Lo que debes de saber
- El gobernador Ricardo Gallardo se reunió con la Alianza Empresarial estatal para ‘trabajar coordinadamente’.
- La agenda 2026 de los empresarios es el mapa que seguirá el gobierno en seguridad jurídica y desarrollo de talento.
- El nearshoring es la apuesta estrella, pero no se mencionan incentivos concretos ni inversiones comprometidas.
- El discurso oficial habla de ‘mejores empleos’, pero no define qué significa ‘mejor’ en salarios o condiciones.

El guion de la reunión perfecta: aplausos, fotos y cero números
Si uno lee la cobertura de Sdpnoticias y Sanluispotosi Quadratin sobre el encuentro entre el gobernador Ricardo Gallardo y la Alianza Empresarial, parece el reporte de un evento de relaciones públicas, no la crónica de una política de estado. El lenguaje es predecible: ‘sólida relación’, ‘trabajo coordinado’, ‘consolidar a San Luis Potosí como polo de desarrollo’. Son frases que podrían aplicarse a cualquier administración en cualquier sexenio, desde los 90 hasta hoy. Lo que brilla por su ausencia son los datos duros. ¿Cuántas empresas nuevas se han instalado por el nearshoring? ¿Cuántos empleos ‘mejores’ se han creado y con qué salario promedio? ¿Qué porcentaje del PIB estatal representan las MiPyMEs que supuestamente son el centro de la estrategia? La narrativa es de unidad y visión compartida, pero cuando se raspa la superficie, lo que hay es un acuerdo de intenciones tan vago que podría firmarse con los ojos cerrados. Es el clásico ‘vamos a hacer cosas buenas juntos’, pero sin fechas, sin metas cuantificables y, lo más importante, sin un mecanismo claro de rendición de cuentas para que la ciudadanía pueda medir si las promesas se cumplen o se evaporan en el aire.

La agenda 2026: ¿quién gobierna a quién?
Uno de los detalles más reveladores, casi perdido entre la retórica optimista, es que el propio Gallardo reconoció que su administración ‘sigue la visión de la agenda 2026 de la Alianza Empresarial’. Piénsalo un momento. No es una agenda conjunta construida desde cero con la sociedad. No es el plan de desarrollo estatal sometido a consulta. Es la agenda de un grupo de interés privado adoptada como hoja de ruta del gobierno. Quadratín lo reporta de manera factual, pero la implicación es enorme: los lineamientos en seguridad jurídica, desarrollo de talento, articulación productiva y vinculación tecnológica los está marcando el sector empresarial. Esto no es necesariamente malo en sí mismo; el diálogo es vital. El problema es la asimetría. ¿Dónde está la agenda 2026 de los sindicatos, de los colectivos sociales, de los académicos? La narrativa oficial pinta un idilio donde lo que es bueno para los empresarios es automáticamente bueno para ‘las y los potosinos’, pero la historia económica está llena de ejemplos donde esa ecuación no siempre se cumple. La pregunta incómoda que nadie hace en la sala es: si los objetivos de la Alianza Empresarial entran en conflicto con, digamos, los derechos laborales o la protección ambiental, ¿cuál agenda prevalecerá? El silencio sobre este punto es más elocuente que cualquier discurso.
