Lo que debes de saber
- Los data centers consumen el 6% de la electricidad en Reino Unido y Estados Unidos, según la International Data Center Association (IDCA).
- El consumo global de electricidad de los data centers creció 15% en dos años, impulsado por la inteligencia artificial.
- En Singapur, los data centers ya devoran el 19% de la electricidad nacional; en Lituania, el 11%.
- La ONU prevé que la demanda de agua dulce superará la oferta en 40% para 2036, y los data centers son grandes consumidores de agua para refrigeración.

El monstruo que crece sin control
Si usted pensaba que la inteligencia artificial era solo un asistente virtual o un generador de imágenes, permítame presentarle su lado oscuro: los data centers, esos enormes almacenes de servidores que hacen posible que ChatGPT le responda o que Netflix no se trabe, están devorando la electricidad del planeta a un ritmo insostenible. Según un reporte de The Guardian, en Reino Unido y Estados Unidos ya consumen el 6% de toda la electricidad generada. Para ponerlo en perspectiva: en 2025, el gobierno británico estimaba que era apenas el 2.5%. En dos años, la cifra se duplicó con creces.
La International Data Center Association (IDCA) calcula que la inversión global en data centers se acerca al billón de dólares anuales, casi el 1% de la economía mundial. Y no es para menos: la inteligencia artificial requiere una capacidad de cómputo monstruosa, y cada nuevo modelo de lenguaje o herramienta de machine learning necesita más servidores, más energía y más recursos. Pero lo que parece un negocio redondo para las tecnológicas se está convirtiendo en una pesadilla para las comunidades locales y para el medio ambiente.
“Significant community and political pushback starts to occur in nations once their datacentre footprints have reached the 5% consumption level of national grids”, concluye la investigación de la IDCA.
Y vaya que están llegando. En Reino Unido, la cola para conectarse a la red eléctrica creció un 460% en el primer semestre de 2025. Los desarrolladores de data centers esperan años para obtener conexión, mientras los vecinos protestan por los apagones y el ruido. No es para menos: cuando un solo data center puede consumir tanta electricidad como una ciudad pequeña, las facturas de luz se disparan y la red colapsa.

Agua: el otro recurso que se esfuma
Pero la electricidad es solo la punta del iceberg. Computer Weekly recuerda que los data centers también son sedientos: usan enormes cantidades de agua para mantener frescos los servidores. Y mientras las tecnológicas presumen de sus paneles solares, rara vez mencionan los litros de agua que extraen de acuíferos cada vez más estresados. La ONU proyecta que la demanda de agua dulce superará la oferta en un 40% para 2036, y el MIT calcula que para 2050 el 52% de la población mundial vivirá en zonas con estrés hídrico.
El problema es que la transparencia brilla por su ausencia. Mientras los gobiernos exigen a las empresas reportar sus emisiones de carbono, el consumo de agua sigue siendo un dato opaco. El Departamento de Medio Ambiente de Reino Unido ya recomendó en 2019 que las empresas monitorearan el uso de agua de sus centros de datos, pero la mayoría no lo hace. Y cuando lo hacen, los números son escalofriantes: un solo data center puede consumir millones de litros al día, compitiendo directamente con la agricultura y el consumo humano.
El caso Google: errores que cuestan caro
La falta de transparencia tiene consecuencias. The Guardian reveló esta semana que los desarrolladores que trabajan para Google subestimaron de forma significativa las emisiones de carbono de dos data centers propuestos en Reino Unido. No fue un error menor: las cifras oficiales no reflejaban la realidad, y las comunidades locales se enteraron por la prensa. Cuando ni siquiera Google —con todos sus recursos— puede calcular bien su impacto, ¿qué esperar del resto?
El problema es sistémico. La inteligencia artificial no es una moda pasajera; es una industria que crece a un ritmo exponencial, y su infraestructura energética no da abasto. Mientras los gobiernos celebran la llegada de inversiones multimillonarias, las comunidades pagan el precio con apagones, facturas más altas y recursos naturales agotados. Y las tecnológicas, mientras tanto, siguen construyendo más data centers como si el planeta fuera infinito.
La pregunta incómoda es: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para que la IA funcione? Porque si el costo es quedarnos sin luz y sin agua, quizá la próxima revolución tecnológica no sea tan inteligente como creemos.


