Lo que debes de saber
- Ocho de 19 acuíferos en el estado tienen estrés hídrico, incluido el que abastece la zona metropolitana.
- El 92% del agua en la capital potosina se extrae de mantos subterráneos, contra 41% en 1960.
- El huachicol del agua y las pérdidas en la red agravan la escasez que ya provocó bloqueos en la ciudad.
- Diputados y gobierno estatal reconocen que el problema dejó de ser técnico para convertirse en uno de gobernanza.

El agua no llega, pero las facturas sí
San Luis Potosí vive una paradoja que debería avergonzar a más de uno: mientras ocho de sus 19 acuíferos están clasificados con estrés hídrico y la zona metropolitana depende en un 92% del agua subterránea, las protestas por la falta de suministro se multiplican. Según reporta Buzos, en 1960 el suministro se dividía casi a la mitad entre fuentes superficiales y subterráneas; para 2025, la balanza se inclinó de forma brutal hacia el subsuelo. Eso no es casualidad: es el resultado de décadas de sobreexplotación de mantos freáticos, concesiones desmedidas para uso agropecuario y una industria que crece sin que el agua crezca con ella.
Pero el dato que debería encender todas las alarmas no es solo la sequía de los ríos o las temperaturas históricas. Es que, como documenta Crónica, el diputado Luis Fernando Gámez Macías, presidente de la Comisión de Vigilancia de la Función de Fiscalización del Congreso local, ya advirtió que la crisis hídrica en la Zona Metropolitana de San Luis Potosí dejó de ser un reto técnico para convertirse en un problema de gobernanza. Traducción: no es que falten mantos acuíferos o que el clima se haya vuelto loco de la noche a la mañana; es que quienes deben administrar el agua no están haciendo su chamba.
El legislador indicó que los indicadores del Interapas muestran una vulnerabilidad estructural que requiere una intervención inmediata y sin tintes políticos, ante las fallas que ya afectan a diversas zonas.
El huachicol del agua y los pozos que ya no dan más
Uno de los puntos más oscuros de esta historia es el llamado huachicol del agua, esa extracción clandestina que alimenta a piperos sin registro ni contabilidad oficial. Buzos detalla que a las concesiones legales para uso agropecuario se suma esta red irregular que vende el líquido a altos costos en zonas donde el suministro formal no llega. Es decir, hay quien se está haciendo rico con la sed de la gente, mientras el Interapas —el organismo operador— reporta pérdidas de agua en la red que alcanzan niveles críticos, equipos obsoletos y un déficit financiero que no se resuelve con parches.
El secretario general de Gobierno del estado, J. Guadalupe Torres Sánchez, reconoció que las inconformidades por la falta de agua se han vuelto constantes. Pero reconocer no es resolver. Mientras tanto, los bloqueos simultáneos en el Anillo Periférico y la avenida Juárez —reportados por Crónica— evidencian que la paciencia de los potosinos ya se agotó. Colonias enteras llevan semanas, incluso años, sin agua potable. Y no, no es culpa de la falta de lluvias: es culpa de una gestión que no da el ancho.

Gobernanza: la palabra que nadie quiere pronunciar
Cuando un diputado dice que el problema es de gobernanza, está diciendo, en buen mexicano, que el sistema no funciona. Que el Interapas no recauda lo suficiente, que el mantenimiento brilla por su ausencia y que la transparencia en el uso de los recursos es un mito. Gámez Macías fue claro: cualquier ingreso extraordinario o venta de activos municipales debería reflejarse en mejoras reales, como la recuperación de agua y el fortalecimiento de la infraestructura. Pero hasta ahora, lo que se ve son pozos fuera de servicio y equipos que ya deberían estar en un museo.
El contraste es brutal: mientras la NOM-011-CONAGUA-2015 ya advierte que en varias zonas de San Luis Potosí el agua disponible es insuficiente para cubrir la demanda, el estado sigue permitiendo la sobreexplotación de mantos freáticos y la extracción desmedida mediante pozos autorizados. La zona metropolitana —que incluye a San Luis Potosí, Soledad de Graciano Sánchez, Cerro de San Pedro, Pozos, Zaragoza y Mexquitic de Carmona— está al borde del colapso hídrico, y las soluciones que se anuncian, como la presa Las Escobas, tambalean.
El dato que debería helar la sangre: en 1960, el 59% del agua venía de fuentes superficiales y el 41% de subterráneas. Hoy, el 92% se extrae del subsuelo. Esa inversión no es sostenible, y todos lo saben. Pero mientras no haya voluntad política para regular el huachicol, modernizar la red y, sobre todo, poner orden en las concesiones, la crisis seguirá siendo un negocio para unos cuantos y una pesadilla para el resto.
La pregunta que queda flotando es simple: si el problema ya no es técnico, si ya se identificaron las fallas estructurales y si hasta el gobierno estatal reconoce la urgencia, ¿qué están esperando para actuar? Porque el agua no espera, y los potosinos, menos.