«Gallardo Cardona reiteró su compromiso con el sector empresarial para consolidar a San Luis Potosí como polo de desarrollo, impulsar la economía y generar mayores y mejores oportunidades para las y los potosinos.» – Sdpnoticias
Esta cita, que parece sacada de un boletín de prensa gubernamental, encapsula el núcleo del comunicado: una promesa genérica de prosperidad. El término ‘mejores oportunidades‘ se repite como un mantra, pero nunca se define. ¿Mejores que qué? ¿Mejores que los salarios de subsistencia que prevalecen en muchas zonas industriales del estado? ¿Mejores que la precariedad laboral? Sin benchmarks claros, la frase se vacía de significado y se convierte en un eslogan. Por otro lado, el énfasis en el nearshoring como ‘parte fundamental’ es la apuesta evidente al contexto global, donde empresas buscan acercar sus cadenas de suministro a Estados Unidos. San Luis Potosí, con su ubicación geográfica, quiere un pedazo de ese pastel. Sin embargo, ambas fuentes se limitan a señalar la intención. No hay mención a parques industriales listos, a capacitación de mano de obra especializada en curso, o a tratamientos fiscales competitivos respecto a Nuevo León o Querétaro, sus rivales directos en esta carrera. Se anuncia la carrera, pero no se muestra el auto ni la pista. Es como si creyeran que con nombrar la tendencia, la inversión llegará por arte de magia, sin una estrategia agresiva y diferenciadora que realmente convenza a los capitales.
Las MiPyMEs: el telón de fondo de un escenario corporativo
Es sintomático que, a pesar de que el título del reporte de Quadratín pone el foco en ‘Impulsan apoyo a Mipymes potosinas‘, el cuerpo de la información de ambas fuentes dedique más espacio a hablar de la relación gobierno-grandes empresarios y del nearshoring (que suele atraer a grandes corporativos) que a detallar políticas concretas para la pequeña y mediana empresa. Se menciona que el nearshoring servirá para ‘impulsar a la MiPyMES’, pero el mecanismo es una caja negra. ¿Serán proveedoras? ¿Recibirán capacitación? ¿Acceso a crédito? Nada. Parece que las MiPyMEs son un actor de reparto necesario en el discurso, pero no el protagonista del plan real. Esto refleja una vieja dinámica en la política económica mexicana: se rinde pleitesía a la fuerza de la pequeña empresa porque es un símbolo nacional, pero los incentivos y la atención real se los llevan los grandes jugadores con mayor capacidad de lobby. La ‘articulación productiva’ que menciona la agenda 2026 suena bien en teoría, pero en la práctica suele significar que las MiPyMEs se ajusten a los requerimientos de las grandes firmas, no al revés. El riesgo aquí es que el tan anunciado desarrollo termine por concentrarse aún más, beneficiando a los que ya están en la mesa de la Alianza Empresarial, mientras el grueso de los negocios locales sigue luchando contra la informalidad, el acceso al financiamiento y la burocracia. Un verdadero impulso a las MiPyMEs requeriría medidas disruptivas, no solo incluirlas en la lista de buenos deseos de un comunicado de prensa.
El baile de las cifras que no están
El análisis más crítico surge de lo que las fuentes no dicen. No hay una sola cifra. No hay montos de inversión esperada, no hay número de empleos objetivo, no hay porcentajes de crecimiento proyectados. En un tema tan concreto como la atracción de inversiones, la omisión es clamorosa. ¿Es que no hay metas? ¿O es que no quieren comprometerse con números que después puedan usar en su contra? Esta opacidad convierte el anuncio en un acto de fe. Se nos pide creer que la ‘sólida relación’ y el ‘trabajo coordinado’ producirán resultados tangibles, pero no se nos dan los indicadores para monitorearlo. En un estado con desafíos profundos de desigualdad y desarrollo regional desbalanceado, este tipo de comunicados triunfalistas pero vacíos pueden generar más cinismo que esperanza. La gente ya está cansada de las fotos de los poderosos dándose la mano. Lo que quiere ver son resultados en su colonia, en su bolsillo, en la estabilidad de su trabajo. Mientras el discurso oficial se limite a celebrar la armonía entre el gobierno y una élite empresarial, sin transparentar los compromisos específicos y los mecanismos de evaluación, seguirá pareciendo más un pacto entre cúpulas que un verdadero proyecto de estado para todos. La próxima vez que Gallardo se reúna con la Alianza, la pregunta de rigor debería ser: ‘¿Y eso en qué se traduce para el que barre la nave industrial o para la dueña de la tortillería de la esquina?’. La respuesta, o la falta de ella, lo dirá todo.


