Lo que debes de saber
- En Argentina, llenar un tanque estándar ya supera los 118 mil pesos, según Agenda Salta.
- En Ecuador, una SUV gasta hasta 91 dólares en gasolina Súper, reporta Metro Ecuador.
- En México, los precios de la gasolina han subido más del 20% en el último año, según datos de la CRE.
- Mientras los gobiernos justifican los aumentos con el precio internacional del petróleo, los salarios en SLP siguen estancados.

El tanque lleno: un lujo que ya no todos pueden pagar
Si hace unos años llenar el tanque del coche era una molestia pasajera, hoy se ha convertido en un ejercicio de contorsionismo financiero. En Argentina, Agenda Salta reporta que llenar un tanque estándar ya cuesta más de 118 mil pesos argentinos. En Ecuador, Metro Ecuador documenta que una SUV necesita hasta 91 dólares para un tanque lleno con gasolina Súper. Y en México, aunque no hay una cifra única, los precios en San Luis Potosí ya rondan los 24 pesos por litro en la gasolina regular, lo que significa que llenar un tanque de 40 litros cuesta cerca de 960 pesos. Una cantidad que, para muchas familias potosinas, equivale a una despensa básica de una semana.
«Ir a una gasolinera en Ecuador ya no es una parada rápida. Para muchos conductores se convirtió en un pequeño golpe al bolsillo.» — Metro Ecuador
La frase aplica perfectamente para San Luis Potosí. El problema no es solo el precio en sí, sino lo que representa: un gasto que antes era predecible ahora se ha vuelto volátil y, sobre todo, desproporcionado respecto al ingreso promedio. Mientras el salario mínimo en México subió a 278.80 pesos diarios en 2025, llenar el tanque una vez a la semana ya consume más del 30% de ese ingreso. Y si el coche es usado para trabajar —como en el caso de repartidores, taxistas o transportistas— la cuenta se vuelve insostenible.

El cuento de siempre: el precio internacional y la gasolina que nunca baja
Los gobiernos, tanto en Argentina como en Ecuador y México, han justificado los aumentos con el mismo libreto: el precio del petróleo sube, la gasolina sube. Pero cuando el crudo baja, la gasolina nunca baja al mismo ritmo. Es una asimetría que ya tiene nombre: efecto cohete y pluma. Sube como cohete, baja como pluma. En México, la Comisión Reguladora de Energía (CRE) ha permitido que los precios se ajusten casi a diario, pero los consumidores no ven una correlación clara con el mercado internacional. Mientras tanto, El Universal Oaxaca ya advertía en 2021 que llenar el tanque antes de fin de año era una estrategia para evitar el golpe de los aumentos. Cuatro años después, la estrategia ya no funciona porque los aumentos son constantes.
El caso de San Luis Potosí: un reflejo nacional
En SLP, la gasolina no solo afecta a los automovilistas. El transporte público, que depende del diésel, ha tenido que aumentar tarifas. Los productos de la canasta básica, que se transportan en camiones, también suben. Es una cadena que termina en el bolsillo del consumidor final. Según datos de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), el precio de la gasolina regular en SLP ha subido un 22% en los últimos 12 meses, mientras que el salario mínimo apenas creció un 12%. La brecha se amplía y nadie parece tener un plan para cerrarla.
Mientras tanto, los gobiernos estatales y federales se limitan a anunciar subsidios temporales o programas de apoyo que, en el mejor de los casos, alivian el golpe por unos meses. Pero la estructura del problema sigue intacta: una dependencia casi total de los combustibles fósiles, una red de transporte público deficiente y una política de precios que beneficia más a las petroleras que a los ciudadanos.

¿Y las alternativas? El espejismo de la movilidad sostenible
En teoría, la solución sería migrar a vehículos eléctricos o híbridos, o fortalecer el transporte público. En la práctica, en SLP los autos eléctricos son un lujo que pocos pueden pagar (el más barato cuesta más de 400 mil pesos) y el transporte público sigue siendo un servicio de mala calidad, con rutas insuficientes y unidades viejas. El gobierno del estado ha prometido la renovación de la flota de camiones urbanos, pero los plazos se han incumplido una y otra vez. Mientras tanto, el ciudadano promedio sigue atado a su coche y a la gasolinera.
La ironía es que, mientras en Argentina y Ecuador los gobiernos han aplicado ajustes graduales que al menos son predecibles, en México los aumentos son erráticos y opacos. Agenda Salta detalla que en Argentina el precio del litro ya supera los 1,180 pesos argentinos, una cifra que, ajustada por inflación, es comparable a la mexicana. Pero allá al menos saben que el aumento es parte de un plan económico, por más doloroso que sea. Aquí, los aumentos parecen caer del cielo, sin explicación clara y sin que los consumidores tengan poder de negociación.
El resultado es el mismo en los tres países: la gasolina se ha convertido en un lujo. Y en San Luis Potosí, donde el ingreso promedio es de los más bajos del país, el golpe es particularmente brutal. Llenar el tanque ya no es solo una cuestión de presupuesto: es una decisión que define si se come o se trabaja. Y mientras los políticos hablan de reactivación económica, la realidad es que muchos potosinos ya están decidiendo entre llenar el tanque o llenar la despensa.


