Lo que debes de saber
- China ordenó a Meta deshacer la compra de Manus por 2 mil millones de dólares.
- La decisión busca evitar la fuga de talento y tecnología de IA.
- El caso evidencia la creciente tensión entre Pekín y Washington por el control de la inteligencia artificial.
- Fundadores y capitalistas de riesgo temen que el modelo de ‘Singapore-washing’ ya no sea viable.

La orden llegó y no hubo margen para la negociación
La Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China (NDRC, por sus siglas en inglés) emitió una orden clara: Meta debe deshacer la compra de Manus, la startup de inteligencia artificial que había adquirido por 2 mil millones de dólares en diciembre pasado. Según reporta CNBC, la decisión se tomó «de acuerdo con las leyes y regulaciones» y se instruyó a las partes a retirar la transacción. El mensaje de Pekín no podría ser más directo: la inteligencia artificial es un asunto de seguridad nacional y no está sujeta a los caprichos del mercado global.
La jugada de Meta, que había anunciado con bombo y platillo la integración de Manus para potenciar sus capacidades en agentes de IA, ahora se enfrenta a un muro regulatorio que parece infranqueable. La empresa de Mark Zuckerberg había asegurado en marzo que la adquisición «cumplía plenamente con la ley aplicable», pero las autoridades chinas tenían otra opinión. El New York Times documenta que la investigación comenzó en enero, apenas un mes después del anuncio, y que desde entonces los cofundadores de Manus, Xiao Hong y Ji Yichao, tenían restringida la salida de China.

El sueño de ser el próximo DeepSeek se desvanece
Manus no era cualquier startup. Fundada en China y luego reubicada en Singapur, la compañía había sido aclamada como «el próximo DeepSeek» por la prensa estatal y los comentaristas tecnológicos. Su primer agente general de IA, lanzado en marzo de 2025, prometía ejecutar tareas complejas como investigación de mercado, codificación y análisis de datos. Y los números respaldaban el hype: en diciembre, Manus ya había superado los 100 millones de dólares en ingresos recurrentes anuales, apenas ocho meses después de lanzar su producto. Según Economic Times, la compañía se jactaba de ser la startup más rápida del mundo en alcanzar esa cifra partiendo de cero.
Pero el éxito financiero no fue suficiente para blindarla de la geopolítica. La decisión de Pekín no solo afecta a Meta y a los accionistas de Manus, sino que envía una señal de alerta a todo un ecosistema de fundadores y capitalistas de riesgo que habían apostado por el llamado «Singapore-washing»: mudar empresas de China a la ciudad-Estado para evadir el escrutinio tanto de Pekín como de Washington. CNBC TV18 reporta que la intervención de Beijing «sacudió a fundadores tecnológicos y capitalistas de riesgo que esperaban aprovechar el modelo». La lección es clara: mudarse de dirección no borra el origen.
«China está diciendo que impedirá la adquisición extranjera de activos que consideramos importantes para la seguridad nacional, y la IA ahora es claramente uno de ellos», dijo Alfredo Montufar-Helu, director gerente de Ankura China Advisors, según cita Economic Times.
Dos gigantes, un tablero y muchas fichas en juego
La decisión de China no ocurre en el vacío. Llega en un momento de máxima tensión entre Pekín y Washington por la supremacía en inteligencia artificial. Estados Unidos ya había impuesto restricciones a la inversión en empresas chinas de IA, semiconductores y cuántica, citando preocupaciones de seguridad. Ahora China responde con la misma moneda, pero con un movimiento que va más allá de lo comercial: bloquea la adquisición de una empresa que ya había sido vendida, forzando una marcha atrás que sienta un precedente peligroso para futuras transacciones.
El New York Times señala que la medida podría «enfriar a otros empresarios chinos que buscan asociaciones con empresas extranjeras». Y no es para menos: si una startup que ya se mudó a Singapur, que ya fue comprada y que ya tenía integración técnica con Meta puede ser revertida por decreto, ¿qué garantías hay para cualquier otro acuerdo? La incertidumbre regulatoria se convierte en el nuevo normal.

El costo de la desconfianza
Más allá del golpe a Meta, que ya había integrado a los equipos de Manus y los describía como «profundamente integrados», la decisión de China revela una verdad incómoda: la inteligencia artificial se ha convertido en el campo de batalla central de la competencia estratégica entre las dos economías más grandes del mundo. Como apunta CNBC, el control que antes se centraba en los semiconductores ahora se extiende a la IA, y ambos bandos están dispuestos a usar todas las herramientas a su alcance.
Para los inversionistas estadounidenses que durante años alimentaron el crecimiento tecnológico de China —desde Sequoia Capital hasta Benchmark, pasando por fondos de pensiones y dotaciones— la señal es igualmente preocupante. El capital estadounidense ya no es bienvenido en sectores sensibles, y cualquier movimiento que parezca una fuga de tecnología será perseguido sin importar la estructura corporativa. La globalización tecnológica, al menos en IA, parece haber llegado a su fin.
Mientras tanto, Manus, que había recaudado 75 millones de dólares en una ronda liderada por Benchmark en abril de 2025, ahora enfrenta un futuro incierto. Sus cofundadores no pueden salir de China, su adquisición fue bloqueada y su modelo de negocio dependía en parte de la integración con Meta. La pregunta que queda flotando es si la startup podrá sobrevivir como entidad independiente o si se convertirá en el primer gran caso de estudio de lo que ocurre cuando la geopolítica decide el destino de una empresa antes que el mercado.


