Lo que debes de saber
- Gobernadores de Puebla, Oaxaca y cinco estados más acordaron acciones conjuntas en seguridad para zonas limítrofes.
- La Mesa de Inteligencia Interestatal busca intercambio de información y operativos coordinados.
- El gobernador Alejandro Armenta y Salomón Jara Cruz encabezaron el primer encuentro.
- La estrategia se alinea a la Estrategia Nacional de Seguridad, pero el escepticismo persiste por resultados previos.

¿Blindaje o cortina de humo?
Que siete gobernadores se sienten a hablar de seguridad suena bien en el papel. Que salgan con fotos y declaraciones de «cooperación institucional» suena a libreto conocido. Pero cuando el crimen organizado opera sin pedir permiso en las fronteras entre estados, uno se pregunta si estas mesas de inteligencia son el principio de algo real o solo el capítulo siguiente de una serie que ya vimos: acuerdos, promesas, y al final, los mismos titulares de violencia.
Según reporta Periodicoelregional, Puebla y Oaxaca «consolidaron acciones conjuntas» mediante la Mesa de Inteligencia Interestatal. El gobernador Alejandro Armenta aseguró que la colaboración permitirá construir una estrategia basada en inteligencia y cooperación institucional, alineada a la Estrategia Nacional de Seguridad. Su homólogo de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, secundó el discurso: «este esfuerzo conjunto es clave para garantizar condiciones de paz».
Pero aquí el primer dato que salta: la nota se publicó el 25 de marzo de 2026. Casi un mes después, el 14 de abril, Imagenzac reportó que desde Aguascalientes, autoridades de siete entidades —no solo dos— acordaron lo mismo. ¿Se sumaron más estados al barco o es que cada quien hace su propia mesa por separado? La coordinación interestatal, si no es simultánea y vinculante, corre el riesgo de ser un desfile de buenas intenciones.
«Ambos gobiernos coincidieron en la necesidad de mantener acciones permanentes que permitan prevenir delitos y mejorar la seguridad en beneficio de la población.» — Periodicoelregional
El fantasma de la impunidad
No es que esté mal que los gobernadores se reúnan. El problema es que estas reuniones no son nuevas. En 2023, tras la masacre de Villa de Reyes —donde el CJNG asesinó a 17 personas—, el entonces gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, prometió coordinación con estados vecinos. Resultado: los homicidios en la región no bajaron y los cárteles siguen moviéndose como Pedro por su casa. La diferencia entre entonces y ahora es que los gobernadores cambiaron de partido, pero el libreto es el mismo.
La Mesa de Inteligencia Interestatal suena a nombre de película de espías, pero en la práctica, el intercambio de información entre corporaciones policiacas estatales ha sido históricamente un desastre. Cada estado tiene su propia base de datos, sus propios protocolos y, sobre todo, sus propios intereses políticos. ¿De verdad creemos que un gobernador de un partido le va a pasar información sensible a otro del partido contrario? La desconfianza entre fiscalías estatales es un secreto a voces que ningún comunicado conjunto va a resolver.

Del discurso a la realidad: el abismo de siempre
El gobernador Armenta dijo que la estrategia está «alineada a la Estrategia Nacional de Seguridad». Traducción: lo que diga la federación. Y la federación, con la presidenta Sheinbaum al frente, ha mantenido la misma línea de «abrazos, no balazos» con algunos ajustes. Pero mientras los homicidios dolosos en México siguen por encima de los 25 mil al año —según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública—, uno duda que alinear estrategias estatales a una política federal que no ha dado resultados sea la solución.
Lo que no se dice en los comunicados es que el crimen organizado se ha especializado en explotar justo estas zonas limítrofes. Los límites entre Puebla y Oaxaca, o entre Aguascalientes y Zacatecas, son tierra de nadie donde las policías estatales no pueden entrar sin coordinación, y los federales llegan cuando ya pasó todo. Ahí es donde los cárteles ponen sus campamentos, sus laboratorios de droga y sus puntos de cobro de piso. Blindar esas zonas no se logra con mesas de trabajo, sino con operativos reales, inteligencia de campo y, sobre todo, voluntad política para no proteger a nadie.
Y aquí el dato que duele: según el Índice de Paz México 2025, elaborado por el Institute for Economics and Peace, la tasa de homicidios en México bajó apenas un 3% respecto al año anterior. Pero en estados como Zacatecas, Guanajuato y Michoacán —todos presentes en estas mesas— la violencia sigue siendo endémica. La coordinación interestatal no es un lujo, es una necesidad. Pero si no viene acompañada de recursos, capacitación y, sobre todo, de resultados medibles, será solo otro capítulo en la larga historia de promesas incumplidas.
La pregunta incómoda
¿Qué va a pasar cuando el primer operativo conjunto fracase? ¿Quién va a asumir la responsabilidad? En los comunicados oficiales, todos sonríen y hablan de «cooperación institucional». Pero cuando los cuerpos aparecen en la línea divisoria entre dos estados, nadie quiere firmar el reporte. La coordinación interestatal es bonita en el papel, pero en la práctica, la impunidad es el verdadero pegamento que une a los cárteles.
Mientras tanto, los ciudadanos de esas zonas fronterizas siguen esperando que algo cambie. Que las mesas de inteligencia no sean solo una foto más en el muro de los gobernadores. Que el blindaje no sea un eslogan de campaña reciclado. Que, por una vez, la coordinación entre estados signifique algo más que un comunicado de prensa.


