Lo que debes de saber
- El secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirmó que EU está listo para dialogar con China porque ‘va al frente’ en IA.
- Sebastian Mallaby, experto del CFR, sostiene que los controles de exportación de chips a China han fracasado.
- China y EU ya iniciaron un diálogo gubernamental sobre IA en 2024 y acordaron que las armas nucleares deben estar bajo control humano.
- La cumbre Trump-Xi en Busan podría definir los primeros acuerdos formales sobre salvaguardas en inteligencia artificial.

El ajedrez de la inteligencia artificial
Que el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, salga a decir que su país está listo para negociar con China porque «vamos al frente» en inteligencia artificial suena más a declaración de campaña que a análisis serio. Según reportó Business Times, Bessent confirmó que el presidente Donald Trump está listo para reunirse con Xi Jinping y que ambos equipos trabajan en los detalles de una cumbre que podría definir el futuro de la cooperación en IA. Pero la pregunta incómoda es: ¿realmente EU está al frente, o es un farol en una partida donde las fichas son chips y algoritmos?
Porque si algo ha quedado claro en los últimos años es que los controles de exportación de semiconductores —la gran apuesta de Washington para frenar a Pekín— no han funcionado como esperaban. Sebastian Mallaby, autor del libro The Infinity Machine y fellow del Council on Foreign Relations, lo dijo sin rodeos en una entrevista con The Wire China: «Los controles de exportación de semiconductores de IA a China han fracasado». Mallaby, quien acaba de visitar el país asiático, argumenta que la única salida sensata es sentarse a negociar un acuerdo de seguridad en IA, similar a los tratados de control de armas nucleares de la Guerra Fría.
«Los controles de exportación de semiconductores de IA a China han fracasado» — Sebastian Mallaby, The Wire China

Del pánico a la mesa de negociación
La narrativa oficial en Washington durante los últimos años ha sido que restringiendo el acceso de China a chips avanzados se podía mantener una ventaja tecnológica decisiva. Pero la realidad es más compleja. China ha demostrado una capacidad impresionante para innovar con lo que tiene, y las empresas chinas de IA no se han quedado quietas. Mientras tanto, el costo de estas restricciones para las empresas estadounidenses —que perdieron un mercado enorme— ha sido considerable.
No es casualidad que, según reporta China US Focus, ya en mayo de 2024 ambas naciones sostuvieran la primera reunión del diálogo intergubernamental sobre IA en Ginebra. Y que en noviembre de 2024, Xi y el entonces presidente Joe Biden acordaran un principio clave: las armas nucleares deben permanecer siempre bajo control humano. Ese acuerdo tácito sobre el vínculo entre IA y armas nucleares es, quizás, el primer paso real hacia un marco de seguridad compartido.
El dilema de la verificación
Pero aquí viene el problema de siempre: ¿cómo verificas que el otro cumple? En el mundo de los semiconductores y la IA, la transparencia es casi imposible. Las empresas guardan sus algoritmos como secretos de estado, y los gobiernos no están dispuestos a mostrar sus cartas en un área tan sensible. Como señala China US Focus, «los desafíos relacionados con la verificación y los déficits persistentes de confianza estratégica en el ámbito del control de armamentos complican aún más el diálogo entre ambas partes».
Es decir, estamos ante un escenario donde todos quieren hablar, pero nadie quiere mostrar lo que tiene. Y mientras tanto, la tecnología avanza a una velocidad que deja obsoletos cualquier acuerdo antes de que se firme.

Lo que no se dice: el factor económico
Detrás de toda esta coreografía diplomática hay un motor que pocos mencionan: el dinero. Las empresas tecnológicas de ambos lados del Pacífico necesitan mercados abiertos para seguir creciendo. Nvidia, AMD, Intel y las gigantes chinas como Baidu o Alibaba tienen intereses creados en que no haya una ruptura total. La amenaza de una desaceleración económica global, agravada por la guerra comercial, también pesa en la decisión de Trump de buscar un acercamiento.
Bessent lo dijo claro: «EU no quiere escalar un conflicto con China, ni quiere desacoplarse de la segunda economía más grande del mundo». Traducción: la interdependencia económica es un hecho, y romperla por completo sería un suicidio para ambos. Pero entonces, ¿por qué el discurso beligerante? Porque en política interna, sonar duro con China vende. Negociar en privado, mientras tanto, es lo sensato.
El espejismo del liderazgo
Volvamos a la declaración de Bessent sobre que EU «va al frente» en IA. Esa frase, repetida como mantra por funcionarios estadounidenses, oculta una verdad incómoda: en áreas clave como el reconocimiento facial, los pagos móviles o la adopción de IA en el sector público, China ya superó a Estados Unidos. Y en la carrera por la inteligencia artificial general —el santo grial de la disciplina— nadie tiene la menor idea de quién llegará primero.
Mallaby, en su libro, documenta cómo Demis Hassabis y su equipo en DeepMind lograron hazañas que parecían imposibles, como descifrar la estructura de 200 millones de proteínas con AlphaFold. Pero DeepMind es británica, comprada por Google, y sus investigadores vienen de todo el mundo. La ventaja de EU no es tanto nacional como ecosistémica: atrae talento global. Pero China está cerrando esa brecha a pasos agigantados, y con un sistema que no depende de visas ni de políticos que cambian de opinión cada cuatro años.
Así que cuando Bessent dice que EU está al frente, lo que realmente está diciendo es: «negociemos antes de que se nos escape la ventaja». Porque una vez que China alcance —o supere— a EU en IA, cualquier acuerdo será en sus términos.
La cumbre Trump-Xi en Busan, programada para la próxima semana, podría ser el momento en que ambas potencias decidan si quieren competir en una carrera armamentista de algoritmos o cooperar para evitar un desastre. La historia nos enseña que los acuerdos de control de armas funcionaron durante la Guerra Fría porque ambas partes tenían un incentivo claro: la supervivencia. Hoy, con la IA, la apuesta es igual de alta. La diferencia es que el reloj avanza mucho más rápido.


