Incendio arrasa 100 puestos y tres edificios en La Merced

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Lo que debes de saber

  • El fuego afectó 100 puestos semifijos y tres edificios de hasta siete pisos.
  • Se evacuaron más de 200 personas y se reportó al menos una intoxicación.
  • Las autoridades confirmaron la presencia de pirotecnia en uno de los inmuebles.
  • El siniestro ocurre menos de tres años después de otro incendio en la misma zona.
Imagen de Nmas
Tomado de: Nmas

El fuego que no aprende de la historia

La noche del 21 de abril, una columna de humo negro se alzó sobre la alcaldía Venustiano Carranza, visible a cientos de metros. No era un espectáculo pirotécnico, sino el resultado de un incendio que, en menos de 15 minutos, se extendió por decenas de puestos semifijos y tres edificios en el corazón de los mercados de La Merced y Sonora. Según la cobertura en vivo de Nmas, el fuego comenzó en locales de artículos para fiesta sobre la calle Juan Cuamatzin. La velocidad fue tal que, para cuando los primeros equipos de bomberos llegaron, las llamas ya superaban los siete metros de altura y habían alcanzado cables de electricidad, alimentando aún más el caos. Myriam Urzúa, secretaria de Gestión Integral de Riesgos, detalló que el saldo preliminar era de alrededor de 100 puestos calcinados y más de 200 personas evacuadas, con al menos una intoxicación reportada. La imagen que queda es la de una zona comercial histórica, un pulmón económico informal, consumiéndose ante la mirada impotente de locatarios y vecinos que veían cómo su sustento se convertía en ceniza en cuestión de minutos.

Lo que debería ser una noticia aislada de una tragedia, sin embargo, huele a déjà vu. Un vistazo rápido a los archivos de los medios revela un patrón preocupante. Adn40 documentó un incendio en agosto de 2023, también en inmediaciones del Mercado de Sonora. En esa ocasión, el fuego comenzó en una bodega con plástico y «algunos fuegos artificiales o pirotecnia», afectando siete puestos semifijos. Las similitudes son escalofriantes: la misma zona, el mismo tipo de mercancía inflamable (artículos para fiesta, plástico, pirotecnia) y la misma vulnerabilidad estructural. Parece que el calendario de la desgracia en esta parte de la ciudad se repite cada par de años, con una puntualidad aterradora. La pregunta que se impone, entonces, no es sólo qué pasó anoche, sino por qué seguimos viendo pasar lo mismo. ¿Dónde quedaron los protocolos reforzados, las inspecciones o, al menos, las lecciones aprendidas del siniestro anterior? La memoria institucional, al parecer, es tan frágil como los puestos de unisel que se consumen en segundos.

«El fuego afecta aproximadamente 100 m del callejón, por lo que, además de los puestos semifijos, hay tres edificios comprometidos», informó Juan Manuel Pérez Cova, jefe de los bomberos capitalinos, según Nmas.

Imagen de Record
Tomado de: Record

Pirotecnia y cables: la bomba de tiempo en el callejón

El análisis de lo ocurrido va más allá de un simple cortocircuito o un descuido. La confirmación por parte de las autoridades de que había pirotecnia almacenada en uno de los inmuebles es el dato que cambia todo el relato. No se trata de un accidente doméstico; es la combinación letal de un comercio de alta peligrosidad operando en condiciones de hacinamiento y precariedad, en medio de una de las zonas más densamente pobladas de la CDMX. Los puestos semifijos y los edificios antiguos, con instalaciones eléctricas a menudo improvisadas o en mal estado, son el escenario perfecto para que un pequeño incidente se convierta en una catástrofe. Record reportó el hecho de manera escueta, pero la simple mención del Mercado de Sonora activa todas las alarmas por su conocida venta de animales y productos diversos, muchos de ellos inflamables. La respuesta de las autoridades, con la movilización de bomberos, PC, la SSC e incluso personal de la Secretaría de la Defensa Nacional, fue rápida y contundente, lo que evitó una tragedia mayor en pérdidas humanas. Pero la eficacia en la reacción no debe opacar la negligencia en la prevención. ¿Quién autoriza o tolera el almacenamiento de cohetes y fuegos artificiales en un edificio de siete pisos rodeado de puestos de plástico y madera?

El contexto urbano de la zona es otro cómplice silencioso. Calles estrechas como el callejón donde inició el fuego, la congestión vial perpetua y la densa trama de comercio informal hacen que el trabajo de los equipos de emergencia sea una hazaña logística. Aunque se cerraron vialidades como Fray Servando Teresa de Mier y la calle Cabaña para dar paso a las pipas de agua, el simple acceso al epicentro del incendio es una batalla. Esta no es la primera vez que el Heroico Cuerpo de Bomberos tiene que lidiar con estas condiciones en La Merced, y probablemente no será la última. La narrativa oficial, encabezada por la jefa de gobierno Clara Brugada a través de sus redes sociales, se centra en la labor heroica de los equipos de rescate –y con razón–, pero se queda corta al abordar el problema de fondo: la regulación, o la ausencia de ella, sobre qué se vende y cómo se almacena en el núcleo comercial más antiguo de la ciudad. Se combate el fuego, pero no las chispas que lo generan una y otra vez.

Imagen de Nmas
Tomado de: Nmas

¿Y ahora qué? De la emergencia a la (in)acción

Una vez que se apaguen las últimas brasas y las cámaras de los medios se retiren, quedará el paisaje desolado de los escombros y las preguntas incómodas. Los locatarios afectados, muchos de los cuales seguramente operaban en la informalidad, enfrentarán la ruina total sin una red de seguridad clara. La promesa de apoyos y reconstrucción sonará familiar para quienes recuerdan el incendio de 2023. El verdadero análisis crítico no está en describir las llamas, sino en cuestionar el ciclo de destrucción y reconstrucción precaria que parece perpetuarse. La cobertura de Nmas aporta un dato crucial: el incendio se registró apenas minutos después de que cesaran unas fuertes lluvias. La ironía es brutal: una zona que minutos antes estaba anegada, se convierte en un infierno. La ciudad muestra sus dos caras más extremas y vulnerables en cuestión de horas. La reflexión final es amarga. Estos siniestros en mercados emblemáticos no son actos de Dios ni simples fatalidades; son el síntoma de un modelo de ciudad que crece de manera desordenada, donde la actividad económica informal y la supervivencia diaria se imponen sobre los más básicos protocolos de seguridad. Se desalojan a cientos, se movilizan decenas de camiones de bomberos, los funcionarios dan conferencias, y todo vuelve a la “normalidad” hasta que el próximo cortocircuito en un puesto de pirotecnia vuelva a encender la mecha. La verdadera pregunta es cuántas columnas de humo negro necesitaremos ver sobre La Merced para que la historia deje de repetirse.


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