Putin amenaza con armas nucleares por Kaliningrado

El enclave báltico se convierte en el nuevo polvorín de una guerra que ya lleva demasiado tiempo.

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Lo que debes de saber

  • Putin advirtió que Rusia está dispuesta a usar todas sus armas, incluidas las nucleares, para proteger Kaliningrado, un enclave ruso entre Polonia y Lituania.
  • Ucrania asegura que el debate sobre los misiles Tomahawk obligó a Putin a volver al diálogo con Estados Unidos.
  • Trump y Putin acordaron reunirse en Budapest para abordar la guerra en Ucrania tras una llamada telefónica.
  • Rusia ha intensificado los ataques contra la infraestructura energética ucraniana, provocando cortes de emergencia en todo el país.
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Tomado de: Prensalibre

Kaliningrado: el enclave que Putin no va a soltar

Imagínate que tienes una casa en un vecindario donde todos te odian. No puedes llegar por la calle principal porque está bloqueada, así que tienes que pasar por un pasillo angosto que otros controlan. Así vive Rusia con Kaliningrado, un pedazo de tierra entre Polonia y Lituania que quedó separado del resto del país tras la disolución de la Unión Soviética. Ahora Putin dice que está dispuesto a usar todas las armas, incluidas las nucleares, para defenderlo. La advertencia la recoge Prensalibre, y no es la primera vez que Moscú agita el fantasma nuclear. Pero el contexto actual es distinto: la guerra en Ucrania sigue, y Occidente debate enviar misiles de largo alcance a Kyiv.

Kaliningrado no es solo un territorio simbólico. Ahí está la Flota del Báltico, hay misiles Iskander con capacidad nuclear y es un punto estratégico para proyectar poder hacia Europa del Norte. Para Putin, perderlo sería como si México perdiera la península de Yucatán: un golpe geográfico, militar y emocional. Por eso cada vez que la OTAN hace maniobras cerca, Moscú responde con retórica incendiaria. La diferencia es que ahora la retórica viene acompañada de acciones: Rusia ha desplegado más tropas y equipo en el enclave, según reportes de inteligencia occidental.

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Tomado de: Lasexta

El efecto Tomahawk: ¿diálogo por miedo o por estrategia?

Mientras Putin amenaza con lo nuclear, Ucrania sostiene que el simple debate sobre los misiles Tomahawk —armas de largo alcance que Estados Unidos podría dar a Kyiv— ha obligado al Kremlin a volver a la mesa de diálogo. Lasexta reporta que, según fuentes ucranianas, Putin se vio forzado a aceptar conversaciones con Washington porque la presión militar y diplomática lo estaba ahogando. No es que Putin sea un pacifista de repente, sino que los Tomahawk podrían alcanzar objetivos en Crimea y en territorio ruso profundo, algo que Moscú no está dispuesto a tolerar sin pelear.

La llamada entre Trump y Putin, que derivó en una reunión programada en Budapest, es un indicio de que algo se está moviendo. Pero cuidado: no es la primera vez que se anuncia un diálogo que luego queda en nada. En 2018, Trump y Putin se reunieron en Helsinki y no pasó nada. En 2021, Biden y Putin se vieron en Ginebra y tampoco. La diferencia ahora es que Ucrania tiene más capacidad de ataque y Europa está más unida, aunque con grietas. Hungría, por ejemplo, rechaza adelantar la desconexión energética con Rusia, lo que muestra que la unidad europea no es tan sólida como se pinta.

«Ucrania considera que el debate sobre los misiles Tomahawk ha obligado a Putin a volver al diálogo con EEUU», reporta Lasexta.

La guerra de los desgastes

Mientras la diplomacia hace malabares, sobre el terreno la guerra sigue cobrando vidas y destruyendo infraestructura. Rusia ha lanzado ataques masivos contra la red energética ucraniana, provocando cortes de emergencia en todo el país. Ucrania, por su parte, ha alcanzado refinerías en Sarátov y Zaporiyia. Reino Unido cifra en 250 kilómetros cuadrados el territorio que Rusia capturó en septiembre, lo que da una idea de que el frente no está congelado. Y para complicar el panorama, Corea del Norte sigue apoyando a Moscú con militares que participan en tareas de vigilancia y ataques con drones desde Kursk. Irán también coquetea con Rusia: el ayatolá Jamenei envió un mensaje secreto a Putin, según reportes.

En este tablero, Kaliningrado es la ficha que Putin no quiere perder. Su advertencia nuclear no es un farol, pero tampoco una sentencia. Es una forma de recordarle a Occidente que si sigue apretando, él puede apretar más. La pregunta es si el mundo está dispuesto a jugar ese juego. Porque una cosa es debatir misiles y otra muy distinta es coquetear con el botón rojo. Como dijo un analista: «Putin no quiere una guerra nuclear, pero quiere que creas que está dispuesto a tenerla». Y en ese juego, todos perdemos.


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