TL;DR
- 84% de adultos tiene algún grado de enfermedad venosa según estudio de 90 mil pacientes
- Después de los 65 años el riesgo se TRIPLICA, pero nadie lo toma en serio
- 77% de mujeres vs 57% de hombres la padecen – la brecha de género duele
- 2 de cada 10 con várices desarrollarán úlceras abiertas que no cicatrizan
- Todo mundo normaliza el dolor de piernas como «cansancio normal» del trabajo
La estadística que nadie quiere ver
Imagina que 8 de cada 10 personas en un cuarto tienen una enfermedad progresiva y la mayoría ni siquiera lo sabe. No, no es una película de terror – es la realidad de la enfermedad venosa crónica según un estudio internacional con más de 90 mil pacientes que La Jornada documenta. El 84% de los adultos evaluados presenta algún grado de esta condición. Ocho de cada diez. Piensa en tu familia, tus amigos, tus compañeros de trabajo. Las probabilidades dicen que la mayoría ya está en riesgo.
Después de los 65: la bomba de tiempo que nadie desactiva
Aquí está el dato que debería hacer sonar todas las alarmas: cuando cumplimos 65 años o más, el riesgo de enfermedad venosa crónica se TRIPLICA. Sí, leíste bien – se triplica. Laverdadnoticias reporta que la edad es uno de los principales factores de riesgo, pero lo más preocupante es cómo normalizamos los síntomas. Cansancio, dolor, pesadez en las piernas – todo el mundo lo atribuye al trabajo, al estrés, a «ya estoy viejo». Y mientras tanto, la enfermedad avanza silenciosamente.
La brecha de género que duele en las piernas
Las cifras no mienten: 77% de las mujeres vs 57% de los hombres padecen insuficiencia venosa crónica. La enfermera María Fernanda Morales, citada tanto por La Jornada como por Laverdadnoticias, detalla esta disparidad que tiene múltiples culpables: embarazo, cambios hormonales, tacones altos, ropa ajustada. Pero lo más absurdo es que seguimos tratando estos síntomas como «cosas de mujeres» en lugar de un problema de salud pública.
De «arañitas» a úlceras: el camino que nadie quiere recorrer
El 80% de los pacientes está en la primera etapa – esas telangiectasias o «arañitas» vasculares que todo el mundo ignora. «Son inofensivas», piensan. Error. Son la primera señal de alarma de un sistema venoso que empieza a fallar. Y aquí viene lo feo: dos de cada diez personas con várices desarrollarán una úlcera venosa abierta. Crónica advierte que estas heridas pueden tardar meses o incluso años en cicatrizar. Imagina vivir con una llaga abierta en la pierna durante años porque normalizaste el «cansancio».
El estigma que duele más que las várices
Aquí hay una ironía amarga: existe un tratamiento efectivo (medias de compresión) que mejora el retorno venoso, reduce síntomas y previene complicaciones… pero la gente no lo usa por vergüenza. Priscila Cantú, de Clinical Lead Health & Medical en México, le dice a Crónica que «muchas personas dudan en usar medias de compresión debido al estigma». Prefieren el dolor, las úlceras, la movilidad reducida… antes que «verse mal». ¿En serio?
Sedentarismo: el cómplice perfecto
Trabajar sentado o de pie por horas, falta de actividad física, obesidad – todos factores que Laverdadnoticias enumera como aceleradores del daño venoso. En una sociedad donde el home office se normalizó y las jornadas maratónicas son la regla, estamos creando las condiciones perfectas para que esta epidemia silenciosa se dispare. Y lo peor: cuando los síntomas aparecen, los atribuimos a «haber tenido un día pesado».
El impacto emocional que nadie mide
Las tres fuentes coinciden en algo crucial: esto no es solo físico. Alteraciones del sueño, frustración, vergüenza, aislamiento social – La Jornada documenta cómo el estigma asociado a los tratamientos visibles genera un desgaste que va más allá de lo corporal. Calambres nocturnos, hormigueo, pesadez que afectan el descanso y la productividad. Pero seguimos diciendo «es normal a mi edad».
La pregunta incómoda
Si el 84% de los adultos tiene esta condición, si después de los 65 el riesgo se triplica, si existe tratamiento pero la gente no lo usa por estigma… ¿dónde está la campaña de salud pública? ¿Dónde están los programas de detección temprana? ¿Por qué seguimos tratando el dolor de piernas como «cansancio normal» en lugar de lo que es: la punta del iceberg de una enfermedad que puede terminar en úlceras crónicas? Las medias de compresión, como señala Crónica, no deberían verse como signo de vulnerabilidad sino como decisión inteligente de autocuidado. Pero primero tenemos que dejar de normalizar el dolor.


