Lo que debes de saber
- Crediversidad ofrece créditos de 1,000 a 100,000 pesos con tasa del 1.5% mensual, pero exige aval o garantía, lo que limita el acceso.
- El programa se enmarca en el Plan Estatal de Desarrollo, que busca beneficiar a más de un millón de personas con asistencia social.
- Ciudad Valles realizó un foro de emprendimiento para la comunidad LGBTTTIQ+, mostrando un enfoque regional de inclusión.
- La tasa de interés, aunque preferente, sigue siendo alta para microcréditos, y la comisión por apertura del 2.5% más IVA encarece el producto.
Un crédito con nombre de arcoíris
El gobierno de San Luis Potosí, a través del Sistema de Financiamiento para el Desarrollo (SIFIDE), lanzó Crediversidad, un programa de crédito «preferentemente» dirigido a la comunidad LGBTTTIQ+. En teoría, suena bonito: financiamiento para proyectos productivos que, según la página oficial, busca «contribuir a la visibilidad de todas las personas integrantes de este grupo». Pero cuando uno raspa la superficie, el brillo se opaca. El programa ofrece montos desde 1,000 hasta 100,000 pesos, con una tasa de interés fija del 1.5% mensual, plazos de 12 a 24 meses y una comisión por apertura del 2.5% más IVA. Hasta ahí, parece un producto decente para quien necesita capital semilla. Sin embargo, el diablo está en los detalles: exige un obligado solidario, aval, garantía prendaria o inmueble señalado. Es decir, para acceder a este crédito «inclusivo», necesitas tener un patrimonio que respalde o alguien que lo tenga. ¿Cuántas personas de la comunidad LGBTTTIQ+ en situación de vulnerabilidad económica pueden cumplir ese requisito? La respuesta probablemente es: muy pocas.
«Financiamiento para la comunidad LGBTTTIQ+; programa de crédito destinado a la generación de proyectos productivos contribuyendo a la visibilidad de todas las personas integrantes de este grupo» — describe el portal de SIFIDE.
Inclusión con letras chiquitas
El problema no es que exista un crédito etiquetado, sino que sus condiciones replican las barreras que enfrenta la comunidad. Un préstamo de hasta 100 mil pesos suena atractivo, pero si no tienes aval, no hay trato. Y aquí entra la contradicción: el gobierno habla de visibilidad, pero el acceso sigue siendo para quienes ya tienen cierto respaldo económico. Según el Plan Estatal de Desarrollo (PED) 2021-2027, en su vertiente 1.4 de Inclusión Social e Igualdad de Género, se plantea «beneficiar a más de un millón de personas sujetas a la asistencia social con programas de salud, alimentación, apoyos para mujeres, madres solteras, personas con discapacidad, adultos mayores, jóvenes y migrantes». La comunidad LGBTTTIQ+ no aparece explícitamente en ese objetivo, aunque Crediversidad podría interpretarse como un intento de cubrir ese hueco. Pero el PED también habla de «garantizar alimentación de calidad» y «dotar de alimentos a la primera infancia». La pregunta es: ¿un crédito con garantías resuelve la exclusión financiera o solo la maquilla?
El foro de Ciudad Valles: el otro lado de la moneda
Mientras tanto, en la Huasteca potosina, el municipio de Ciudad Valles organizó un foro de emprendimiento para la comunidad LGBTTTIQ+, según reportó Código San Luis. El evento buscó impulsar la inclusión y el emprendimiento, y aunque no se detallan los resultados, la iniciativa muestra que hay interés local por generar espacios de diálogo y apoyo. Pero una cosa es un foro y otra muy distinta es poner dinero real sobre la mesa. Crediversidad, por su parte, es un instrumento financiero concreto, pero sus condiciones lo convierten en un producto más para quienes ya están dentro del sistema bancarizado, no para quienes están en la informalidad o no tienen historial crediticio. La comunidad LGBTTTIQ+ enfrenta tasas de desempleo y discriminación laboral más altas que el promedio nacional, según diversos estudios. Un crédito que exige garantías reales no resuelve ese problema de fondo.
¿Y los otros créditos del SIFIDE?
El SIFIDE no es nuevo en esto de los créditos con enfoque social. En su portal de programas aparecen opciones como CRÉTNICO, dirigido a pueblos originarios; LiberarT, para personas egresadas del sistema penitenciario; y Beca Crédito, para estudiantes. Todos comparten un mismo problema: las tasas de interés rondan el 1.5% mensual, que anualizada da aproximadamente 19.5%, más comisiones. Para ponerlo en perspectiva, una tarjeta de crédito bancaria puede tener tasas del 30% al 60% anual, pero un microcrédito de gobierno debería ser más barato. El 1.5% mensual no es usura, pero tampoco es un regalo. Además, la comisión por apertura del 2.5% más IVA sobre el monto autorizado significa que, si pides 10,000 pesos, te descuentan 287.5 pesos solo por abrir el crédito. No es una fortuna, pero para quien necesita cada peso, sí pesa.
El riesgo de la etiqueta
Lo preocupante de Crediversidad es que corre el riesgo de convertirse en un gesto simbólico más que en una herramienta real de cambio. Si el gobierno realmente quisiera impulsar la inclusión financiera de la comunidad LGBTTTIQ+, debería acompañar el crédito con programas de educación financiera, asesoría para la formalización de negocios y, sobre todo, flexibilizar los requisitos de garantía. Un aval o un inmueble no son accesibles para la mayoría de las personas que viven al día. Y si el crédito termina siendo usado solo por quienes ya tienen un negocio establecido, entonces la «visibilidad» que promete se reduce a una etiqueta en un producto financiero. El gobierno de San Luis Potosí, encabezado por Ricardo Gallardo Cardona, ha hecho de la inclusión uno de sus ejes discursivos. Pero como siempre, la diferencia está entre el anuncio y la ejecución. Crediversidad es un paso, pero un paso pequeño y con muchas condiciones. Para que realmente sea un avance, tendría que ir acompañado de políticas que ataquen las causas de la exclusión, no solo que pongan un nombre bonito a un crédito más.


