Taybeh, el último pueblo cristiano de Cisjordania, agoniza bajo el acoso de colonos

Mientras el mundo mira a Gaza, 1.200 cristianos en Taybeh enfrentan incendios, invasiones y un silencio que duele más qu

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Lo que debes de saber

  • Taybeh, el último pueblo íntegramente cristiano de Cisjordania, sufre acoso sistemático de colonos israelíes: incendios, invasiones de viviendas y destrucción de tierras agrícolas.
  • El Ejército israelí declaró la zona como militar cerrada hasta julio de 2027, pero el párroco Bashar Fawadleh asegura que los colonos siguen entrando con sus rebaños, evidenciando la ineficacia de la medida.
  • La comunidad cristiana se siente abandonada por la comunidad internacional y pide la intervención directa del papa León XIV para frenar la violencia.
  • La situación en Cisjordania se agrava: más de mil puestos de control, asentamientos que rodean cada aldea y una violencia que el padre Faltas describe como ‘guerra no oficial pero continua’.
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Tomado de: Vidanuevadigital

Un pueblo que se apaga entre incendios y silencio

En el corazón de Cisjordania, a unos 30 kilómetros de Jerusalén, existe un lugar que parece sacado de otro tiempo: Taybeh, la última localidad íntegramente cristiana de la región, identificada bíblicamente como Efraím. Pero este rincón de historia viva se está apagando. Vidanuevadigital reporta que sus cerca de 1.200 habitantes enfrentan un acoso sistemático por parte de colonos israelíes que incluye incendios de terrenos, invasión de propiedades y una presión psicológica constante. El párroco latino, el sacerdote Bashar Fawadleh, ha lanzado un grito de auxilio que resuena como un eco en el vacío: «¡No olviden Taybeh! Taybeh no debe desaparecer en el silencio».

El detonante más reciente fue la ocupación arbitraria de una vivienda familiar. Según relató Fawadleh a los medios vaticanos, dos colonos entraron repetidamente a una casa recién preparada para ser habitada, cortaron la valla e introdujeron un rebaño de ovejas en la propiedad. No es un caso aislado: el sacerdote describe un patrón coordinado de intimidación que busca «crear un clima de miedo» y empujar a las familias palestinas a abandonar sus tierras. Y mientras tanto, el mundo mira hacia Gaza, y Taybeh se desangra en silencio.

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Tomado de: Infovaticana

La zona militar que no protege a nadie

Aquí viene la contradicción que debería indignar a cualquiera con dos dedos de frente. El Ejército israelí declaró a Taybeh y parte de su entorno como zona militar cerrada para ciudadanos israelíes hasta julio de 2027, según informa Infovaticana. La medida, fechada el 23 de julio, abarca unos 14 kilómetros cuadrados e incluye sectores de las localidades vecinas de Dayr Jarir y Ramun. El Ejército justifica el cierre por los ataques violentos de colonos. Pero aquí está el detalle que no cuadra: el padre Fawadleh asegura que, pese a la orden, los colonos siguen entrando con sus rebaños y sus tiendas de campaña como si nada.

¿De qué sirve una zona militar cerrada que no frena a quienes debería frenar? La restricción no afecta a los palestinos y contempla excepciones para periodistas, pero la realidad sobre el terreno es otra. Fuentes palestinas contabilizaron al menos once incidentes protagonizados por colonos en el área de Taybeh solo durante julio. Once incidentes en un mes, en una zona supuestamente protegida por el Ejército. Si esto no es un fracaso de la medida, ¿qué es? El propio párroco lo cuestiona: considera que existen otros medios para proporcionar una protección efectiva a los habitantes, pero no se están utilizando.

«Nos sentimos olvidados, nos sentimos solos», advirtió el padre Bashar Fawadleh, párroco de Cristo Redentor, en declaraciones a Vatican News.

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Tomado de: Vaticannews Va

Una soledad que duele más que las piedras

La sensación de abandono no es solo un sentimiento; es una realidad palpable. El padre Fawadleh no solo denuncia los ataques físicos, sino el impacto psicológico: «Imagínese: usted prepara la casa de su familia y después descubre que unos desconocidos han entrado libremente en ella». Y mientras tanto, la comunidad internacional guarda silencio. El sacerdote ha pedido directamente la intervención del papa León XIV: «Queremos vivir en paz, con justicia y dignidad». Pero la pregunta incómoda es: ¿alguien escuchará?

La situación en Taybeh no es un caso aislado; es un síntoma de algo mucho más grande. Vatican News publicó un desgarrador testimonio del padre Ibrahim Faltas, director de las escuelas de la Custodia de Tierra Santa, que describe una Cisjordania «irreconocible», una tierra dividida física y socialmente, devastada por heridas profundas. Faltas habla de una «guerra no oficial, no declarada, pero continua, constante y generalizada». Y los datos lo respaldan: más de mil puestos de control salpican el paisaje, los asentamientos han rodeado cada aldea, y la vida palestina está «asfixiada» por la violencia.

El silencio cómplice

Lo más perturbador de todo esto no es la violencia en sí, sino la indiferencia con la que se recibe. Mientras los cristianos de Taybeh ven cómo sus tierras se queman y sus casas son invadidas, el mundo sigue hablando de la necesidad de proteger a las minorías religiosas en Medio Oriente. Pero las palabras no apagan incendios. Las declaraciones no devuelven las tierras. Y las zonas militares cerradas no detienen a los colonos cuando nadie hace cumplir la orden.

El padre Faltas lanza una advertencia que debería resonar en cada redacción del planeta: la violencia se extiende a nuevos actos de venganza, aumenta la lista de muertes y destrucción, reduce las perspectivas de paz y aprisiona mentes y corazones tras alambradas. Y en medio de todo esto, Taybeh, ese pueblo que alguna vez fue ejemplo de convivencia cristiano-musulmana, se queda solo. Sin focos, sin trending topics, sin cadenas de oración masivas.

La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿cuántos Taybeh más tendrán que desaparecer antes de que alguien haga algo? Porque el silencio también mata. Y en Cisjordania, el silencio se ha convertido en el mejor aliado de los colonos.


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