Diputado exige extinción del Interapas por crisis hídrica en SLP

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Lo que debes de saber

  • El Interapas tiene una pérdida técnica de agua superior al 50%, según auditorías.
  • El diputado Luis Fernando Gámez Macías lleva más de un año pidiendo la extinción del organismo.
  • El alcalde Enrique Galindo acusa ‘montajes’ en las protestas por falta de agua.
  • La Comisión de Vigilancia del Congreso estatal analiza un dictamen para sancionar a los responsables.
Imagen de Oem
Tomado de: Oem

El agua se va, la bronca se queda

Imagina que pagas por un garrafón de agua y solo te llega medio litro. El resto se perdió en el camino. Ahora multiplica esa sensación de estafa por toda una ciudad. Eso es, en esencia, lo que documentan las auditorías sobre el Instituto de Agua Potable y Alcantarillado de San Luis Potosí (Interapas). Según reporta Oem, el organismo opera con una deficiencia técnica que provoca una pérdida de más del 50% del agua. No es que falte, es que se esfuma. Y mientras los números pintan un desastre en rojo, la respuesta oficial parece ser una combinación de negación y señalamientos. El diputado local Luis Fernando Gámez Macías, presidente de la Comisión de Vigilancia, no se anda por las ramas: el Interapas debe extinguirse. Su postura no es nueva; desde enero de 2025 ya hablaba de una iniciativa firmada por 15 legisladores para desaparecerlo. Un año después, la crisis no mejora, las protestas crecen y el debate se envenena.

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Tomado de: Oem

De las auditorías a las acusaciones

El meollo del asunto no es solo la gotera monumental. Las auditorías del Instituto de Fiscalización Superior del Estado (IFSE) apuntan a un mal manejo que va más allá de las tuberías rotas. Oem cita al diputado señalando que, en cuanto a recursos humanos y materiales, «no han tenido el cuidado debido». Es un eufemismo elegante para lo que huele a despilfarro o peor. Gámez Macías advirtió que no habría impunidad en esta «nueva era» para San Luis, prometiendo un «castigo ejemplar». Pero aquí es donde la trama se tuerce. Porque mientras desde el Congreso se habla de números duros y responsabilidades, desde el ayuntamiento de la capital, encabezado por el alcalde Enrique Galindo, la narrativa cambia. En lugar de abordar las fallas estructurales, Galindo optó por una jugada clásica: desacreditar la protesta. Acusó a las manifestaciones por la falta de agua de ser un «montaje», parte de una «campaña negra».

“Si el alcalde ve manifestaciones, no es por una ‘campaña negra’, es por el hartazgo ciudadano. Las protestas no se inventan; la falta de agua, los baches y la inseguridad son reales”, respondió Gámez Macías, según Oem.

La réplica del diputado es un golpe directo al discurso oficial. No es teoría de conspiración, es terminar la ducha con jabón en los ojos porque se cortó el suministro. Es cargar pipas, es ver socavones por fugas, es planear la semana alrededor de la tande. Gámez Macías lanzó el reto: si el alcalde tiene evidencias de complots, que las presente ante la ley. De lo contrario, que deje de perseguir fantasmas y se ponga a trabajar. El conflicto ya no es solo técnico o administrativo; es profundamente político. Se transformó en un pulso entre un legislador que usa su puesto en la Comisión de Vigilancia para exigir transparencia y un alcalde que, según el diputado, prefiere vender el patrimonio verde de la ciudad como «caja chica» para sus ambiciones. La pelea por el agua se convirtió en una pelea por el relato.

Un problema viejo con soluciones que nunca llegan

Lo más frustrante de esta historia es su aire de déjà vu. La iniciativa para extinguir al Interapas lleva rondando el Congreso desde la legislatura pasada. Las auditorías con hallazgos graves no son novedad. El organismo, junto con el ayuntamiento capitalino, siempre aparece entre los entes más señalados. Es un ciclo perverso: se documenta el fracaso, se anuncia una investigación o una sanción, el tiempo pasa y la situación se mantiene o empeora. Mientras, la ciudadanía paga las facturas, literal y metafóricamente. El diputado Gámez Macías insiste en que su labor es «cuidar el dinero de los potosinos», y por eso exige que se transparente el destino de los recursos extraordinarios. Pero en este juego de acusaciones cruzadas, el riesgo real es que el foco se desvíe de lo esencial: ¿Cuándo tendrá San Luis Potosí un servicio de agua digno y eficiente? La extinción del Interapas suena drástica, pero es la propuesta sobre la mesa ante un organismo que, según los datos, ha demostrado incapacidad crónica. La otra opción parece ser seguir parchando un sistema que pierde más de la mitad de su producto antes de llegar a los hogares. Al final, las manifestaciones no son un montaje; son el síntoma de un sistema que hace rato dejó de funcionar. Y ni los comunicados de prensa ni los ataques personales van a tapar esa realidad.


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