Lo que debes de saber
- La Canacintra de SLP asegura que el estado es el más atractivo del Bajío por su infraestructura.
- Su argumento clave es el sistema ferroviario y carretero para mover mercancías a EU en horas.
- El símbolo histórico del estado es una prensa de acuñación inglesa adquirida en 1882 por Porfirio Díaz.
- La narrativa de modernidad choca con la realidad de equipos centenarios que aún son orgullo local.

El cuento de la infraestructura moderna
Carlos Rafael Mendizábal Pérez, el presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) en San Luis Potosí, lo tiene claro: su estado es la joya de la corona del Bajío. En una entrevista con Mexicoindustry, el líder empresarial despliega el argumento de venta perfecto para atraer inversión extranjera. Habla del potencial de crecimiento de la zona metropolitana, de las vías férreas coordinadas por Kansas City Southern, de ser un centro carretero que mueve mercancías a Estados Unidos en cuestión de horas y hasta de la posibilidad de ampliar el aeropuerto. Es el discurso pulido, optimista y lleno de prospectiva que cualquier corporativo quiere escuchar antes de firmar un cheque. Mendizábal, reelecto en 2022, menciona con orgullo que de sus 500 socios, más de 400 son empresas potosinas, pequeñas y medianas, y que trabajan en un Consejo Potosí para subir el nivel de competencia económica. Suena a un plan de desarrollo del siglo XXI, con visión global y logística de punta. Pero hay un detalle que se le escapa a este relato de modernidad: la infraestructura emblemática, la que realmente da identidad y sustento histórico a la entidad, no es precisamente nueva. De hecho, algunas de sus piezas clave tienen más de un siglo de antigüedad y siguen siendo motivo de orgullo, no como reliquias, sino como herramientas funcionales. La pregunta incómoda es: ¿hasta qué punto la narrativa del «estado más atractivo» se construye sobre cimientos que son, literalmente, porfirianos?
La máquina del tiempo en la Casa de Moneda
Mientras la Canacintra vende futuro, otro rincón de San Luis Potosí celebra y opera con un pedazo tangible del pasado. Elfinanciero documenta la operación de la antigua prensa de acuñación en la Casa de Moneda del estado. Se trata de una máquina inglesa adquirida en 1882 por el gobierno de Porfirio Díaz. La cosa no es un adorno de museo; sigue trabajando «a la perfección», acuñando 150 monedas por minuto. Originalmente funcionaba con vapor y en 1907 le adaptaron un motor eléctrico. «Las actuales hacen 750», aclara el reportaje, poniendo en perspectiva que, aunque es lenta para estándares modernos, su resistencia es admirable. El artículo detalla que durante el porfiriato se adquirieron veinte prensas como esa y todas aún funcionan. Incluso hay una más antigua, de 1832, apodada «la bailarina». Esta máquina genera 70 toneladas de presión, un testimonio de una ingeniería que se construyó para durar. La Casa de Moneda de San Luis Potosí, inaugurada en 1983, llegó ahí porque la empresa Mexinox donó los terrenos, tras descartarse Querétaro. Es una historia de adaptación y reutilización, no de construcción desde cero. El orgullo no está en lo nuevo, sino en lo que ha perdurado, en lo que se ha sabido mantener y darle nueva vida.
«Las actuales hacen 750, ésta originalmente funcionaba con vapor y en 1907 le implementaron un motor de ingeniería eléctrica, los mismos trabajadores le hicieron la modificación a esta máquina inglesa que fue adquirida en 1882 por el gobierno de Porfirio Díaz»,
Esta cita encapsula la esencia del asunto: la modernización no siempre significa tirar lo viejo; a veces es adaptarlo, entender su mecánica y hacerlo funcional para el presente. Es una lección de pragmatismo industrial que contrasta fuertemente con el discurso de vanguardia que vende la cámara empresarial.
¿Atractivo por lo nuevo o por lo viejo que aún sirve?
Aquí es donde el análisis pica y se extiende. La Canacintra enfatiza elementos como el sistema ferroviario. ¿Y qué es el ferrocarril sino una infraestructura decimonónica que, modernizada y bien gestionada, sigue siendo la columna vertebral del comercio pesado? No es muy distinto a la prensa de 1882: tecnología antigua, pero crítica. El estado se jacta de ser un centro carretero. Las carreteras, en su concepto básico, tampoco son una invención del siglo XXI. El verdadero atractivo que Mendizábal describe quizá no sea la novedad tecnológica, sino la capacidad operativa y logística que se ha construido sobre una base histórica. San Luis Potosí no partió de cero; partió de tener una ubicación geográfica estratégica y una herencia de infraestructura (ferrocarriles, caminos) que data de la época en que Porfirio Díaz traía máquinas de Inglaterra. El «potencial de crecimiento» del que habla la cámara existe precisamente porque hay algo sólido sobre lo cual crecer. El riesgo de este discurso dual es que puede leerse de dos maneras. La positiva: San Luis es un estado con cimientos sólidos y probados por el tiempo, que sabe mezclar lo histórico con lo moderno. La negativa: se está vendiendo humo de modernidad cuando parte del equipamiento productivo simbólico (y quizá real) tiene más de cien años. ¿Es atractivo porque promete fábricas robotizadas o porque tiene las vías para sacar la producción que esas fábricas generen, sin importar si la maquinaria interna es nueva o renovada?
El orgullo local frente al espejo global
Mendizábal Pérez hace hincapié en un dato revelador: la mayoría de sus agremiados son empresas potosinas, pymes. Esto habla de un tejido industrial endógeno, no solo de filiales extranjeras. Es un orgullo legítimo. Paralelamente, el reportaje de la Casa de Moneda rescata la figura de Blas Escontría, un ingeniero ensayador de 1879 cuyo diseño está en monedas de plata pura. Son dos caras del mismo orgullo local: el empresario moderno que negocia con el gobierno y el ingeniero histórico que dejó su huella en la numismática nacional. Ambos son productos de San Luis Potosí. El estado se vende al exterior con el argumento de la conectividad y la eficiencia, pero se reconoce internamente por su capacidad de preservar, adaptar y hacer perdurar. El problema surge cuando la narrativa para afuera ignora o menosprecia los cimientos históricos que la hacen posible. Vender la ampliación del aeropuerto suena más sexi que hablar de mantener operativa una prensa de 1882, pero ambas son caras de la misma moneda (nunca mejor dicho): la infraestructura que funciona. La pregunta final, incómoda para cualquier promotor económico, es: ¿el verdadero atractivo de San Luis Potosí está en lo que promete construir o en lo que ha sabido conservar y hacer productivo durante 140 años? La respuesta probablemente sea una mezcla de ambas, pero reconocerlo abiertamente le daría una profundidad y una autenticidad a su discurso que el simple eslogan de «el más atractivo» no logra transmitir. Al final, las monedas que acuñan historia también están acuñando, día a día, la viabilidad económica del estado.


