, aparentemente, no. Ese desequilibrio no es un detalle administrativo: es la prueba de que el sistema protege a la institución antes que a la víctima. Y no es un problema exclusivo de Cornell. En Wisconsin, la policía de Madison arrestó a Brayden Klein y Samuel Vane, ambos de 20 años, líderes de la fraternidad Alpha Epsilon Pi, que operaba de manera clandestina pese a haber sido expulsada del campus en 2015. La policía encontró a unos 30 jóvenes en el sótano, sin camiseta, rociados con condimentos y con heridas visibles. La calefacción estaba encendida a 27°C. Según Telemundo, ha habido casi 130 muertes relacionadas con novatadas en Estados Unidos desde el año 2000. Ciento treinta. No es un fenómeno marginal: es una tradición con cuerpo de delito.
La impunidad como modelo de negocio
Las fraternidades no son clubes de amigos que se pasan de la raya. Son organizaciones con estructuras de poder, jerarquías, rituales de iniciación y, sobre todo, redes de protección. Cuando una universidad como Cornell —una de las ocho de la Ivy League, con un endowment de miles de millones de dólares— permite que una fraternidad siga operando después de una muerte y ahora después de una violación múltiple, no está fallando. Está eligiendo. Elige no romper el vínculo con los donantes, con los exalumnos, con la tradición. Elige, en los hechos, que el prestigio vale más que la seguridad de sus estudiantes. La BBC, cuyo feed de noticias latinoamericanas recoge el caso a través de Feeder Co, lo enmarca como un escándalo que sacude a una universidad prestigiosa. Pero la palabra «escándalo» implica sorpresa, y aquí no hay nada sorprendente. Hay un patrón documentado, hay demandas previas, hay muertos y hay víctimas que abandonan sus estudios mientras los acusados siguen su vida universitaria como si nada.
Lo que no se dice en el comunicado
Cornell seguramente emitirá un comunicado. Dirá que toma el caso con seriedad, que coopera con las autoridades, que la seguridad de sus estudiantes es prioridad. Lo mismo dijo en 2020. Lo mismo dicen todas las universidades cada vez que una fraternidad cruza la línea entre rito y delito. Mientras tanto, la denunciante de Chi Phi ya no está en Cornell. Los dos expulsados probablemente encontrarán otro lugar donde continuar sus estudios. Los otros cinco, quién sabe. Y la próxima generación de estudiantes de primer año llegará en agosto, con ganas de pertenecer, de ser aceptada, de no quedarse fuera. Alguien les dirá que la fraternidad es una hermandad. Nadie les dirá que, para algunos, es una trampa con moño de tradición.
Fuentes consultadas:
- Biobiochile Cl – Drogada y violada por horas tras mensaje de texto: Denuncia sacude a prestigiosa fraternidad en EE.UU
- Feeder Co – BBC Mundo – América LatinaのRSSフィード
- Laopinion – Una familia de Miami demanda a la Universidad Cornell por la muerte de un joven en una novatada – La Opinión
- Telemundo – Arrestan a líderes de una fraternidad en Wisconsin por novatadas


